Es esta una cronología ampliada a partir de cuanto Pablo de la Torriente Brau escribió de sí, documentos poco conocidos y algunas apreciaciones de familiares y amigos.

El padre de don Salvador Brau –a quien asumimos como tronco familiar– nació en 1797 en la ciudad de Mataró, región de Cataluña, y para América no embarcó hasta 1830. Establecido en Puerto Rico, en 1841, Bartolomé, que así se llamó, casó en segundas nupcias y ya con una hija, con Luisa Antonia Asensio Velázquez, viuda con dos hijos. El primer vástago de la nueva unión nació en 1842 y fue don Salvador, abuelo de Pablo. A su vez, don Salvador se casó en enero de 1865 con doña Encarnación de Zuzuarregui y Martello. De la unión germinaron varios frutos. Su hija María Magdalena Graziella, nacida en Cabo Rojo, Puerto Rico, será la madre de Pablo.

Entretanto, por la rama paterna el origen del apellido De la Torriente se remonta al siglo XVI, en la Montaña de Santander, específicamente en un villorrio denominado Hermosa. Aparecen en el frondoso árbol genealógico personalidades de índole militar, con cruces por acciones de guerra, un título nobiliario y otros elementos que denotan la distinción social de los De la Torriente. En el primer tercio del siglo XIX, una de las ramas de los De la Torriente se estableció en Cuba, pero de otra ramificación, quedada en España aunque emparentada seguramente con la cubana, proviene don Félix de la Torriente y Garrido, padre de Pablo, natural de Santander, precisamente el lugar de origen de la familia De la Torriente.

—-1901. 12 de diciembre. Nace en la calle General O’Donnell número 6, frente a la plazoleta de Cristóbal Colón, en San Juan, Puerto Rico Pablo Félix de la Torriente Brau, segundo hijo, y único varón, del matrimonio de don Félix de la Torriente y Garrido y doña María Magdalena Graziella Brau de Zuzuárregui, hija del periodista y patriota Salvador Brau. Félix y Graziella se casaron en 1898 en Puerto Rico y allí nacieron sus tres hijos mayores: Zoe, Pablo y Graciela.

En la casa natal radica el colegio Centro Docente de la Unión Ibero-Americana, fundado y dirigido por don Félix.

Tuve la desgracia de nacer frente a una de esas estatuas de Colón, en que aparece siempre encaramado en un palo de mármol, con la mano sobre los ojos, como si el Almirante hubiera sido un infeliz grumete, y comprendo que esto me va a traer mala suerte cuando sea famoso. Los cubanos, porque he vivido siempre en Cuba, porque aprendí a leer en La Edad de Oro de Martí, y por buena parte de mi ascendencia, por la línea de mi padre, van a querer que yo sea cubano; los portorriqueños, porque nací en San Juan y soy nieto —y estoy muy orgulloso de serlo— de Salvador Brau, el hombre echado hoy al olvido por sus paisanos, que cuando se vio entre el estómago y la dignidad supo ajustar su vida a esta regla que debiera servir de guía a todos los hombres del mundo: “A los hijos se les debe dar antes que pan, vergüenza”. (Batey)

—-1903. Viaja con su padre a Santander, España. Visitan a la abuela Genara Garrido

—-1905. De España regresa a La Habana y la familia se reúne. A Pablo lo matriculan en la escuela del profesor Lima, en la Quinta de los Molinos. Don Félix se desempeña como inspector pedagógico de la provincia de La Habana y ejerce el periodismo, pero es separado de su cargo.

—-1906. Regresa a Puerto Rico con la madre, y las hermanas Graciela y Zoe, e inicia su formación con el abuelo materno don Salvador Brau, historiador, poeta y maestro puertorriqueño. El padre permanece en Cuba.

—-1909. Regresa a Cuba para unirse al padre, director y maestro de los Colegios Internacionales de El Cristo, en los que continúa estudios. La familia se reunifica. En casa todos lo llaman Nene.

—-1910. Aparece el primer texto escrito por Pablo en la revista El Ateneísta, de los citados colegios.

—-1912. 25 de mayo. Nace su hermana Lía.

—-1913. La familia Torriente Brau, que ha crecido con otras hijas, muda para Santiago de Cuba, donde don Félix funda el colegio Cuba, incorporado al Instituto de la ciudad. Recuerda Zoe:

En las paredes de las aulas del Colegio quedaron impresas las primeras manifestaciones pictóricas y literarias de Pablo: batallas navales, cabezas de guerreros, etcétera, todo cuanto iba impresionándole en el estudio de la historia, y, con esto, estrofas y sonetos relacionados con aquellos hechos.

(…) Mucho antes de empezar los estudios del bachillerato, por indicación de nuestra madre, nos leía en voz alta a nuestra hermana Graciela y a mí —mientras hacíamos labores de aguja— los libros que ella nos escogía: El Quijote, en un ejemplar en miniatura que conservamos, cuya lectura interrumpía con escandalosas carcajadas; Víctor Hugo, Dumas, Verne; luego cuanto libro caía en sus manos.

17 de junio. Nace Ruth, la hermana más pequeña.

—-1915. 2 de junio. Solicita ingreso, mediante examen, en el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza de Oriente, en Santiago de Cuba. En la misma fecha se le expide la autorización con la calificación de “aprobado”.

—-1919. Diciembre. La familia toda se traslada a La Habana. Al concluir el bachillerato decide trabajar.

—-1920. En enero acompaña al ingeniero José María Carbonell. Va como delineante a la zona de Sabanazo, en Oriente, ve de cerca la miseria e ignorancia en que viven los trabajadores y conoce a Teté Casuso, entonces una niña, con quien se casará diez años después. En La Habana comienza a trabajar en el diario Nuevo Mundo y la revista El Veterano. Recibe de sueldo $1.00 diario, que entrega a la madre. Cuenta Zoe que:

Un buen día, con su gran humor de siempre, me entrega un ejemplar de El Nuevo Mundo: “Léetelo, para poder decir que tengo un lector. No es justo que yo sea redactor, cobrador y repartidor y el único lector de mis trabajos”.

24 de abril. Solicita el traslado de su expediente para el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, donde se ha domiciliado la familia. El 7 de mayo se verifica el citado traslado

—-1922. Trabaja en la Comisión de Adeudos del Ministerio de Hacienda, pero recibe un salario muy elevado para su escaso trabajo y eso lo indigna. Renuncia. Se presenta entonces a la convocatoria de la Escuela Naval, donde no se le acepta.

22 de septiembre. Solicita matrícula (número de orden 160) en la Escuela Profesional de Pintura y Escultura de La Habana para el curso 1922 – 1923. Lo hace para la asignatura de Dibujo Elemental

—-1923. Conoce a Rubén Martínez Villena. Trabaja en el bufete de los abogados Fernando Ortiz, Joaquín Giménez Lanier y Oscar Barceló, en La Habana Vieja. Primero lo hace como mecanógrafo, después como secretario del doctor Ortiz.

