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Para el poeta chileno Pablo Neruda, la
lengua que hablamos fue la mayor herencia que nos legó España. A
lo que habría que agregar el mejor instrumento musical de
cuerdas: la guitarra. En efecto, la guitarra se hizo tan al
portal y la ventana de nuestras casas, como la letra de los
trovadores a la palma y el amor a la mujer. Toda nuestra trova,
la tradicional, la nueva, la de siempre, se ha hecho a partir de
estas seis cuerdas.
Es por ello que el Centro Pablo de la Torriente Brau, al celebrar el décimo aniversario de la creación
del espacio A guitarra limpia, ha querido rendirle homenaje con
otra emblemática manifestación de nuestra cultura: el cartel.
A tal efecto, convocó a diseñadores
gráficos, pintores, artistas digitales y otros creadores al
concurso de carteles 10 años A guitarra limpia. La respuesta:
sesenta carteles y una muy particular exposición, en la que
sobresale un grupo de jóvenes cartelistas, que han dado fe ―una
vez más― de la variedad y calidad de nuestra producción gráfica,
así como de su capacidad para interpretar las cualidades de este
instrumento musical a partir de metaforizar o apropiarse con
creatividad de referentes y símbolos representativos de nuestra
identidad.
La presente exposición, sin dudas, es otra
evidencia de la importancia que le concede el Centro Pablo a la
difusión de la obra de creadoras y creadores de todas las
generaciones y tendencias de la nueva trova cubana, convencidos
sus promotores de que también a través de la imagen visual puede
hacerse firme un ideal de pueblo, tal y como en la música lo ha
hecho, por ejemplo, Silvio Rodríguez, pues «siempre que se cante
con el corazón / habrá un sentido atento para la emoción de ver
/ que la guitarra es la guitarra sin envejecer».
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