CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

66. Cuarto de siglo

Gerardo Alfonso

Abril de 2005

Palabras

Gerardo Alfonso | Cuarto de siglo
Sábado 23 de abril de 2005
Obra plástica: Maykel Herrera

A guitarra limpia se felicita, crece y se alegra con la nueva llegada de Gerardo Alfonso a este patio de La Habana Vieja. Nunca olvidaremos que él estuvo entre los primeros trovadores que confiaron en aquellos sueños iniciales que después ellos mismos –y la solidaridad y el amor y el trabajo– hicieron posibles en estos seis años y medio de conciertos, grabaciones, discos, imágenes, publicaciones, para celebrar, debatir y disfrutar esa manifestación cambiante, audaz y continuadora de la cultura cubana que es la Nueva Trova.
Aquí se le recibe como el hermanito que es, como el artista imaginativo y maduro que está siendo, para felicidad de todos. Por si alguien lo dudaba, Gerardo ha organizado a lo largo del 2005 un verdadero festival de su trabajo para recordarnos que su obra creadora tiene veinticinco años de edad y que está en un momento de plenitud y de ascenso. El Centro Pablo le agradece mucho que haya incluido este modesto pero mágico patio de A guitarra limpia entre los escenarios donde tendremos oportunidad de recorrer su obra, dentro de la diversidad de propuestas que nos tiene reservadas y que dicen mucho de las inquietudes, las claves y los planes de este trovador incansable y soñador.
De sueños, de compromiso y de trabajo se ha hecho, se está haciendo, la obra de Gerardo Alfonso. Aquí, por supuesto, preferimos y admiramos su generosidad y su transparencia, su apuesta a favor de la sinceridad y la autenticidad –que incluye la participación y la crítica– antes que las posturas de los cazadores de oportunidades a cualquier precio o el aburrido desempeño de los propugnadores de estrecheces (de visión y de corazón) ante las floraciones incontenibles de la cultura. En sus canciones, en sus entrevistas, en su labor cotidiana nos revela el perfil de un creador diverso y generoso, capaz de preguntar y preguntarse (como no siempre sucede) y de trabajar en la búsqueda de posibles respuestas: para él y para los demás (como tampoco sucede con frecuencia).
Admirando y compartiendo esa ética –tan necesaria en los tiempos que vivimos, en el planeta y en la Isla– le damos la bienvenida a Gerardo en su primer cuarto de siglo creativo, para compartir este concierto dedicado a otro aniversario que también pertenece a nuestra cultura: los 40 años del Centro de Información de Ciencias Médicas, gente fraterna y querida que desde su eficiente red de telecomunicaciones, Infomed, ha acompañado y apoyado los sueños de este Centro desde nuestra fundación.
Como vemos, son los sueños todavía. Y siempre.

Víctor Casaus

Currículum

Currículum

LETRAS

El viejo que yo quisiera ser

La prisa va tras de mí
pinchándome los talones con su minutero,
el tiempo es un escultor
tratando con las arrugas que surcan mi cuero.
Y eso no significa que me tenga que matar,
y eso no significa que me esté quedando atrás,
y eso no significa que me van a callar.
El ron añejo es mejor,
más sabe el diablo por viejo
que por pendenciero,
las modas van como un tren
mezclando estilos antiguos con nuevos modelos.
Y eso no significa que me tenga que matar,
y eso no significa que me esté quedando atrás,
y eso no significa que me van a callar,
pero si yo pudiera escoger
el viejo que yo quisiera ser,
preferiría al viejo Compay
con sus viajes del Alto Cedro
a Marcané,
pero si yo pudiera escoger,
preferiría al viejo Compay
después de tantos tumbos que dio
la vida lo premió como un rey.
En el borde del destino
hay varias sillas,
si te sientas se te astillan las quimeras del camino,
si no abres las pupilas te devasta el maremoto
con sus muchos, con sus pocos,
con sus sanos, con sus rotos.

Aunque aparezcan bastones
y los dolores de huesos sean a diario,
me moje los pantalones
o me salga una joroba como un dromedario,
eso no significa que me tenga que matar,
eso no significa que me esté quedando atrás,
eso no significa que me van a callar,
pero si yo pudiera escoger
el viejo que yo quisiera ser,
preferiría al viejo Compay
con sus viajes del Alto Cedro
a Marcané,
pero si yo pudiera escoger,
preferiría al viejo Compay,
después de tantos tumbos que dio
la vida lo premió como a un rey.

Gerardo Alfonso

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