CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

Tengo

Lilliana Héctor

Junio de 2010

Palabras

A Lili la recuerdo pequeña y tímida; guitarra en mano cantando una de sus primeras canciones casi a empujones, convocada por un amigo también trovador, hace unos pocos años en una descarga en el barcito de Fresa y Chocolate. Ella, con su voz cálida y una poética me atrevería a decir que renovadora, comparándola con la de las otras féminas dedicadas al antiguo oficio de trovar, me hizo pensar desde entonces que había madera para acallar y retar a duelo a quienes dudaban del talento «trovero» de los más jóvenes.

Su discurso se va entrelazando entre lo popular y la lírica de una manera mañosa y esenfadada… es como si no tuviera nada que esconder ni siquiera en las canciones, es como si quisiera tocar el cielo y el fondo a un tiempo… y lo logra; así, sin «efectos especiales», con armonías sencillas, suaves y equilibradas, que van desde un son a la canción más tierna.

Esta tarde de junio el patio del Centro nuevamente se acomodará en su trono de yagrumas, vestido de vida y de suerte; sí, porque Lili ha sido ya «rescatada de su negra pompa de jabón» –por citar sus propios versos– y como la hija prodiga que retorna de más de una existencia, se le exhibe atrevida para llenarlo de lo mucho que lleva y de lo tanto que quiere.

Disfrutemos, pues, de sus nobles y sinceras canciones que ojalá naveguen hasta buen derrotero por los siglos de los siglos.

HEIDI IGUALADA

LETRAS

TENGO

Tengo que a mis veintiséis senderos

yo también me reconozco,

piel y huesos prestos para ir y venir.

Tengo lo que me dio el aguacero

de salvaje y de celoso canto

para desahogarme y para no mentir.

Tengo la prisión y el desafuero

que transita por los ojos

de ese niño que ya sabe leer y escribir.

Tengo el óxido de cada dedo

descorriendo algún cerrojo

de esa puerta que algún día me verá partir.

Tengo que encerrarme, tengo que salir.

Tengo qué callarme, tengo qué decir.

Tengo cada piedra que pienso tirar

en la mano lista ya.

No me detendrán.

Tengo preparado el derrotero

sin venganzas y sin odios;

una flor en cada mano, creo resistir.

Tengo todo lo que tengo adentro,

y sin lágrima quiero el velorio.

Yo no sé cuándo me muero y hay que prevenir.

Dejo mi cuerpo de experimento.

Nada quiero, nada llevo.

Les doy todo lo que tengo.

Tengo que encerrarme, tengo que salir.

Tengo qué callarme, tengo qué decir.

Tengo cada piedra que pienso tirar

en la mano lista ya.

No me detendrán.

LILLIANA HÉCTOR

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