Con el doctor Fernando Ortiz yo estoy aprendiendo muchísimas cosas que en lo absoluto me interesan, pero que a veces me hacen gracia, como por ejemplo, averiguar en una misma semana, y como él dice, «todos los chismes» de la Virgen de la Caridad del Cobre y del Barón de Humboldt. Por lo demás, y para que nunca se encuentren deficiencias en mi perfecta labor mecanográfica, yo tendré buen cuidado en evitar que él sepa cómo yo a veces me distraigo pensando alguna truculencia… (En Batey)

—-1925. En el mes de diciembre sigue paso a paso, junto a Rubén Martínez Villena, la huela de hambre de Julio Antonio Mella. Pablo escribe:

Julio Antonio Mella, joven, bello e insolente, como un héroe homérico, agonizaba de manera dramática en la Quinta del Centro de Dependientes, abatido día a día por su decisión de no inferir alimentos, como protesta por su arbitraria prisión. A mi alrededor, Olivín Zaldívar, su compañera, Gustavo Aldereguía, su médico; Orosmán Viamontes, su abogado; y Rubén Martínez Villena, Aureliano Sánchez Arango, Leonardo Fernández, Carlos Aponte Hernández, Gustavo Machado, Salvador de la Plaza, José Z. Tallet, Luis F. Bustamante, Jorge Vivó, Jacobo Hurwich, Manuel Cotoño, Israel Soto Barroso, y alguno más que lamento no recordar, seguían con ansiedad el angustioso declinar de aquella juventud, espléndida como pocas; de aquella varonía hercúlea del Julio Antonio de los 22 años, tensos aún los elásticos músculos por el esfuerzo de las últimas regatas. Y la muerte era una realidad abrumadora que avanzaba con la implacable ley del almanaque y el reloj.

Telegramas, cables, discursos, protestas, boletines… Y la república entera alerta, asustada, expectante, presenciando la estupenda lucha de un hombre que agonizaba por su propia voluntad, rodeado de un escaso número de compañeros, haciéndole frente a una bestia furiosa y omnipotente. Aquella lucha heroica fue la que proclamó hipócritas y cobardes a todos los que después de ella tuvieron el cinismo de continuar rindiendo sus alabanzas al gran homicida…!

Pero Mella se moría, y, a pesar de todas las protestas; a pesar de las manifestaciones efectuadas en varios lugares del extranjero; a pesar de la expectación peligros en que se encontraba la república, la estupidez de un hombre cegado por sus instintos no acababa de comprender lo que significaría el que Mella se muriera de hambre como el alcalde de Cork, por protestar de una prisión arbitraria, al comienzo de la cual lo habían pretendido asesinar en plena calle, al ser trasladado para la cárcel. (En “Mella, Rubén y Machado”, Ahora del 6 de enero de 1935).

—-1926. Continúa la práctica de deportes, en particular del fútbol norteamericano o rugby, con el Club Atlético de Cuba, en la calle Montoro, cerca de Ayestarán y Carlos. III.

Pablo siempre fue amante de los deportes. Desde muchacho hacía toda clase de ejercicios; caminaba mucho, jugaba a la pelota en el Colegio Cuba, y en La Habana acostumbraba, con otros amigos, alquilar un bote en el muellecito del Templete: remaba incansablemente, para conocer todos los rincones de la bahía, y muchas veces salía mar afuera. Además practicaba el método Strongfort: durante tres días de cada mes dormía en el suelo y tomaba por único alimento tres vasos de agua. Así logró un desarrollo corporal notable y armonioso. Fue miembro del equipo de fútbol americano del Club Atlético de Cuba, y se distinguió siempre por su actuación en la línea de choque, por u entusiasmo y decisión. Participó en distintas competencias. (Zoe de la Torriente Brau)

Frecuenta los conciertos de la Sociedad Pro Arte Musical. De esta etapa de su vida, cuenta jocosamente en Batey:

Decano de la Sociedad de Empleados del Bufete Giménez, Ortiz y Barceló en comisión al servicio del doctor Fernando Ortiz. Mecanógrafo de Mérito. Taquígrafo Graduado. Alumno de Dibujo de la Escuela Libre dirigida por el pintor Víctor Manuel y domiciliada en cualquier café de La Habana. Ex Redactor anónimo de periódicos desconocidos. Socio de Pro Arte Musical. De la Hispano Cubana de Cultura. Del Centro de Dependientes y de Gonzalo Mazas, etc., etc.

Confieso que después de ver cuanto título tengo, yo mismo me asombro de ser tan perfectamente desconocido. ¿Cómo es posible que un académico de tanto relieve, permanezca ignorado en su país? He ahí, sin duda, otro de los muchos misterios de la naturaleza.

—-1927. 12 de septiembre. Nuevamente hace solicitud de matrícula (número de orden 295) en la Escuela Profesional de Pintura y Escultura de San Alejandro, para el curso académico de 1927 – 1928. De nuevo solicita matrícula en la asignatura de Dibujo y Modelo Elemental.

—-1928. Viaja a Estados Unidos para jugar como miembro del Club Atlético de Cuba.

Su Club fue a la ciudad de Atlanta en los Estados Unidos, para celebrar un encuentro de fútbol con un equipo local. Pablo, al comprobar que su equipo iba a perder con los norteamericanos por conocer estos mejor el juego y tener más experiencia, se lanzaba con ímpetu contra la línea enemiga, a riesgo de recibir un golpe serio. Cuando le preguntaron por qué hacía aquello, contestó: “¡Ya que vamos a perder con los yanquis, quiero salvar el honor de Cuba, a cabezazos!”

—-1929. 24 de febrero. Diario de la Marina le publica su poema “Motivos del viaje bajo la noche lunar”:

La Noche en su urna

guardaba al silencio,

y en la solemne

paz nocturna

de los campos,

brillando en lo alto,

la luna,

casi parecía como un Sol Bemol.

14 de julio. Rubén Martínez Villena lee su cuento “El héroe” y lo entrega a José Antonio Fernández de Castro para que se publique en el suplemento dominical de Diario de la Marina. El desenlace “sorpresivo del relato ofrece una nota inédita al sugerir una doble lectura de un mismo enunciado: una humorística al convertir, mediante una ruptura de sistema, una aparente tragedia en un hecho intrascendente, y otra que ratifica la condición heroica del protagonista” en opinión de la crítica literaria Denia García Ronda.

11 de septiembre. Presenta solicitud de presentación al examen de ingreso de la Escuela de Ingenieros y Arquitectos. Se le declara “no apto”.

—-1930. La edición del 9 de marzo de la revista Carteles muestra a los lectores los jóvenes rostros de Pablo de la Torriente Brau y de Gonzalo Mazas Garbayo, autores del libro de cuentos Batey, publicado ese mismo año. Acerca de Pablo allí se lee:

El joven y valioso escritor señor Pablo de la Torriente Brau, cuyos cuentos humorísticos, publicados en un volumen con los del doctor Gonzalo Mazas bajo el título criollísimo de Batey, lo han revelado como un excelente escritor festivo, pero de honda intención y de fibra satírica.

