La Clave del Enigma
Alberto Faya
Septiembre de 2010
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Palabras

El año de 1891 se inició con una publicación decisiva para el pensamiento latinoamericano. El primer día de enero una revista mensual neoyorquina en español daba a conocer en sus páginas un texto titulado «Nuestra América», bajo la firma de José Martí, entonces un bien conocido periodista y poeta en el mundo hispanoamericano, a quien los emigrados cubanos respetaban y acogían crecientemente como el líder de la lucha cubana por la independencia. La posteridad ha convertido dicho ensayo en uno de los monumentos esenciales para pensar nuestros pueblos de manera diferente a la que en líneas generales se repetía hasta entonces. Ni incapacitados por la naturaleza ni por la misma historia, sino por las perspectivas y modelos empleados hasta aquella época; tal es la explicación para Martí del aparente retraso de la región en su marcha por los caminos de la modernidad industrial que se imponía en la época. La clave del enigma hispanoamericano no se hallaba, dice Martí, ni en el libro europeo ni en el yanqui. Se trataba de eliminar la colonia que continuó viviendo en la república, de alcanzar un cambio de espíritu y no solo de formas, de hacer causa común con los oprimidos, y de ese modo, poder hacer frente al gran peligro del desconocimiento, desdén y ambición del vecino del Norte. «Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas». Para decirlo en palabras de hoy: había que conocer nuestra particular identidad y trabajar en función de las grandes mayorías populares. Así, bajo este precepto martiano, se ha desempeñado explícitamente desde hace mucho la obra de Alberto Faya, parte por ello de la permanente necesidad de develar las claves del enigma latinoamericano. PEDRO PABLO RODRÍGUEZ

LETRAS

CONFESIONES No tengo la palabra del profeta pero sé que tengo su soledad. No sé de las alturas de un arcángel pero aposté mi suerte al batallar. Yo pude probar las mieles más puras y luego saber por qué eran oscuras, por eso amo la dulce frescura del árbol que está detrás de mi hogar. Quiero respuestas que tengan sentido, si alguien se opone habrá felicidad, ignoro lo que busca un peregrino pero sé cuánto cuesta caminar. Hay gente que me hace sentir tan solo, bajar, subir, no me importa, además y en cada prisa me ha ido la vida, la vida con que vuelvo a comenzar. Mis días se confunden con mis sueños, me muerde el labio que ayer me sonrió y busco, entre la oscuridad del mundo, una mirada que alguien me dejó. Me alegra vivir un tiempo imperfecto, aprendo una verdad y otra verdad y no quisiera que todo se acabe cuando me queda tanto por andar. (Coro) Cuánto me queda, cuánto me queda cuánto me queda por andar. Me dice mi corazón que no me baste con la razón, que la vida me espera y hay que cantarle su canción de amor. No quiero llanto cuando me vaya porque la vida no acaba si afincamos los pasos al caminar. Vamos a andar, que se vaya la tristeza, dame tu mano que toda la historia vuelva a comenzar. (Coro) Cuánto me queda por andar. Nos queda mucho nos queda tanto. Acompáñame y ven a cantar conmigo. Venga la esperanza, pase por aquí. ALBERTO FAYA

Audio

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