CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

Descarga de ida y vuelta

Luis Alberto Barbería y Javier Ruibal

Julio de 2011

Palabras

Hay artistas que tienen la dicha de formarse en sitios donde todo se confunde y se hace mestizaje, mezcla, fusión de la de verdad y no de esa otra de la que hoy tanto se cacarea. Justo lo anterior es lo sucedido con el pinareño Luis Alberto Barbería y el gaditano Javier Ruibal, un par de pesos completos de la mejor canción de autor en nuestros días y que ahora, reunidos en la gira denominada Descarga de ida y vuelta, se presentan en un breve pero intenso recorrido por Cuba, para deleite de quienes en este país los hemos admirado durante años.

Si bien ambos pueden ser clasificados como cantautores al componer, en el momento en que ellos interpretan sus creaciones se proyectan desde una estética mucho más abierta que la concebida para dicha estirpe de hacedores de canciones. Luis Alberto es alguien que como creador se encuentra muy influenciado por la música negra, ya sea norteamericana, cubana, brasileña o africana. A esto adiciona un peculiar timbre, signado por su tono grave y el dominio al reproducir con la voz diferentes instrumentos de percusión, instante en que hace gala de su conocimiento de los patrones rítmicos de la música cubana.

Por su parte, Ruibal no es lo que se dice un típico cantaor flamenco, sino que hace una atractiva «mezcla de cosas», don- de ciertamente hay mucho de deuda con el flamenco, pero con un diapasón abierto a disímiles géneros y estilos de la música popular de nuestros días (jazz, rock, blues…), sin olvidar las influencias que procesa de otras sonoridades menos convencionales, como la música sefardí y la magrebí. Este trovador portuense, como él gusta definirse, ha compuesto numerosas canciones inspiradas en los destinos de los emigrantes, sin lugar a dudas uno de sus motivos recurrentes. Piezas suyas como

«Aurora», «La reina de África», «Pensión Triana», «Un ave del paraíso», «Isla Mujeres», «Por tu amor me duele el aire», poseen textos en los que el universo andaluz está presente, y donde se aprecia nítidamente la vinculación del artista con lo mejor de la poesía española.

En Descarga de ida y vuelta, Luis Alberto Barbería y Javier Ruibal no vienen solos a Cuba, sino que se hacen acompañar por las bailarinas Remedios Jover y Lucía Ruibal, y por el percusionista Javi Ruibal (estos dos últimos, hijos de Javier), que también contribuirán a hacer coros en los conciertos pro- gramados, concebidos a manera de descarga entre buenos amigos, y que servirán para corroborar la idea de que la música es el más perfecto idioma existente para la aspiración de unir culturas de todas partes.

Así pues, dos nombres, dos patrias y la música en pleno mestizaje y esplendor para escucharse en varios escenarios cuba- nos. En su gira por nuestro verde caimán Luis Alberto Barbería y Javier Ruibal serán, como me vaticinara el poeta santiaguero y buen amigo Rogelio Ramos Domínguez, un «huracán que lejos de destrozar paisajes dejará versos y buena energía por doquier».

JOAQUÍN BORGES-TRIANA

LETRAS

HABANA MÍA

Las guapas por los balcones, los negros que se remangan, huele a tabaco y malanga, sabe a tostón y congrí.
Un príncipe de la danza sobre sus piernas de atleta ensaya su pirueta,
su grand jeté cinco mil.
El mago de las finanzas, el as de la bicicleta, resuelve su papeleta: cambio jabón por café.
Hoy, papas por camisetas, mañana tengo galletas, pasado, vete a saber.
Y pongo punto y aparte, ni de noche ni de día, que tu risa no me falte, Habana mía.
La furia del dios Caribe, los días que se suceden, dejaron en las paredes todos los tonos del gris.
La mano, niña, que pinta, como lo mandan los sueños, un autobús que la lleva
de Centro Habana a Madrid.
Como que la luna es blanca y la ternura es morena, bendita sabe la cena
sobre el pagano mantel. Los besos que se repiten sobre el eterno remite
de un corazón de papel.
Que pone punto y seguido, ni de noche ni de día
¡Qué poca cosa te pido, Habana mía!
La mirada impenetrable, las llagas de la memoria, las caricias que la gloria ya no quiere repartir.
En el jardín donde crecen las flores de la paciencia,
el árbol de la prudencia, el reino del colibrí.
Es el delirio habanero, dinero que no es dinero, manisero sin maní.
Y pongo puntos suspensivos, ni de noche ni de día,
ya sabes que no te olvido, Habana mía.

JAVIER RUIBAL

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