15 de marzo – 30 de marzo. Cubre periodísticamente los II Juegos Centroamericanos (también entonces denominados Olimpiadas Centroamericanas), celebrados en La Habana. Publica las crónicas en Revista de La Habana de abril de ese año:

El abanderado de Cuba dio dos pasos al frente. De nuevo el himno levantó al público, y al acabar, el atleta cubano, alzando la bandera, abatida en señal de respeto, vino a ponerse frente al jurado. Igual hicieron luego los abanderados de todos los países contendientes, y tuvimos que oír el Dios salve al Rey de majestuosa solemnidad, pero seguramente no tan grato como cualquier aire de la tierra libre, si Jamaica lo fuera. Y aún tuvimos que oír el de la tierra espléndida de

Washington, maravilloso para ser tocado allá, para ser tocado en inglés, pero no para oírlo, sostenida la bandera por un portorriqueño sin libertad, en La Habana, adonde por mucho de la culpa de su país, no se han podido escuchar ni el de Nicaragua, ni el de Santo Domingo, ni el de Haití…

Cuando terminó la fanfarria de las bandas, el atleta cubano, en nombre de todos, prestó el juramento por el que se comprometía a ser leal con el contrario y esforzado hasta el límite por la conquista de la victoria para su país. Y todos los muchachos, en el silencio imponente, dijeron que sí, levantando el brazo.

Y luego, rítmicos y fuertes, pasaron frente a las gradas llenas de bloomers de muchachas…

6 de abril. Carteles le publica el cuento “Asesinato en una casa de huéspedes”. Júzguese por el lead:

…fkrrsttppyuc… Shiiiii… sh… ¡Mi madre!… sh… ii… prá… pácata… ¡Ay, mi madre!… ¡Bestia… animal, mi brazo!… ¡Ay, ay!… ¡Hijo de mi madre!… ¡Animal, con mi brazo!… ¡Mal rayo te parta, bájate pa que veas qué clase de madre es la que yo tengo!…

Desde luego que lo anterior no puede ser más que un retrato hecho por Velázquez, una fotografía onomatopéyica de un choque de guaguas en La Habana; y yo se la he puesto así, en los ojos, para que usted conozca enseguida el momento psicológico en que nació dentro de mí el más deslumbrante y trascendental de mis pensamientos: ¡cometer un asesinato!…

Julio 19. Se casa con Teté (Lorenza Teresa Inocencia) Casuso y Morín en la parroquia de Punta Brava, La Habana. José María Chacón y Calvo es padrino de la ceremonia religiosa de la boda.

16 de septiembre. Pide ser examinado en el Instituto de Servicio Exterior de la Escuela de Ciencias Políticas y con este fin presenta su certificado de ciudadanía cubana. El cierre de la Universidad por los sucesos del 30 de septiembre de 1930 anuló cualquier posibilidad de respuesta. Pablo nunca llegó a ingresar en la Universidad en carrera alguna.

30 de septiembre. Participa en la manifestación estudiantil en la que cae asesinado el estudiante de Derecho Rafael Trejo. Pablo es herido en la cabeza. Así lo recuerda:

¡Con qué prodigiosa claridad, en medio de aquel vértigo de confusión, de batas blancas de médicos y de alumnos; de uniformes azules de policía, de sangre, de imprecaciones y violencias, puedo recordar siempre todo lo que pasó!

Cuando se pierde mucha sangre, el conocimiento es como un vaivén de oleaje, que se retira y vuelve; es también como una luz que se apaga y se enciende. En esos intervalos todo se recuerda y hasta se adivina lo que no se ha oído; el instinto vigila con un egoísmo total, absoluto.

Yo sentía un rumor de mar en la cabeza, pero de pronto oía con toda claridad frases enteras. Los médicos me examinaban la herida y trataban de contener la sangre. No sentía ningún dolor. Pero no recuerdo ninguna cara, porque todas estaban como en la niebla. Las voces de todos se mezclaban: había violentas amenazas de los amigos, observaciones pausadas de los médicos y algunos trataban de calmar los ánimos.

En un momento en que recobré el sentido escuché una frase que me recordó que estaba herido gravemente, que había pasado algo importante. Un médico dijo: “Veremos si este no tiene fractura en la base. Si no la tiene se puede salvar… Pero a ese otro muchacho sí que no hay quien lo salve. Se muere de todas maneras…” Por extrema paradoja, esta afirmación que escuché perfectamente, no me produjo esa alegría animal de que se habla en los libros cuando se refieren a los impulsos egoístas del instinto de la vida.

Octubre. En el periódico estudiantil Alma Mater correspondiente a ese mes publica su “Informe oficial estudiantil sobre los sucesos del 30 de septiembre de 1930”, al referirse a los policías los denomina “Hermanos lobos”, expresión tomada de un poema de Rubén Darío:

Ningún catedrático bribón y ni siquiera ningún catedrático decente, vino a inducirnos para que nosotros, jóvenes, llenos de vida y de esperanza y de decencia, a pesar de la inmensa podredumbre de viejos gastados y de hombres indignos de ser jóvenes, por corrompidos y traidores, que nos rodea en la Universidad, nos lanzáramos a protestar con toda la vehemencia necesaria del atropello que se cometió con nosotros.

Nosotros, exclusivamente por nuestra cuenta, odiamos la tiranía, odiamos la desvergüenza, odiamos el asesinato, odiamos el latrocinio. Por eso, protestamos.

(…) Nosotros, Hermanos Lobos, pensábamos reunirnos en el Patio de los Laureles y allí, en uso de un derecho casi prehistórico, decir nuestra indignación por las medidas que se estaban tomando para impedir que lo más capacitado de la juventud cubana pudiese opinar, abierta y francamente, sobre todos los problemas que aplastan a nuestra tísica nacionalidad, enferma, además, de impaciencia…

—-1931. 3 de enero. En reunión del Directorio Estudiantil Universitario, en casa del periodista Rafael Suárez Solís, es detenido junto a otros compañeros. Son internados en el Castillo del Príncipe.

Dando gritos desaforados, como si fuéramos locos; “recorrimos las estaciones”. Primero nos llevaron hasta el patio de la Jefatura de Policía; pero allí el recuerdo del asesinato de Felo Trejo, nos irritó de tal modo, que sin bajarnos nos llevaron para el Castillo de la Fuerza, en donde fuimos admitidos. El chofer de la jaula nos llevó entonces para el Muelle de Caballería, como si nos fueran a trasladar para La Cabaña; pero al poco rato tomó nuevo rumbo y nos condujo finalmente hasta el Castillo del Príncipe, en donde a gritos terribles, por primera vez oídos allí, apuntalamos las bóvedas aplastantes y los paredones grises y espesos. Al llegar al puente del Castillo, uno de nosotros dijo que aquel era el verdadero Capitolio de la dignidad humana.

Hasta la misma oficina del Supervisor de la cárcel, entramos, roncos ya, pero gritando.

Allí fue donde un individuo corpulento se le acercó a Guillotina para decirle que no gritara más, que éramos unos muchachos decentes, a lo que aquel le contestó en su tono selvático que no éramos decentes ni nada de eso, sino simplemente unos luchadores.

Luego nos fueron llevando uno a uno a la Galera 12, y desde la de enfrente el resto de los presos políticos, capitaneados por Armando Feito, nos hicieron un recibimiento lleno de entusiasmo y simpatía.

