CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

Permiso, por favor (Homenaje a Sara González en su cumpleaños)

REYNALDO RODRÍGUEZ

Julio de 2013

Palabras

Como una cigarra
Cuentan los fabulistas que la cigarra cantó y cantó durante todo el verano. Tanto cantó, que se olvidó de almacenar alimentos para el invierno. Y cuentan también que mientras la cigarra cantaba la industriosa hormiga acarreaba y acarreaba.

Y al llegar los primeros fríos… Nadie más parecido a una cigarra que este trovador llamado Reynaldo Rodríguez.

Él canta y canta. La cigarra canta para adornar el trabajo de la hormiga: el trovador canta para bordarnos la existencia a los demás insectos.

Y cuenta esta leyenda urbana y contemporánea que el trovador Reynaldo, durante ya más de diez veranos, insiste en tomar su guitarra a pesar de los vientos que soplan adversos, lanza su voz enronquecida por las incertidumbres y sueña… se olvida de acarrear alimentos para sí porque le basta saber que tiene a alguien que, sin ninguna duda, lo seguirá hasta el más allá del crotorar de la grulla por la senda que él, un día lejano, limpió de espinas. Allí le dará con su arrullo un motivo más para vivir.

Es cigarra de la llanura inmensa, tan grande que lo deja escapar, perderse… ¡pobre llanura ignorante del costo de la belleza! Y se va el trovador-cigarra en busca del espacio, mientras en la ciudad inhóspita llueve, esta vez sin arcoíris.

Que no nos falte nunca este cantor, que a pesar de las puertas cerradas insista; que retorne a la boca del  hormiguero siempre con una copla nueva: yo, la hormiga agradecida, lo necesito para seguir trabajando con felicidad, porque ¿cómo podría existir en este mundo sin tu voz, trovador, sin tu estar?

MARIELA PÉREZ-CASTRO

LETRAS

CANCIÓN AMARGA
Mujer, la vida no es lo que ahora nos parece,
las trampas son más fuertes,
lo complicamos todo al pensar
si alcanzará la vida para ver
a dónde va este mundo.
Ya ves, jugamos a ser grandes
para salvar al mundo;
alcé brazos y piernas, no llegué
rompiéndome la sangre sin pensar.
No es arrepentimiento,
es que se acaba el tiempo,
el mundo crece y no me ve;
es que se acaba el tiempo,
el mundo crece y yo al revés.
Soñé no sé ni cuántas cosas,
mi almohada era muy chica o izquierdo mi pie;
mis padres y mis hijos, ya los ves,
por el mismo camino a la vejez.
Traté y no me arrepiento,
es que se acaba el tiempo
y no lo puedo detener;
es que se acaba el tiempo,
el mundo crece y yo al revés.
REYNALDO RODRÍGUEZ

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