CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

9no Aniversario, para Frida y Diego

ARIEL BARREIROS, ARIEL DÍAZ, HEIDI IGUALADA, LILLIANA H. BALANCE, MARTA CAMPOS, MAURICIO FIGUEIRAL, NELSON VALDÉS, OSCAR EDUARDO SÁNCHEZ, PEDRO BERITÁN, TONY ÁVILA

Noviembre de 2007

Palabras

¿Cómo conmemorar, con toda la fuerza debida, el centenario de Frida Kahlo y los cincuenta años de la muerte de Diego Ri-vera? Esa era la pregunta que venía revoloteando en nuestras cabezas cuando llegamos a aquella primera reunión en la Casa de México, arropados por los muros sobrecogedores de La Habana Vieja. Lo heterogéneo del pequeño grupo de amigos –que incluía desde un coreógrafo hasta un filósofo, pasando por artistas visuales, críticas de arte, curadoras y un histo-riador; todos ellos fridomaníacos, sobra decir– presagiaba que lo que no podía faltar ahí eran ideas. Lo que no imaginábamos en ese momento era hasta qué punto nos iba a desbordar, en los días subsecuentes, el alud de manos amigas, procedentes de todos los campos artísticos, de todos los ámbitos sociales, de las más diversas provincias de Cuba, que deseaban sumarse, en cuerpo y alma, a cualquier manifestación de cariño y aprecio por esos dos gigantes del arte de nuestra América. El hechizo de Frida volvía a estar en el aire.

Fue en esa efervescencia de entusiasmo y de propuestas que tomó cuerpo la idea de convocar al certamen Una canción para Frida y Diego, bajo los auspicios del Centro Pablo de la Torriente Brau y la Embajada de México. Ninguna otra institución podía haber resultado más idónea que el Centro Pablo, que conme-moraría así el noveno año del espacio A guitarra limpia, de-venido auténtico crisol donde se decanta y renueva, con vigor extraordinario, lo mejor de la tradición y vanguardia de la trova cubana. A ello se sumó un regalo invaluable: Silvio Rodríguez presidiría el jurado del concurso, acompañado por Víctor Casaus y Germán Piniella.

El reto para los trovadores cubanos era, así, doblemente formidable: por una parte, sintetizar en una canción dos fuerzas de la naturaleza, Frida y Diego, trasmutando sus colores y sus luchas en notas y versos, interpretando sus pinceles y sueños a través de la voz y las cuerdas de una guitarra. Por la otra, cap-turar en sus composiciones no solo la intensísima vida interior de ambos artistas, sino también la atmósfera de un México tan entrañable como, en muchos casos, físicamente desconocido, pues la mayoría de los concursantes no habrían estado en suelo mexicano.

¿Qué soluciones hallaron las trovadoras y los trovadores a estos desafíos? Este concierto es la respuesta. La enorme carga poética, la frescura, sensibilidad, creatividad y solvencia téc-nica de las composiciones e interpretaciones evidencian la inagotable riqueza y vitalidad de la tradición trovadoresca cubana. El secreto de todo ello quizá nos lo revele un poco aquel verso inefable del propio Silvio: «Solo el amor engendra la maravilla…»

 

Eduardo Menache Varela

Agregado Cultural de la Embajada de México en Cuba

(La Habana, noviembre 24 de 2007)

LETRAS

Retrato con pelo corto

 

Crece la hierba en el patio, callada,

por las hendijas viene a ver la comunión.

Tiembla y se alarga la sombra soñada

y al tiempo los colores callan su razón.

 

Se abre por fin la casa en el cielo

a unos pocos besos de aquel callejón.

Parte la alondra plateada en su vuelo

marcando el mismo centro de su corazón.

  

Frida no tuvo un hijo en sus quehaceres.

Frida no quiere cometas sin estrellas.

Frida no sueña en el lienzo sus placeres

se pinta como es ella,

se pinta como es ella.

 

De a poco un tanto sus alas se hielan

y desde el silencio de la mesa herida,

gotea el mezcal de la misma manera

en que se va la vida,

en que se va la vida

 

Mira que si te quise fue por tu pelo:

aunque de tu pincel se agrandara Diego.

Quiero dormir a tu lado la muerte.

Ni siquiera esa suerte me queda tan lejos.

 

Tanto no andar le ha cansado sus alas

y entre sorbos canta la misma canción

donde volar no sirve de nada

si has nacido marcada por la maldición.

 

Frida no tuvo un hijo en sus quehaceres.

Frida no quiere cometas sin estrellas.

Frida no sueña en el lienzo sus placeres

se pinta como es ella,

se pinta como es ella.

Lilliana Héctor / Ariel Díaz

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