(…) La misma tarde que fuimos detenidos, ya entrando la noche, llegó preso a la cárcel, Rafael Suárez Solís, el conocido periodista y escritor, propagandista incansable de las ideas republicanas en lo referente al problema español, por el delito de haber prestado su casa para una reunión de estudiantes. Rafael tuvo la suerte de presenciar uno de los episodios más dramáticos de nuestra prisión. (105 días preso)

26 de abril – 8 de mayo. Como denuncia del confinamiento y los atropellos vividos, publica en el diario El Mundo la serie de reportajes titulada 105 días preso, con la cual estremece la conciencia de los lectores y hace público el estad de represión de las libertades políticas. En opinión de Loló de laTorriente, se trata del “primer reportaje sensacional de guerra revolucionaria que recoge el periodismo cubano”.

26 de mayo. Formula denuncia al Juzgado de Instrucción de Cuarta de La Habana. Allí expone que:

En efecto, Manuel Cotoño, estudiante que estaba preso en la misma galera que [el chino] Wong, en el Castillo del Príncipe, como también estuvo preso junto a Noske Yalob y Bouzón, en la Fortaleza de La Cabaña, cuando estos dos infelices y valerosos luchadores desaparecieron de ella para no dejar más rastro que un brazo acusador en el vientre de un tiburón, y Miguel Montero, obrero, detenido en aquella fecha en el Vivac, amigos de la víctima, son testigos de excepción en este caso, por lo que pido, de manera especial, que se les cite a declarar (…) pues ellos saben, mejor que nadie, que Wong fue conducido a las celdas inesperada y mañosamente, sin que diera motivo alguno para ello, amaneciendo muerto al día siguiente, lo que les provocó una sorpresa enorme, ya que el estado de ánimo del compañero era excelente y jamás había dado muestras de encontrarse enfermo, neurasténico ni aburrido de la vida, sino por el contrario, con grandes esperanzas de recobrar pronto la libertad.

Agosto. Es apresado nuevamente, en la casa del poeta José Zacarías Tallet, donde se oculta junto a Raúl Roa. Recorren varias prisiones hasta ser trasladados al Presidio Modelo en Isla de Pinos.

11 de agosto. Procedente de la Fortaleza de La Cabaña, ingresa en la Cárcel de La Habana. Aun no consta que se encuentre sujeto a ningún procedimiento judicial.

9 de septiembre, en carta a Raúl Roa:

¡60 días comiendo mierda gloriosamente! En tan infausto comemierdario, me parece necesario ponerte dos líneas para que sepas que, a pesar de todo me asienta esto muy bien y todavía estoy dispuesto a salir en cuanto me pongan en libertad. De Teté Casuso sigo incomunicado. ¡Y ahora que vengan los imbéciles a decirme a mí que esto no es terror blanco! Bueno, algún día me desquitaré.

16 de septiembre. Ingresa en el Presidio Modelo procedente de la Cárcel de La Habana, donde ha estado incomunicado.

En prisión sostiene correspondencia con familiares y amigos, funda academias para impartir clases a los reclusos, esculpe en madera tallas pequeñas y traduce del inglés junto a Gabriel Barceló el libro El materialismo histórico, de Nicolás Bujarin.

Noviembre. El número de la revista Social correspondiente a este mes le publica el cuento Muchachos…!

Yo, auto-expulsado del Instituto, me dediqué al mar, es decir, a la bahía, a los muelles…

Esto, naturalmente, me buscó varias escenas en casa, que «no estuve dispuesto a consentir», y, entonces, para encauzar por algún derrotero mi vida, me indicaron que aspirase a ser guardiamarina. Y allá fui yo a los exámenes. Todo iba bien cuando, en el último examen —que era de gramática tonta— preguntaron qué diferencia había entre “senador” y “cenador”. Yo, además de indicar la poca que hay, añadí que entre nosotros, senador era sinónimo de botellero… Desde luego, esto fue dicho allá, por los tiempos de Zayas… Hoy yo no diría esto así… Pero, a pesar de todo, la observación «me quitó el chance» y no pude ingresar en la Escuela Naval.

Llegué a casa diciendo que tenía menos suerte que Jorge Washington, porque a aquel por decir la verdad lo premiaban, y a mí, en cambio, me castigaban… Y, efectivamente, a mi familia lo único que se le ocurrió hacer fue indignarse conmigo hasta el extremo, y yo, que no estaba en ánimo de «aguantar latas», me fui de mi casa.

13 de diciembre. Se le traslada a la Cárcel de La Habana para comparecer en el juicio de la causa 716/931 en la Audiencia de La Habana.

15 de diciembre. Reingresa de vuelta en Presidio Modelo.

—-1932. 5 de enero. De nuevo es trasladado a la Cárcel de La Habana para la celebración del juicio oral de la causa 716/931.

7 de enero. Se le traslada temporalmente al Castillo del Príncipe y desde ahí escribe a Roa: “El viaje fue malo en do mayor sostenido y me caigo de cansancio”.

10 de enero. Reingresa en el Presidio Modelo.

15 de enero. Por radiograma se informa al jefe del penal que el detenido Pablo está exento de responsabilidad en la citada causa, puesto que concurre a la Audiencia solo en condición de testigo.

17 de enero. Del expediente de Pablo: “Según los datos que obran actualmente en su expediente, se encuentra sujeto a la causa 13/931 del 7mo Distrito, que instruyen las autoridades militares, por el delito de traición”.

—-1933. 11 de mayo. Al cabo de 19 meses de encierro es liberado, pero debido a la situación política imperante en el país embarca hacia España y se baja en Nueva York cuando el buque hace escala. En carta desde Nueva York lo cuenta a Pedro Capdevila. El estilo es galopante y tragicómico, la descripción se explaya en los detalles, el lenguaje es vívido. Genuinamente pabliano.

Yo tenía empeño en quedarme aquí para estar cerca de Cuba, a menos dinero y menos tiempo. Fue estupenda la tángana que se dio para podernos sacar y dejarnos en Ellis Island. Salimos del barco cuando ya quitaban la escala. Espectacular como en una película. Los comemierdas de primera se preguntaban si éramos polizones o qué cosa. Bueno, pero no te he contado el ballyhoo que he tenido aquí en los periódicos de habla española y hasta la truculenta historia que publicaron los americanos del sindicato de Hearst.

(…) Ah, bueno, te contaré de Ellis Island, a la que yo le puse All right Island, porque para todo nos decían All Right, para comer, para dormir, para bañarnos, cagar, mear, etc. etc. Aparte de eso, se pudiera llamar también Babel Island, porque allí, cuando caímos, por ejemplo, había alemanes, polacos, griegos, brasileños, colombianos, portugueses, franceses, rusos, italianos, eslovacos, y, una mañana, de pronto, se apareció un aduar árabe entero, con sus túnicas, albornoces y babuchas. Fue un efecto de película. Y lo primero que hicieron fue lavarse las manos en la fuentecilla de tomar agua. Para mear se tenían que subir una pila de sayas que traían, así es que yo pienso que esta gente en caso de apuro deben pasar el gran ídem. Era entretenido estar allí. Pero seguíamos separados Teté y yo, y así estuvimos seis días más que no se acababan nunca. Teníamos al frente la vista de New York, que es una mierda y que ni siquiera es tan grande como cuenta la gente. Por lo pronto a los diez días de estar en él ya me sé los subway y ando por donde me da la gana y sin preguntar. Viene a ser como treinta o cuarenta veces La Habana. En fin, que no me espanto.

