CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

70. A fuego abierto

Dúo Lien y Rey

Noviembre de 2005

Palabras

Dúo Lien y Rey | A fuego abierto
Viernes 4 de noviembre de 2005 | Invitados: Mirza Sierra, Dariel Díaz, Yoetna Guerra, Héctor Pepo Herrera, William Roblejo y la Compañía Danza Corpus
Obra plástica: Robin Martínez

Confesiones sobre Lien y Rey

No sé por qué me eligieron estos dos virtuosos; no sé por qué estos dos sabios han apelado a mi afición por dejar apuntados en papeles sueltos –tal como hoy día suele hacerse en paredes o como antaño pudo quedar grabado para siempre en el tronco de un árbol– los pelos y señales de cada asombro que la vida me ha regalado. Nunca he sido capaz de emitirles un juicio, ni siquiera una apreciación mínima, acerca de su arte. Será que han notado que cuando ellos se sientan a regalarnos ese prodigio, me vuelvo avara con el silencio, me vuelvo feroz ante cualquier disturbio de una palabra o un simple movimiento de otro espectador que pueda desestabilizar la atmósfera que semejante entrega en vivo reclama como única retribución a las horas infinitas dedicadas por ellos a luchar con sus dedos, con sus mentes y sus corazones para, en música y palabras, tratar de dejarnos descifrado un misterio o acaso, simplemente, levantarlo bien alto de manera que todos lo veamos, descarnado y vivo, como reclamando que salgamos, cada cual, de su pequeño o grande letargo y recordemos aquello que Lorca dejó anotado de su puño y letra en uno de sus dibujos: «solo el misterio nos hace vivir, solo el misterio».
Como bien subraya el joven crítico Joaquín Borges-Triana, ellos escogieron a Matanzas para generar desde allí, para configurar y confrontar allí un arte que añade matices al espectro sonoro de la historia musical que ha estado naciendo y viviendo en esa zona tocada por alguna gracia especial. Hay algo en ese punto de nuestra geografía física, de nuestro mapa espiritual, que defiende cualquier invención para que no se malogre. Por difícil que sea encauzar cualquier manifestación artística nacida allí, siempre hay una ladera, un parque, un patio sano o descascarado, un portal desde donde ponerse a llamar la atención con la propia criatura en brazos y, por lo menos, diez matanceros dispuestos a aminorar el paso o, para regocijo del artista, detenerse del todo.
No se trata, en el caso de Lien y Rey, de dos solitarios, sino de dos seres gregarios, necesitados siempre de convocar a sus iguales y convertir esos encuentros que se producen en sus presentaciones habituales en verdaderos actos de fe en el arte propio, donde pudiera siempre escribirse por algún lado en la pared, en el piso o sobre la palma de la mano, donde pudiera siempre salir cada cual diciendo para sus adentros o en voz alta para el que está al lado: «qué bueno que no estamos solos».
Yo, que he encontrado la emoción de mil maneras entre el San Juan y el Yumurí, no he visto en la ciudad de los puentes mucho de lo que ellos ven, no he visto las cosas a su manera y creo que por eso mismo, desde que encontrándome una vez en el patio de las hormigas arremetieron con su millón de sonidos, con su millón de imágenes por segundo sin dejar tregua al silencio en la noche de su ciudad, me puse contenta y dije: «qué bueno que estamos vivos». No lo dije en voz alta, como no les he dicho personalmente nada de lo que aquí confieso como habanera, ahora que se les invita a sonar en mi ciudad.
No sé por qué me eligieron Lien y Rey para introducir con unas palabras lo que van a ofrecer, a fuego abierto, esta tarde en el patio del Centro Pablo –que es como se le llama comúnmente a este sitio–, el mejor lugar donde un par de sabios, un par de virtuosos como ellos, pueden echarse a volar con confianza. Sencillamente, al aceptar, deposito un poco de mi escaso tiempo y toda mi fe sobre esta hoja de papel.

Marta Valdés

Currículum

Currículum

LETRAS

A FUEGO ABIERTO

Bagdad resiste a fuego abierto,
aquí se insiste por el mar,
el futuro es un mal presentimiento.

Hay que mirar por donde se camina,
un paso en falso puede ser mortal,
la dirección contraria es un mal punto de partida.

Ya estuve en mi nacimiento,
hoy me convido a mi funeral,
Todos me lloran
los miro desde mi caja sonriendo.

Ya regreso del abismo,
me procuro claridad.
Soy ese árbol carnal, generoso y cautivo.

Quizás sea este tiempo, otro regreso,
otras fiebres, acribillándome por ti,
quizás sea este tiempo, quizás sea este tiempo
la filosofía del invento.

Quizás sea aquel fantasma de muerte interminable
que ya no vaga en las noches por mí,
quizás solo es vestigio,
quizás solo es vestigio, pasado interminable.

Quizás sea esta hora, un tiempo irremediable,
quizás sea esta guerra el fin del fin,
quizás esta sequía del alma,
quizás esta sequía del alma, del alma murmurante.

Quizás sea que estallo en medio de la nada,
quizás sean mis pasos que siempre acaban en ti,
quizás sea esta rabia,
quizás sea esta rabia, mi oficio, mi cruz, mi carne cotidiana
y tú, mi amor.
Matanzas resiste a fuego abierto,
los buitres eternos rondan la ciudad,
el futuro es un mal presentimiento.

Aquí la vida se detiene, crece la locura,
no hay combate donde alzar mi canción.
Aquí no hay adversarios, de mi pequeña estatura.

Por mi pecho anda un cisne,
mira con cariño una navaja y mi corazón,
sonríe y me sentencia, al ojo de su crimen.

Por mi lecho anda tu misterio,
anda la muchacha que de sus noches fui.
Por mi lecho anda la muerte de besable esqueleto.

Quizás es que no crea en otras visiones,
en los que buscan esa rara libertad,
quizás la diferencia no está en el paisaje,
sino en los contempladores

Quizás es que le temo a la idea de salvarse,
a esta suerte homicida si no estás tú,
quizás es que me pierdo,
quizás es que me pierdo en el cadáver de mi hijo y de su madre.

Quizás es que no entiendan lo que yo canto,
si me entendieran algo moriría en mí,
quizás es que mi tiempo,
quizás es que mi tiempo todavía no ha llegado.

Quizás no me perdonen que no sea nada,
que no me subaste en las sombras sin porvenir,
quizás no me perdonen,
quizás no me perdonen que no entienda nada,
que no sea nada, que no sea nada.
Y tú, mi amor,
quizás no me perdones que no entienda nada, que no sea nada,
quizás no me perdones que no entienda nada, que no sea nada,
que no sea nada,
que no sea nada.

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