A quien no quiere caldo, tres tazas (dice el refrán); a los que no desean trova, nuevos proyectos; y para los que minimizan la guitarra ¡diez años de resistencia desde la calle Muralla en La Habana Vieja! Estas son, quizás, algunas de las ideas que confluyen en esta exposición en la que cuatro creadores han juntado talentos y voluntades en torno a un mismo tema.

El Proyecto Tres tazas que promueven el trovador Silvio Alejandro y la productora Claudia Expósito es un espacio recién nacido, pero como “antes de correr hay que caminar”, bienvenida la idea y, sobre todo, su concreción. En esta oportunidad Tres tazas ha querido, merecidamente, festejar los 10 años de A guitarra limpia del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y esa es la razón por la que la trova,

sus hacedores, la guitarra y todas las atmósferas que envuelven al género son los protagonistas de esta muestra que incluye cuarenta fotografías.

Alain Gutiérrez y Kaloián Santos son fotógrafos; Enrique Smith, diseñador y Ariel Díaz, trovador: cuatro maneras de enfocar un mismo tema (con todas sus variaciones, matices e intenciones posibles)

Alain hace ya un tiempo apostó por la intervención digital y luego de algunos años de intenso ejercicio “cámara en mano” está, creo, a las puertas de encontrar su propio lenguaje. A todo color y con uso expreso de las texturas, centra su propuesta en la relación (tal vez ocasional o coincidente) del mundo infantil con la trova; un guiño que hace de artista a artista, de generación en generación. Por ejemplo, aparece la hija de Diego Cano tiernamente abrazandolo, el de Gerardo Alfonso, en primer plano con las yagrumas de fondo, también el de Rochy Ameneiros y la de Ihosvany Bernal; y Malva, la de Silvio y Niurka… niñas y niños que, en algún momento, han acudido a los conciertos A guitarra limpia.

Kaloián se fue por la fuerza del blanco y negro y los primeros planos; detalles que justifican sonidos y que van marcando pautas de un instante en que la trova es la protagonista por excelencia. No obstante, quien conoce los “ojos de Pablo” sabe que esa foto es de insinuaciones más que de evidencias; cuerdas, manos, clavijas, brazos van conformando un universo en torno a la guitarra. Kaloián recién estrena un título universitario y, aunque joven, ya se ha aventurado ¡con muy buen tino! en el hermoso y complicado oficio de comunicar a partir de las imágenes.

Enrique Smith se concentró en los fotógrafos, es decir, “retrató a los que retratan” y de tal suerte vemos a Silvio y a Ariel en una doble condición de fotógrafos/trovadores. Ramsés, Ignacio, Kaloián y Alain, todos fotógrafos, haciendo lo suyo y dos amigas argentinas Verónica y Camila (apuntando a un mismo objetivo) sorprendidas por el lente de Enrique. Pero, quizás, donde más se le sale a Enrique su formación como diseñador es en la instantánea en la que Villa se difumina, se borra: más bien parece una promoción, un coqueteo a la marca SONY.

Ariel Díaz en esta exposición se ha convertido en un “atrapador” de atmósferas. Eso, creo, es lo que lo distingue. Una sola foto en blanco y negro con la que intenta borrar la frontera entre el antes y el ahora, entre la imagen impresa en una banderola y el acto mismo de la creación; instante real, tangible, concreto. Luego dos rostros (Leonardo y Mauricio), también trovadores, esfumados, casi, en un segundo plano y Esther empeñada en descifrar el pentagrama, mientras que Pedro Luis Ferrer se nos muestra con rostro cortado, pero inconfundible… un gladiolo en primer plano nos exhibe las Credenciales de Tony Ávila.

A cámara limpia es una exposición sin grandes pretensiones artísticas. Constituye, más bien, una tierna mirada múltiple a las distintas crestas que puede exhibir el proyecto A guitarra limpia, pero si existe algo que se acentúa en esta muestra es el homenaje que se le rinde a El Plátano, el fotógrafo de la nueva trova recientemente fallecido.


Alain ve a El Plátano entre luces y sombras y con su vieja Zenith como testigo de un tiempo ya ido; Enrique lo registra de modo secuencial y con su mirada de eterno y tierno niño perdido en la maraña de su propia fantasía; Ariel los asume apostando al futuro, a la continuidad y la evolución mientras que Kaloián cierra.