12 de agosto. Caída del presidente Gerardo Macado, que huye del país. Día de júbilo. La población habanera y también del resto del país, se arroja a las calles para ajustar cuentas a los porristas y sicarios del tirano. Asume la presidencia el secretario de Guerra y Marina, general Alberto Herrera, rechazado por la oposición, y a este lo sucede Carlos Manuel de Céspedes con el beneplácito de los sectores que sostenían la Mediación, pero su equilibrio es muy endeble debido al escaso apoyo popular.

Septiembre. Ante los nuevos acontecimientos Pablo regresa rápidamente a Cuba.

—-1934. 8 de enero – 24 de enero. Aparece en el diario Ahora la serie de 13 entregas titulada La isla de los 500 asesinatos, que recoge el testimonio de lo visto y lo vivido durante su confinamiento en el Presidio Modelo de Isla de Pinos.

Todo el que ha estado en Presidio o se ha interesado más o menos por su leyenda de terror, habrá oído hablar de la tragedia de “El Cocodrilo”, cuando en menos de un minuto murieron doce hombres. A este hecho, del que he obtenido datos hasta ahora desconocidos para el público y para los mismos presidiarios, dedicaré un capítulo entero. Por su importancia no dejé de preguntarle a mi compañero de viaje para que me diera su versión defensiva, que sería estupenda, si yo no pudiera presentar al único testigo presencial y cierto documento de una elocuencia terrible.

Por todos en el Presidio se admite que los muertos fueron doce. Pero el penal solo informó de la muerte de nueve, dando como fugados a los tres restantes: Bravo, Huertas y Estrada Cabrera. Cualquiera en Isla de Pinos puede asegurar que estos tres hombres fueron quemados, según algunos en el Horno Viejo de cal, y, según otros en el potrero llamado de “Marielina”; mientras que la opinión unánime es que Américo López, ayudante del jefe, fue el encargado de la cremación; asimismo todos informarán que la desaparición se realizó para justificar “la fuga” en que murieron los restantes.

17 de enero. Ha muerto un amigo admirado, tal vez quien más influyó en la formación intelectual y revolucionaria de Pablo. En las páginas de Ahora publica el texto “El magnetismo personal de Rubén”:

Jamás conocí a hombre alguno con semejante atracción personal como Rubén Martínez Villena. Su órbita de influencia era tal que he conocido a infinidad de compañeros suyos de la lucha que jamás lo habían visto, que ni siquiera sabían su edad, su historia, las mil pequeñeces que constituyen, en el orden general, la filiación de una persona, y que eso no obstante hablaban de él con la seguridad y la certeza de quien nos es familiar.

A esta clase verdaderamente excepcional de hombres pertenecía Rubén. Su carrera política, su vertiginoso ascenso hasta la meta final del luchador revolucionario, dentro del campo obrero, militante le hizo ponerse en contacto con enorme número de individuos y trabajar con ellos esos lazos tan difíciles de romper dentro del estrecho margen de la actual sociedad.

5 de febrero. Gabriel Barceló, el compañero del Presidio Modelo, el joven combatiente político, ha muerto con solo 26 años. La edición de Ahora publica el elogio de Pablo:

Ninguno de entre todos los muchachos que se iniciaron en la lucha revolucionaria por la liberación de los oprimidos, al calor emocional del ímpetu heroico de Julio Antonio Mella y del sacrificio silencioso y tenaz de Rubén Martínez Villena, se pondrá siquiera molesto, si afirmamos que fue Gabriel Barceló el que con más decisión, vehemencia y constancia dedicara su vida a la consecución de su ideal.

Ninguno tampoco con más eminentes cualidades, porque Gabriel a la par de una mente vigorosa, enérgica, acostumbrada al inflexible y poderoso raciocinar dialéctico, tuvo un valor sobrehumano y magnético, que lo colocó siempre en la primera línea y a ella arrastró consigo a infinidad de compañeros.

4 de abril. Se incorpora como redactor de nómina al periódico Ahora.

8 de abril. Publica en Ahora el primero de sus trabajos sobre el revolucionario venezolano Carlos Aponte. Los restantes aparecen los días 15 y 29 de abril, todos bajo el título general “Frente a yanquis y traidores”.

El coronel Carlos Aponte es protagonista que se escapó de las páginas de La vorágine, y anda por el mundo, como personaje de Unamuno o Pirandello, buscando a alguien capaz de plasmarlo en un libro con la enorme fuerza de su personalidad, con el vigor inaudito de un temperamento montaraz, agresivo, insolente.

Es un hombre de estatura mediana, color de bronce, perfil altivo, mirada negra, voz de vibraciones roncas, y de una vida tal, que apenas en su almanaque hay página-día que se pueda arrancar sin un episodio emocionante, sin una anécdota llena de colorido. Se ve que el peligro, la aventura, la audacia, el insulto y la violencia, ejercen sobre él atracciones magnéticas.

Es un hombre que parece traer consigo la tragedia de los llanos bravíos del Orinoco y que viaja por el continente en busca desesperada de bandoleros a quienes desenmascarar, en busca de hombres a quienes narrar la epopeya sangrante de Nicaragua, que vivió con la intensidad de pocos, y de hablar también del panorama enfermo de América, minado de bandidos y traidores.

Yo he tenido la suerte de obtener para Ahora la exclusiva de las declaraciones del coronel Carlos Aponte, y en una serie de artículos narraré algunos de los innúmeros episodios de su vida, la más dramática que he podido conocer hasta ahora.

23 de abril. Publica en el diario Ahora el artículo titulado “Margarita Sarfatti, brazo derecho del Duce, contesta por el método Ollendorff. Lo significativo radica en que se trata de una entrevista a una funcionaria del gobierno fascista a quien Pablo hace preguntas incisivas que la señora Sarfatti responde por el método Ollendorff, es decir, con argumentos que nada tienen que ver con las preguntas:

Después de un saludo cordial y de preguntas de introducción, una pregunta sustancial y de fondo.

-¿Cuál es su opinión sobre los problemas de los pueblos del Caribe en relación con el imperialismo yanqui?

La Sra. Sarfatti, humeó un poco el salón elegante y como si recordara paisajes, nos dijo:

-Me interesa mucho el carácter de la América Latina, sus costumbres, su naturaleza tropical y vigorosa; las diferencias tan notables entre la América Latina y la Sajona…

Una pregunta más hace que su respuesta nos deje maravillados por la filigrana evasiva.

-Díganos, ¿considera el fascismo como un movimiento de carácter nacional o internacional?

-Mire, nosotros somos el pueblo que primero hemos reconocido al gobierno de los soviets. Mussolini recibió cordialmente a Litvinoff, cuando estuvo en Italia. Lo que no quiere decir que en Italia se permita la campaña comunista, desde luego.

3 de mayo. Se produce un violento enfrentamiento entre los estudiantes del Instituto de La Habana y los militares dirigidos por el jefe de la Policía. Al día siguiente Pablo publica en Ahora la crónica titulada “El 3 de mayo, 30 de septiembre del Instituto de La Habana”. Pablo no es solo cronista, también participante.

