CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

91. Del Verso a la Canción Martí y Vallejo

ÁNGEL QUINTERO

Enero de 2008

Palabras

ÁNGEL QUINTERO | DEL VERSO A LA CANCIÓN: MARTÍ Y VALLEJO
Dedicado al noveno aniversario de la emisora Habana Radio
Sábado 26 de enero de 2008

Dos poetas colosales
Corrían los años finales de los setenta. Yo cursaba estudios
en la enseñanza media superior y escribía por aquella época
mis primeras canciones. Un día cayó en mis manos un libro
de César Vallejo y descubrí el desgarramiento humano dicho
de la manera más hermosa que un trovador adolescente podía
imaginar.
Con José Martí ocurrió algo diferente. La vida misma me llevó
hasta él. Su pensamiento ha sido crisol para muchas generaciones
de cubanos. Su obra poética, un manantial inagotable
donde día a día –y si lo queremos–, podríamos aplacar la sed de
nuestros tiempos, hallar sabiduría, humor y exquisita cubanía
en la transparencia de la palabra y el verso.
No es de extrañar entonces que intentara cantarlos un día. Si
hoy ha sido posible se lo debemos al Centro Pablo, que en el año
2006 convocó el concurso Del verso a la canción. Tuve la suerte
de ser uno de los ganadores, lo que me da la posibilidad de
estar hoy junto a ustedes, compartiendo estos poemas musicalizados.
Para el Centro Pablo mi agradecimiento. Para ustedes
la poesía y para mí… la satisfacción del canto.

Currículum

Currículum

LETRAS

LOS HERALDOS NEGROS
Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!
Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
CÉSAR VALLEJO

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