CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

85. De paso por el Sol

Leonardo García

Marzo de 2007

Palabras

Leonardo García | De paso por el sol
Sábado 31 de marzo de 2007 | Invitados: Trío de cuerdas Alter ego, Yaíma Orozco, Alain Garrido, Ariel Marrero, Niurvis Moreno, Inti Santana, Samuell Águila
Obra plástica: Agustín Bejarano

Con el alma de abrigo o un soñador de pelo corto

En una década cronológicamente más lejana de lo que sentimentalmente nos puede parecer, Joan Manuel Serrat deslizó en un tema inolvidable aquella irónica pregunta: «A un soñador de pelo largo, ¿qué le va usted a hacer?» Todavía entonces resultaba transgresora la melena masculina.
Claro que la ruptura –Paz mediante– deviene tradición y termina instaurando nuevos estereotipos. Por eso hoy nos parece trasgresor ese aire tradicional con que proyecta su arte de excelencias una figura como Leonardo García. Leonardo es todo lo contrario de un «soñador con pelo largo»: serio, puntual, formal al extremo, sobrio en su vestimenta, fiel a su mujer, a su poética y a su palabra, poco amigo de licores y más casero que bohemio, lo que tal vez explique el sólido orden de su universo creativo y su coherencia al convertirse en otro tipo de bicho raro: un trovador profesional.
De paso por el sol, regresa al Centro Pablo con dieciocho piezas que resumen un trabajo de lustros.
Sus más cercanos colegas en él admiran al intérprete que se detiene celoso en matices y detalles; que sabe usar con mesura el falsete para explotar mejor su bien timbrada voz de color muy atractivo, que tiende a lo académico en su ejecución guitarrística. Y en él admiran al compositor cuyos diseños melódicos se apoyan en fraseos prolongados, que muestra preferencia por los ritmos ternarios y que dota sus melodías de un tratamiento armónico eficaz y transparente.
En Leonardo no nos resulta exagerado, como en otros, el cómodo cliché de llamar al trovador «poeta con guitarra». De verdad esos textos traducen a un lenguaje de alto vuelo el ademán sentencioso tan propio de la oralidad cubana: «Hay que morir un poco cada día para escribir el cuento, para intentar la vida…» o «La felicidad tocará a tu puerta, y tú tienes que aprender a reconocerla». Este discurso poético –donde no cabe lo soez ni lo estridente– más bien parece brotar de un consejero o viejo sabio obsesionado por el tiempo: «Tanta pobre gente que no ve que el futuro apremia…»; pero a la vez mantiene una frescura juvenil al retratar la ternura amorosa: «Y es que no hay encanto mayor que escuchar los pies de tu co-razón cuando se acerca al mío…» Se trata de un amor que puede cobrar insólitas dimensiones eróticas y proyectarse sobre el paisaje urbano de «una calle lenta que abre sus piernas». Amor que puede agigantar a los protagonistas de los textos: «Bajaré del Sol por última vez a encender lo muerto. […] En la madrugá agárrate de la luna». Amor que a veces deriva en humor: «Llegarás al cuartel con tu sonrisa, y se irán rindiendo los soldados».
El poeta Leonardo García conoce el poder fecundador o destructor de la palabra: «¿Y qué palabra van a usar si nos vienen a matar?» Por eso no concibe la posibilidad de rebajar sus versos a una función suplementaria de la música. Es tal la fuerza estremecedora de su verbo que, aunque a menudo abuse de la primera persona, se nos torna imposible dejar de reconocernos en esas canciones, al cabo de las cuales nos parece haber mirado por dentro el amor, los dolores, la ternura y la nostalgia.
Si Leonardo García acomoda su voz a la carga emotiva de cada letra y pone en ello un toque de histrionismo; y puede incluso –con su pequeña gran voz– imitar las inflexiones vocales de un niño; si Leonardo García se afinca en su formación académica para entregarnos una limpia ejecución en la guitarra; si Leonardo García se atreve a juntar versos suyos con otros de Martí de donde obtiene un tema orgánico e irreprochable como Treinta y siete versos para una mujer; si Leonardo García expresa de modo involuntario ese «todo mezclado» que nos define como nación; si Leonardo García asimila con libertad la herencia rítmica del son, el bolero, el vals, el guaguancó, la balada, la guajira, el bossa nova… aunque casi ninguna de sus composiciones se ajusta del todo a un género particular; si Leonardo García ha juntado a las suyas las preguntas de su generación, solo nos queda escucharlo, entrar en comunión con ese mundo esplendoroso de su creación y murmurar como cómplices: «A un soñador de pelo corto, ¿qué le va usted a hacer?»

Yamil Díaz Gómez

Currículum

Currículum

LETRAS

DE PASO POR EL SOL

De paso por el sol, tantos y tantas veces
Perdidos en el norte de cada señal
Jugando a la bebida que aparece
Nacidos del placer: hablamos casi siempre de nacer
Ay, ay, ay, ay
Me duele el cuello de tanto mirar atrás
Hoy, hoy, hoy, hoy
Voy a poner las frutas en la mesa
Y en el televisor una grata sorpresa
Anuncian que habrá un miércoles mayor

La perseverancia del sillón
En su movimiento de madera
Llenará el apartamento con canciones serenas
Una mano alcanza la razón
Y otra menos alta la imaginará, la imaginará

Los cisnes de metal que brillan en la sala
Se saben el cantar de mi generación
Los comentarios arden y el calor cubre la madrugada
Con todo y el ventilador
A un poco de llegar se nubla la mirada
Y aunque siempre nos queda la respiración
Cambiamos el florero de lugar
Las coordenadas del amor
Y el sembrado más viejo

Las altas libertades
Que perdí en la vida
Desterradas por hambre y dolor
Son tantas y tan vivas
Como mis verdades

Los cisnes de metal que brillan en la sala
Se saben el cantar de mi generación
Los comentarios arden y el calor cubre la madrugada
Con todo y el ventilador
A un poco de llegar se nubla la mirada
Y aunque siempre nos queda la respiración
Cambiamos el florero de lugar
Las coordenadas del amor
Y el sembrado más nuevo

Leonardo García

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