Toda la tarde de ayer el Instituto de La Habana se convirtió en un verdadero Verdún del estudiantado cubano.

Sin cerrar siquiera las puertas, los muchachos —¡las muchachas!— del Instituto, resistieron un sitio en el que el ejército, atrincherado principalmente en el Diario de la Marina —¡tenía que ser!— empleó los 45, los springfields, la ametralladora y, por último, el bombardeo con gases lacrimógenos.

El público se aglomeró en los alrededores del edificio, ocupando los portales protectores que rodean el Parque Central y las azoteas, para contemplar cómo se ametrallaba a los muchachos del Instituto, muchos de los cuales ganaron en la lucha contra Machado prestigios a los que no puede aspirar todo el ejército de Cuba junto.

Las balas penetraron más de una vez en el interior del Instituto, arrancando trozos de paredes, rechinando al rebotar sobre los mármoles de la escalera, silbando rabiosamente cuando las columnas cilíndricas hacían desviar su curso. Las balas también mordieron la carne heroica de los muchachos y Raúl Anaya perdió una mano y Gerardo Boudet fue atravesado de parte a parte por otra. Antonio González1 murió. Otros más, en la calle, recibieron heridas y contusiones. Centenares de desconocidos tuvieron que retirarse a sus casas con los fenómenos de la intoxicación por el gas.

(…) La masa estudiantil en pleno, sin distinción de matices ninguno, repulsaba con energía indomable la barbarie del hecho, y lemas anhelosos y vibrantes por un Frente Único de Lucha contra el terror, por un lado, y por otro, clamores de venganza por los compañeros caídos, llenaron las paredes de los corredores.

El 3 de mayo de 1934 será de hoy en adelante el 30 de septiembre del Instituto de La Habana.

Estuve allí desde el comienzo de los sucesos al mediodía hasta el anochecer y todo lo que relato se ha tomado del ambiente sudoroso y combativo que reinó dentro del Instituto.

Agosto. Comienza a publicar una serie de trabajos en los que sigue las asambleas estudiantiles de depuración del profesorado que dio su apoyo al presidente Machado. Pablo no solo ejerce funciones de reportero, también participa de los debates. El caso del doctor Antonio Sánchez de Bustamante, profesor eminente y connotado machadista, genera violentas discusiones. Pablo es decidido partidario de su expulsión.

La novena sesión de la asamblea depuradora estudiantil, animada de un espíritu realmente “masacrador”, como en el pintoresco argot estudiantil se decía ayer, votó la expulsión de un grupo de profesores y consumió el primer turno del juicio del doctor Antonio Sánchez de Bustamante.

La asamblea se caracterizó por la violencia de sus juicios y por la defensa interminable hecha por el doctor César Salaya del caso del doctor Bustamante, defensa que quedó suspensa para hoy a las ocho de la mañana.

30 de septiembre. Publica en el magazine dominical de Ahora su trabajo “La última sonrisa de Rafael Trejo”, uno de los más conocidos y conmovedores de su carrera periodística.

17 de noviembre – 24 de noviembre. Publica en Ahora su serie de reportajes titulada originalmente ¡Tierra o sangre!, conocida por Realengo 18. Es periodismo de investigación y de denuncia, pero es también poesía:

Por las montañas corre la leyenda de Lino Álvarez, el presidente de los realenguistas, que tienen en él al jefe, al guía, al hombre con el sentido del mando y con el ímpetu de la acción y la audacia. Para saber si esto es verdad basta llegar al bohío El Desengaño, cuando él no esté, como me pasó a mí. La mujer entonces, a cualquier pregunta respondería: “Yo no sé…Aquí el que sabe es Lino…”. Y si resulta periodista como yo el que llega, la mujer dirá: “A mí no me apunte en ningún ‘papel’, ni saque ninguna vista con la ‘recámara’, porque aquí el que manda es Lino y no estando él no se puede hacer nada…”

La naturaleza es el gran libro de la superstición campesina, que encuentra en ella todas las grandes fuerzas incontrolables: la luz, la noche, la germinación, la tempestad y el silencio. El miedo, hijo del silencio y de la noche, vive en el campo como rey absoluto, rodeado de su corte de fantasmas, de extrañas luces, de aparecidos, de transmigraciones!… Por paradoja, no hay imaginación más creadora que la del hombre inculto. Ellos son los que han suministrado siempre, fecundados por el miedo, el material para los grandes artistas de los tiempos. Y por los montes del Realengo 18, tan semejante aún al bello mundo incivilizado, los campesinos tienen también sus leyendas. Allí, por las pocetas de los ríos duermen los jigües, los traviesos diablitos del agua que espantan a las biajacas de los anzuelos traidores, ¡y hay que echarles una botella de ron para que vayan al fondo a emborracharse y poder pescar mientras tanto!”

7 de diciembre – 12 de diciembre. Publica en Ahora la serie de cuatro reportajes titulada Chicola, de fuerte impacto como denuncia de la corrupción administrativa.

Para conocer cuánto significa de privilegio y de robo a la república Chicola, se debe hacer, aunque sea a la ligera, un recordatorio de lo que significa un subpuerto en un país tan rico en puertos verdaderos.

Un subpuerto no es otra cosa que un embarcadero situado en la soledad de la costa —ninguno acaso tan solitario como Chicola— enclavado en terrenos particulares y “construido” con el propósito prácticamente exclusivo de dar a estos particulares una oportunidad excepcional para exportar sus productos en condiciones privilegiadas. Esto es en sí un subpuerto. Pero esto, a su vez, entraña una serie de circunstancias dignas de ser conocidas.

Por lo pronto, no son ferrocarriles públicos, sino particulares, los que realizan el transporte de mercancías a estos embarcaderos; y estos ferrocarriles son servidos por un personal explotado al máximo (recuérdese que los subpuertos pertenecen a los latifundios azucareros, en donde el obrero es considerado siempre como una caña más para el trapiche de la explotación) y que además, no disfruta del retiro ferroviario. A esto hay que añadir que el personal empleado pertenece a esa población flotante de los ingenios, que no arraiga, que mucha es extranjera y cuyos salarios —si algo les queda— sale de Cuba, con detrimento de la economía nacional.

—-1935. 6 de enero. Publica en Ahora su trabajo “Mella, Rubén y Machado”. Tiene la particularidad de que en él narra las circunstancias, momento y lugar exactos en que Rubén Martínez Villena califica al dictador Gerardo Machado de “asno con garras”, que Pablo recoge para la historia.

