CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

98. Silvio y nosotros

Por el décimo aniversario del espacio A guitarra limpia

Noviembre de 2008

Palabras

SILVIO RODRÍGUEZ | SILVIO Y NOSOTROS
Por el décimo aniversario del espacio A guitarra limpia
Sábado 22 de noviembre de 2008 | Invitados especiales: Jorge Perugorría (actor), Niurka González (flauta y clarinete) y Oliver Valdés (percusión)
Exposición fotográfica: Imágenes de una expedición | Concurso de
fotografía: Alrededor de la nueva trova (Homenaje al Plátano) | Entregadel Premio Pablo

Imágenes de Silvio y nosotros
De uno en fondo pasábamos por la misma canción: ahora sucederá
lo mismo en este patio y la memoria encontrará su sitio en la palabra, en la música y en las imágenes. Todo ello para
celebrar el paso de decenas de trovadores y trovadoras bajo estas
yagrumas en los sábados candentes o lluviosos de estos diez
últimos años, mientras construían, sin saberlo –sabiéndolo que
es mucho mejor–, este espacio de todas y de todos donde la guitarra limpia nace, vive y renace todos los días del mundo.
Aquí está el trovador con nosotros, los poetas y los trovadictos
y los silviófilos, para recordar juntos que no hay fronteras para
la poesía ni para la amistad, y que la canción puede unirlas
siempre y encontrar, como hoy, las afinidades de sus palabras
cantadas o dichas.
Desde su título, que es juego de la imaginación y de la memoria,
podríamos comenzar por recordar juntos un momento similar,
treinta años atrás. Y por ahí llegarían, llegan, llegarán aquellas imágenes del primer recital público del trovador, en la
salita de Bellas Artes, titulado Teresita y nosotros por sus organizadores, los (entonces) jóvenes poetas de El Caimán Barbudo, muchos de los cuales compartirán sus textos hoy con
nosotros –en la voz de un amigo/de un gran actor– en este
revival emocionado que (re)confirma las verdades salvadas, la
diversidad que nos hizo y los valores de aquellos años provocadores en los que crecimos en más de un sentido, como nos
anunciaba el trovador a la altura del año setenta en la canción
dedicada a su soñadora, contradictoria y entrañable generación.
La voz del trovador que escucharemos ahora entretejiendo
canciones con los poemas de estos otros hermanos de oficio,
ha estado aquí durante estos años también para recordarnos
que, como en «los tiempos del Coppelia recién inaugurado»,
en sus «tertulias con poetas que, además, me convidaban a
cantar entre ellos», siguen teniendo vigencia ciertas verdades
construidas entonces a varias manos «posiblemente una
noche ebria de chocolate bizcochado». Una de aquellas verdades
arriesgaba que «el mejor (el más revolucionario) no es el
que más se calla sino el que más participa». La obra de Silvio
ha defendido con su palabra y con su música esa verdad compartida, que ahora muestra sus raíces y sus ramas en esta
fiesta de A guitarra limpia.
A las celebraciones por los diez primeros años de este espacio
donde han tenido y tendrán cabida siempre todas las generaciones
y tendencias de la nueva trova, se ha sumado la imagen –maravilla y a veces razón de nuestra época– para (re)construir desde la imaginación el misterio de la guitarra y la pasión de las manos que la acarician. Ahí están las exposiciones fotográficas y de diseño gráfico que contribuyen a revitalizar desde los territorios queridos de la canción el imaginario
visual que nos rodea.
Y aquí mismo están ahora, alrededor de este concierto que
ya comienza, las Imágenes de una expedición.
Se trata de un testimonio traspasado por la poesía, obtenido
con la ayuda de otro lenguaje artístico –el de la fotografía–
a través de la misma sensibilidad humana que hizo posibles
la épica de «Fusil contra fusil» y la ética de «Playa Girón», en
la que aquel trovador de 23 años se preguntaba, en medio del
océano (de la vida): Compañeros de Historia,
tomando en cuenta lo implacable que debe ser la verdad,
quisiera preguntar –me urge tanto– qué debiera decir, qué fronteras debo respetar. Si alguien roba comida y después da la vida, ¿qué hacer? ¿Hasta dónde debemos practicar las verdades? ¿Hasta dónde sabemos?
Sabemos, por lo pronto, ante estas fotos tomadas por Silvio
en los establecimientos penitenciarios en los que trabajó junto
al grupo de artistas que había convocado, que la cultura
puede ser fuente de energías, riachuelo de asombros y ternuras
en el camino hacia aquel mejoramiento humano del que
nos hablara el hombrecito mayor, entre sueños, incertidumbres,
desesperanzas y nuevos sueños que pueden hacernos, a
veces, un tilín mejores.
Eso me parece ver en muchas de las imágenes de esta expedición:
en los rostros y detalles y miradas y músicas que desatan
(y disfrutan) fuerzas liberadoras que estas fotos ahora nos comunican: un acto de (re)creación de la vida humana, sus experiencias (incluso las terribles) a través de ese instante en que
una voz –que canta «El necio» en tiempo de guaguancó– es dueña
del espacio y su destino, incluso en un ámbito tan especial
como son las prisiones, y se integra al nosotros abarcador y
humano de nuestro título.
A esas liberaciones también han ayudado, sin dudas, las
canciones de Silvio. Y también ahora sus fotos al servicio de
los protagonistas que las pueblan, a quienes aquella expedición
llevó alientos, afectos y confianzas.
No puede haber mejor regalo para las trovadoras y los trovadores
de A guitarra limpia y la gente del Centro Pablo en
este décimo año que esta tarde de poesía, música e imágenes
que nos trae Silvio, hoy otra vez entre nosotros, como cuando
de uno en fondo pasábamos por la misma canción.
VÍCTOR CASAUS

Currículum

Currículum

LETRAS

HALT!
La artillería israelí sigue cañoneando
campamentos de refugiados palestinos
en el sur del Líbano
(de la prensa)
Recorro el camino que recorrieron 4 000 000 de espectros.
Bajo mis botas, en la mustia, helada tarde de otoño
cruje dolorosamente la grava.
Es Auschwitz, la fábrica de horror
que la locura humana erigió
a la gloria de la muerte.
Es Auschwitz, estigma en el rostro sufrido de nuestra época.
Y ante los edificios desiertos,
ante las cercas electrificadas,
ante los galpones que guardan toneladas de cabellera humana,
ante la herrumbrosa puerta del horno donde fueron incinerados
padres de otros hijos,
amigos de amigos desconocidos,
esposas, hermanos,
niños que, en el último instante,
envejecieron millones de años,
pienso en ustedes, judíos de Jerusalén y Jericó,
pienso en ustedes, hombres de la tierra de Sión,
que estupefactos desnudos, ateridos
cantaron la hatikvah en las cámaras de gas;
pienso en ustedes y en vuestro largo y doloroso camino
desde las colinas de Judea
hasta los campos de concentración del III Reich.
Pienso en ustedes
y no acierto a comprender
cómo
olvidaron tan pronto
el vaho del infierno.
LUIS ROGELIO NOGUERAS (La Habana, 1945-1985)
Auschwitz-Cracovia, octubre 21 de 1979

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