CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

Vinieron de Camagüey

SAULO A. FERNÁNDEZ, MÁXIMO R. MONTES DE OCA, EBENEZER SEMÉ, ALDROVANDI RODRÍGUEZ Y REYNALDO RODRÍGUEZ

Octubre de 2012

Palabras

Todo trovador persigue contar una historia. Los aquí reunidos reafirman este antiquísimo anhelo. Saulo Antonio Fernández y Máximo Rolando Montes de Oca desbrozaron el sendero, son los iniciadores. En los textos del primero encontramos el lirismo y la fuerza de nuestra más excelsa tradición trovadoresca, esa que tiene sus raíces en lo mejor del patrimonio literario nacional y universal.

Sé perfectamente que esta última afirmación es un completo lugar común, pero no encuentro otra para describir a un cantor en cuya fuente nutricia convergen autores tan disímiles como José Martí y Walt Whitman. Esas influencias se aprecian de modo indiscutible en las canciones «Autobiografía del negro americano» y «Sobre la muerte de veinte mendigos en un parque de Ciudad México», escritas en 1983 y 1978, respectivamente. En ambas la fuerte denunciasocial cuaja en textos de excelente calidad poética, testimonio de una época cuyas preocupaciones ya no nos pertenecen. Enefecto, si Saulo Antonio no fuera un trovador interesante por sus actuales creaciones, lo sería por encarnar un tiempo decisivo de nuestro país y su cultura.

Otro tanto debe decirse de Montes de Oca, aunque en este caso sorprende el tono costumbrista ausente en su  compañero de generación. Este profundo aliento regional no significa ausencia de filo ni paisaje estático y  bobalicón. Allí están sus piezas «Al ritmo del pedal» y «Del júpito y la gardenia» para demostrarnos que también desde una óptica costumbrista pueden develarse las complejidades de la sociedad cubana actual.

Aldrovandi Rodríguez Mugarra, Reinaldo Rodríguez Martínez y Ebenezer Semé Santiago cierran el círculo. Los dos primeros lo hacen con elegancia, reverenciando la exquisita tradición camagüeyana. Así lo demuestran las canciones «Telón», de Reinaldo, y «Callejeros», de Aldrovandi. Ellas nos hablan de dos trovadores interesantes que mucho pueden enriquecer el variopinto mundo de la trova cubana y me refiero, por supuesto, a esa que hace tiempo abandonó las salitas clandestinas para insertarse en los selectos predios de las emisoras de alcance nacional. Ebenezer Semé es otra historia. No hay en él esa profunda crítica social, sin embargo, y tal vez por esto último, el hombre logra forjar su propio estilo naif en canciones como «La tierra de Cuba», una estética que merece atención, como todas las aquí reunidas. Que así sea.

YOAN MANUEL PICO

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