De aquella entrevista [con el licenciado Barraqué, secretario del gabinete de Machado], que facilitó sin duda la libertad de Mella, ya casi agónico, vino Rubén para el bufete y allí, todavía con los ojos iluminados de violencia, pero también de burla ya, me contó cómo había sido, suprimiéndole, con su clásica modestia, el marco que tanto elevaba su actitud. Y, formulando su juicio definitivo sobre Machado, me dijo, animándose, contento de su dureza, de su insulto y de su burla:

-¡Ese es un salvaje… un animal… una bestia… es un ASNO CON GARRAS! Y el rostro se le iluminó a Rubén con la alegría del hallazgo, y repitió: ¡Es un ASNO CON GARRAS!… Y se rió feliz por el retrato con que de manera magistral acababa de plasmar ante la Historia a aquella bestia, que desde aquel momento y para siempre fue solo eso, un ASNO CON GARRAS, genial expresión matemática de un alma de tigre y una sentimentalidad de jumento, que destruyó de un zarpazo el esplendor glorioso de la juventud de Julio Antonio Mella y destrozó con el destierro, el invierno y las luchas, la pequeña vitalidad generosa de Rubén Martínez Villena!…

Hoy, mientras que Mella y Rubén son dos nombres fulgurantes, como dos estrellas polares, él, tigre sin garras ya, es solo un “asno errante”, un lamentable pollino recibido a palos en todas partes y que tiene que buscar refugio inestable en los corrales en donde viven los Trujillos, los Hitler, y los Mussolini, sus compañeros de especie zoológica!…

26 de febrero. Publica en Ahora su último trabajo, “El pueblo de Jovellanos todavía ayuda a mantener a Viriato en el extranjero”.

7 de marzo. Circula la última edición de Ahora. Al día siguiente es asaltado por fuerzas del gobierno y clausurado definitivamente.

Marzo. Se declara la huelga general, que se mantiene por algunos días hasta hacerse evidente su fracaso. Pablo ha estado profundamente involucrado en el proceso de organización, se desata la represión gubernamental y Pablo consigue escapar por avión antes de ser detenido o asesinado. En Nueva York se le dificulta encontrar trabajo.

29 de marzo. Desde el exilio escribe el trabajo titulado “Este es Fulgencio Batista”, que ningún órgano de prensa le publica en Cuba. Se trata de un estudio pormenorizado (y premonitorio) y además bien razonado acerca de las ambiciones de este militar devenido político que asume los destinos de Cuba:

¿Cómo surgió Batista al poder? El 4 de septiembre de 1933, la madrugada del famoso golpe militar de Columbia contra la oficialidad del machadato, Batista era un sargento taquígrafo… Es decir, era un burócrata en el ejército, que nunca había tenido contacto con la tropa. No sabía ni marchar, ni montar a caballo, ni armar una ametralladora, ni saludar con cierto aire marcial… Nunca había tomado parte en ninguna campaña… Ni siquiera había perseguido nunca a ningún bandolero… Sin embargo, por encima de todos sus compañeros sargentos, que sí eran militares, que sí habían tenido contacto con la tropa siempre, salta el nombre de Fulgencio Batista y el pueblo, con su genial intuición, adivinó que se trataba de un leader de piratas.

Después, todavía con las barras de sargento, fue abrazado por los cinco presidentes de la efímera pentarquía2… Más tarde, fue abrazado por el doctor Grau San Martín… Poco después abrazó él a Mendieta y lo tomó bajo su protección. Bajo el comentario irónico del pueblo de Cuba, siempre suspicaz, dio largos paseos a caballo con el embajador Caffery.

(…) Este es Fulgencio Batista, el que pasea a caballo con Caffery y algunas veces recibe al pobre presidente Mendieta, la marioneta de gestos furiosos, que él mueve a su antojo por hilos demasiado visibles para el pueblo…

Este es Fulgencio Batista, el nuevo Capablanca del ajedrez político de Cuba; el nuevo mastín de cara amable, un poco proclive a la obesidad por la suculencia del rancho militar, de quien dispone la Embajada americana en La Habana, en su apostólica misión imperialista…

Este es Fulgencio Batista. Los políticos, en su impotencia, lo combatirán por el terror. Nosotros, los luchadores antimperialistas, desenmascarando su rol y propiciando la revolución de las masas populares de Cuba contra la penetración económica y política y contra todos los que, como él, no tienen otra misión que engañar al pueblo con promesas falsas y aterrarlo luego, con asesinatos verdaderos…

11 de abril. Cuenta al amigo y periodista Rafael Suárez Solís:

Y ahora, ¿qué hago yo? Pues te aseguro que soy el más útil de todos los emigrados revolucionarios. De Miami, en donde hay que vivir en repugnante consorcio con los machadistas, salí para el Norte y aquí estoy haciendo propaganda, día por día y noche por noche, sobre el problema de Cuba. Mañana culmina esta propaganda en un acto que por primera. El barrio de Harlem, uno de los más populosos, decretará una hora de huelga general, en apoyo de los trabajadores de Cuba (…) He dado mítines en Brooklyn y en New York y en todos hemos recogido dinero para los presos de allá.

12 de abril. En el exilio, y entre emigrados de diversos países del continente con los que departe, Pablo descubre (sí, descubre) una verdad aquilatada en el tiempo. Es en carta a María T. Suárez, hija del periodista Rafael Suárez Solís, a quien expone su convicción:

He mantenido en los mítines una tesis que ha tenido un gran éxito, por cuanto es verdadera, y que ya habían mantenido antes otros, pero que en ningún momento resulta tan cierta como en estos momentos: a saber, que Cuba es hoy el principal escenario de la lucha contra el imperialismo yanqui en toda América, y que en ella deben concentrarse los esfuerzos de todos los revolucionarios del continente, porque una derrota del imperialismo en Cuba implicaría, ipso facto, un debilitamiento general del mismo en toda América, particularmente en el Caribe.

6 de mayo. Enjuicia las causas del fracaso de la huela de marzo. Desde Nueva York escribe a Ramiro Valdés Daussá:

La huelga no fue un error, sino una necesidad; de lo contrario no hubiera sido posible movilizarla a lo largo de todo un mes que cubrió su ciclo, desde el movimiento de los niños de las escuelas hasta las demandas obreras. Tú no estuviste en La Habana en aquellos días inolvidables. Nadie te los podría pintar. Fueron imponentes. ¡Y nada se hizo! Ni siquiera se replicó al terror. Se dejó asesinar cobardemente a los hombres. Nadie tenía nada preparado. Todos, auténticos, guiteristas, abecedarios, fueron unos canallas o unos imbéciles. Y no admito términos medios. Con un ambiente revolucionario que el más topo hubiera comprendido que avanzaba con el ímpetu del mar, toda esa gente, o dijo que “era prematuro” o que había que esperar cuatro días, cinco horas y23 minutos!… Obreros, estudiantes, empleados y maestros dieron de sí todo lo que tenían. Ellos, los fundamentos del pueblo, realizaron su esfuerzo; pero faltaba el elemento combativo¸ el que le correspondía emplear a los que del movimiento iban a obtener la dirección, la oportunidad de desarrollar un programa revolucionario de los muchos anunciados… De toda la gente, la de Guiteras fue la que mejor quedó, porque se sabía su actitud contraria a la huelga; y los que están bien enterados de su actuación me han asegurado que hizo esfuerzos enormes por obtener lo necesario para alzarse.

