CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

88. De vuelta a la guitarra

Erick Méndez

Octubre de 2007

Palabras

Eric Méndez | De vuelta a la guitarra
Sábado 27 de octubre de 2007 | Invitados: Lilli H. Balance, Ariel Díaz, Glenda López y Yandi Fragela
Obra plástica: Digna de Ávila

Descubrir a Eric Méndez entre la algarabía de esta ciudad fue una verdadera suerte. Sentarme a escuchar entre descarga y descarga sus canciones de extraña peculiaridad me hizo ir desentrañando una madeja de ideas de indiscutible valor espiritual.
Eric es un trovador que lleva a cuestas su vida con auténtica sinceridad, despojado de esas posturas pseudo-intelectuales y elitistas que suelen acompañar a algunos como un sello que, al final, ha sido rechazado masivamente por el público del que luego nos quejamos diciendo que no escucha la Trova.
Con una influencia formidable del funky más acústico, el jazz, el gospel y el rythm n’ blues, este compositor nos trae una negritud diferente al mestizaje nacional, más cercano a lo afrocubano y al solar.
Eric no teme emprender el reto de lo universal; para eso cuenta con una guitarra tocada como pocos, certera, rítmica y una voz que empastaría hasta con el rechinar de una puerta.
No se necesita demasiada atención para reparar en la profunda carga de religiosidad de sus textos, su relación singular con un dios terrenal y cotidiano, tema que no siempre ha sido llevado a la canción de manera tan diáfana y poética al mismo tiempo. De la mano de esta fe humanista nos devuelve un entorno preocupante, complejo pero esperanzador. Este enfoque le ha traído no pocas críticas y cierto rechazo super-ficial. La pregunta que hago es: ¿por qué cantar desde esta óptica cristiana resulta banal para algunos, sin embargo, cuando ponemos algún canto afrocubano en una canción es aceptado inmediatamente? Desde una visión esnobista esto último tiene más swing. En todo caso, su postura es auténtica y universal.
No recuerdo trovador de imagen más sencilla, mezcla de juglar y transeúnte común. Actitud chaplinesca y una solidaridad que lo ha llevado a invitar siempre a algún perfecto desconocido a sus presentaciones: instrumentistas, trovadores, poetas y pintores, en una suerte de corte de los milagros que le agradecemos. Una especie de grito de «¡Miren, hay otros también!»
Con un impresionante rastro de más de veinte conciertos (no recuerdo haber hecho ni la mitad de eso), la mayoría de las veces acompañado de músicos que le han dado a su obra no poca fuerza y complejidad, se nos presenta esta tarde más cercano, en armonía con la guitarra y el patio que lo reclama hace no sé qué tiempo ya, hecho que denota la importancia que para él tiene estar aquí.
Hoy compartiré con él sus canciones, un reto bastante grande para mi cuestionable destreza guitarrística. Acepté porque el mundo de Eric Méndez es una alternativa al mío, una ventana nueva donde asomarme a encontrar otros caminos que necesito. Si usted anda a oscuras o levemente en las sombras, hoy descubrirá el milagro de la luz emanada de la tierra. Luz que, sin máscaras, por él ha sido sembrada.

Ariel Díaz

Currículum

Currículum

LETRAS

JESÚS ME DIJO

–Yo estoy tocando…
me dijo él.
–Yo estoy tocando a la puerta de tu corazón día y noche.
Si tú me abres, yo entraré,
te sentaré a mi mesa y contigo compartiré.

Él dejó en mí este ritmo tan descabezado,
que con las fuerzas de mi alma yo le alabo
y a ti te canto, te canto con mi fe,
te canto, te canto con mi fe,
te canto, te canto con mi fe.

–Yo voy al padre,
me dijo él.
–Porque del padre he venido y al padre regresaré.
Soy el camino, ven, sígueme.
Y la verdad, nadie llega al padre si no es por él.

Él dejó en mí este ritmo tan descabezado
que con las fuerzas de mi alma yo le alabo,
y a ti te canto, te canto con mi fe,
te canto, te canto con mi fe,
te canto, te canto con mi fe.

Se está acercando su tiempo y su bien, y lo veremos todos,
a cada lado sus ángeles y en las alturas su trono.
Y cara a cara le alabaremos, multitudes en gran coro.
Eso me dijo y desde que lo sé te canto mi fe,
te canto, te canto con mi fe.

–Yo vengo pronto,
me dijo él.
Mas dejó en mí su espíritu moviéndose con poder.
Alzo mis manos en su nombre.
Y con mi vida por todo tiempo le alabaré,
le alabaré, le alabaré.

Eric Méndez

Audio

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