CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

A Guitarra Limpia

Ihosvany Bernal

Mayo de 2011

Palabras

El hacedor de una ciudad de sones tranquilos

Hace mucho tiempo que nos debemos un disco de Ihosvany Bernal, un rincón al cual acudir –más allá del eco que nos que- da tras verlo guitarra en mano–, para reescuchar buena parte de este tiempo que vivimos desde el prisma de su poética. Tal vez la sencillez con que aborda su vida y su obra, ese no pedir nada que lo caracteriza, ha impedido hasta ahora que tenga registradas dignamente sus canciones. Tal vez no encajan demasiado las hondas verdades serenas, entre tanto ruido me- dio-ambiental sonoro, tanto aspaviento, tanta pirueta llamativa carente casi siempre de sustento. El Yosva es un ser convencido de sus razones hasta el colmo; como quien te habla bien bajito, en plena discusión; puedes hasta gritar frente a su argumento, mientras él, inalterable, sostiene un susurro; te vas agotando, y en la medida en que te apagas, él crece. A la larga ha vencido, digamos que de una callada manera. Quién quita que hasta sea para bien ese dejarle al tiempo la última palabra, sin forzar el momento, como quien confía solo en el destino de su propuesta. No se desboca, no araña el entorno, deja que flu- ya su obra, que se decante, como navegando a la deriva en un océano musical plagado de falsas estrellas y mareas pasajeras. Y esto no es una sospecha o especulación de mi parte, es una tesis varias veces comprobada en peñas o descargas ante públicos descontaminados, o no predispuestos por promoción, por modas musicales, o referencias contextuales que suelen incidir sobre la escucha. Lo he constatado especialmente entre trovadictos de Venezuela, Argentina, Colombia… tras el canto de varios de nosotros –incluyendo algunos de una trayectoria bien reconocida–, por quien indagan con mucho interés es por el chiquitico, medio rubianco, de cantar sereno.

Es curioso, pues esa nobleza de Ihosvany Bernal se esconde debajo de un humor irónico, cortante, casi cruel, con el que nos divierte a sus amigos; sin embargo, esa crudeza sarcástica no va a parar a sus canciones, que son de una poética realmente cristalina, desgarrada a veces, pero nunca hiriente. Quizás la ironía que usa comúnmente en sus conversaciones son como un cofre que resguarda la ternura, como quien quiere dejar toda su bondad en el rincón donde no puede, donde no quiere ocultar sus bellezas –¿para protegerse un poco?– en su arte.

El caso es que Ihosvany Bernal ha hecho apenas algunas grabaciones recogidas rústicamente bajo los rótulos Sin nada que perder y Nunca me salves, que por demás tienen casi diez años por lo que las hizo casi comenzando a cantar. Ahora, tras mucho canto, incluyendo circuitos en otros países, el Yosva nos regala un concierto, haciendo gala de su sencillez, y sé que lo asume sin pretensiones que no sean decir lo que quiere decir sin envoltorios. Ahí estarán temas de desborda- do lirismo y unos cuantos sones de esos tan suyos, en los que escudriña a su entorno, su ciudad, esa Habana tan recurrente en su obra, dígase en el plano arquitectónico, en el histórico, en lo social, como quien nos pone un microscopio para que veamos con ojos profundos la vida que pasa, con sus dolores, sus amantes; esa vida a la que le falta, pero con lo que tiene. Un par de estas soneadas más recientes definen a Ihosvany Bernal, tanto que aparte de describir nuestra ciudad ahora mismo podríamos asumirla como su autobiografía: una es ese juego semántico que trasluce tras el título: «Mi Habana sabe amar o a mar» y «Cambié de barrio, de folclor, de techo y qué maravilla». Creo que ni siquiera título le ha puesto a su con- cierto, así que A guitarra limpia llega nuestro trovador Ihosvany Bernal. Hace mucho tiempo nos debemos un disco de Ihosvany Bernal: alabado sea este concierto que desemboca en él.

LETRAS

MI HABANA SABE A MAR

El sueño acabó

La realidad se asoma a mi ventana El mundo empezó a vivir

Los hombres y mujeres, las calles,

las fachadas de esta ciudad querida (de esta ciudad amada) se asoman al cristal con arte y expresión

Sincera la mirada Desnudo el sentimiento Comienza la función

La cotidianidad

El día a día frente a la estación central Los autos ya museables por su edad

El viento que alimenta la ilusión

Las ganas de vivir o simplemente de sobrevivir Sostienen mi ciudad a pesar del dolor,

del huracán, del norte y del reloj

Mi Habana sabe amar

con sus banderas en la plaza

y las consignas en los muros y en las casas Mi Habana sabe amar

y dejará sus huellas

grabadas en el centro de mi estrella

El malecón que invita a amar y a refrescar

A perdonarlo todo y a seguir con la esperanza intacta y a continuar si estás conforme con el porvenir

El malecón que va a dejarte ir

cuando no puedas más con la bondad de esta revolución [y decidas partir

Mi Habana sabe amar

con sus banderas en la plaza

y las consignas en los muros y en las casas Mi Habana sabe amar

y dejará sus huellas

grabadas en el centro de mi estrella

IHOSVANY BERNAL

Audio

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