6 de mayo. Cuando Pablo se sienta a escribir… He aquí un fragmento de otra de sus cartas de esa fecha. La gripe le afecta su formidable condición física, mas no el humor, ácido en esta ocasión:

Aunque me esté mal el decirlo estoy enfermo. Llevo doce días en cama. Yo, que solo había estado en cama por lesiones o de foot ball o de la policía, ahora, en esta ciudad cabrona, por poco me caigo en la calle, como una señorita histérica, con un síncope. Y desde entonces he tenido gripe en todos y cada uno de los órganos de que me compongo. Últimamente me ha querido dar en los ojos y en los senos frontales, bajo la conocida y popular fórmula de la sinusitis. He tomado potingues para facilitar la salida monolítica de los camaradas gargajos; me he puesto el termómetro en la boca, por no ponérmelo en el culo que es lo que aquí se acostumbra; y, por último me he barrenado la nalga con inyecciones de aceite, mucho más útil para ensalada que para el catarro. Y hoy, en fin, sigo con gargajos, dolores y gripe. Pero todo se arreglará o me acaba de dar la temible neumonía que es lo que parece que ha querido entrarme, como si también fuera del Servicio Secreto…

14 de mayo. La noticia de la muerte de Antonio Guiteras y de Carlos Aponte a manos de fuerzas del gobierno llega a Nueva York. En carta a Alberto Saumell, Pablo reconoce cuánto esto afectará el movimiento insurreccional en la Isla:

La situación de Cuba es abrumadora. La muerte de Guiteras ha sido el golpe más rudo que se le pudiera haber asestado a la revolución. Él salía para Honduras [en realidad para México] a preparar las expediciones. Y Aponte, que iba con él, hubiera logrado reunir un contingente grande de buenos peleadores de experiencia, en la lucha de Nicaragua. Para nosotros sigue siendo un misterio todavía cómo fue que solo murieron Guiteras y Aponte, las dos figuras principales, precisamente de balazos en el pecho y la cabeza, y permanecieron intocados todos los otros. Por las fotografías que supongo habrás visto, verás cómo estaban destrozados, particularmente Aponte. Desde el punto de vista político, el desastre retarda la revolución hasta fecha indefinida

7 de julio. Desde Argentina, el editor Ricardo S. Freire le solicita datos personales para la posible inclusión de textos suyos en una antología. La respuesta por correo, fechada este día, incluye una biografía que puede servirnos de sintética autobiografía:

Esto es lo más saliente: 32 años. Actividades literarias: el cuento y el periodismo, casi todo revolucionario. Vida: infancia y adolescencia, dramática, pero silenciosa. Juventud: actividades políticas. Luchas contra el gobierno de Machado. Herido en la calle en el primer choque entre estudiantes y policía, en la Habana. Persecuciones. Prisiones por más de dos años, en las fortalezas de La Cabaña, El Príncipe, la Cárcel de Nueva Gerona y el Presidio Modelo de Isla de Pinos. Destierro al final de este período. Nuevas luchas en Cuba contra el imperialismo yanqui y sus servidores nativos. Nuevas persecuciones. Periodismo. Por último, después de la huelga general, por actividades contra el Ejército, tuve que salir de nuevo de Cuba y por segunda vez estoy en New York. Publicaciones: Batey en 1930 (cuentos cubanos en colaboración con Gonzalo Mazas Garbayo). Periodismo revolucionario en Alma Mater y Línea, órganos estudiantiles. Más tarde, trabajo regular en Ahora, diario y, esporádicamente en Bohemia, revista semanal. Listo para publicarse Presidio Modelo. En la imaginación: Una biografía de Julio Antonio Mella; Protagonistas (relatos de vidas de ilustres desconocidos) y novelas sobre la revolución y la vida estudiantil; comprendiendo la vida de Carlos Aponte (ayudante de Sandino). Y, como esperanza, la revolución. Eso es todo. Es bastante hasta ahora, aunque pudiera ser más.

Agosto. Para esta fecha ya existe la Organización Revolucionaria Cubana Antimperialista (ORCA). Ha sido creada por Pablo, como secretario general, junto a Raúl Roa, Gustavo Aldereguía y otros compañeros, destinada a orientar que orientó su trabajo hacia la búsqueda de la unidad de las fuerzas revolucionarias:

Hay, pues, necesidad de meter el pecho, hacer frente a las dificultades y no olvidar en ningún momento que desde que nos planteamos la necesidad de la creación de ORCA, comprendimos que el trabajo era duro, largo y difícil. No nos podemos llamar a engaño.

12 de octubre. Ve la luz el primer número de Frente Único, que redacta Pablo y es vocero de la Organización Revolucionaria Cubana Antimperialista (ORCA). En su primera página aparece el artículo titulado “Toque de rebelión”, referido a La Demajagua:

¿Cuándo ha dejado de sonar en Cuba el repique de la campana llamando a la lucha por la libertad y la justicia? ¿Cuándo ha dejado de haber esclavos en nuestro país? ¿Hasta cuándo habremos de sentir en nuestros corazones, como una cosa lúgubre, ese repique sombrío, ese sonar de bronce, llamándonos a la pelea y a la muerte? ¿Hasta cuándo habrá víctimas gloriosas y traidores aprovechados?

El periódico se nutre de trabajos llegados desde distintos puntos de Estados Unidos donde se encuentran los colaboradores, y los textos no están firmados por sus autores, aunque en muchos de ellos es fácil percibir el estilo de Pablo. Una vez impreso es introducido y distribuido clandestinamente en Cuba. Para posibilitar este propósito se imprime en un formato pequeño, de escasos 14 x 11 cm y en papel muy fino.

27 de noviembre. Sale el segundo número de Frente Único, en recordación del bárbaro fusilamiento de ocho estudiantes de Medicina por el gobierno colonial español. El primer trabajo, que da título a esta entrega, es “Para Cuba que sufre…”, y a partir de la frase martiana desarrolla una denuncia de la realidad cubana:

¡Para Cuba que sufre la opresión de un déspota de cartulina, cuadra y betún, la primera palabra!

¡Para Cuba que sufre la presidencia de un muñeco, títere de un títere, la primera palabra!

¡Para Cuba que sufre las garras de un buitre sanguinario del Norte, la primera palabra!

¡Para Cuba que sufre el espectáculo de un festín de tiñosas, en discordia sobre el cadáver pútrido de una política encabezada por ladrones y traidores, la primera palabra!

¡Para Cuba que sufre por el asesinato de sus más valerosos hijos, la primera palabra!…

¡Para Cuba que sufre por el sacrificio inútil de cien héroes, y el hambre, la prisión y el destierro de millares de hombres, la primera palabra!

28 de noviembre. Escribe: “He trabajado en factorías; he vendido por las calles y he trabajado en los restaurantes. No puedo negar que esta vida dura y miserable ha infiltrado en mí un odio torpe que, a veces, se escapa sobre las férreas concepciones políticas”.

Funda el Club José Martí y la Organización Cubana Antiimperialista (ORCA), de la que es secretario general, publica y dirige el órgano de esta, Frente Único. Los ejemplares, en pequeño formato y papel económico, se introducen clandestinamente en Cuba. En Nueva York firma y recibe la correspondencia a nombres de Carlos Rojas. También bajo ese seudónimo escribe artículos que son publicados en Bohemia. Se trata de los titulados “La bolita en Nueva York”, “El Normandie no es francés” y “Guajiros en Nueva York”, en las ediciones del 5 de mayo y 23 de junio de 1935, y en la de 21 de junio de 1936, respectivamente.

14 de diciembre. En carta de esta fecha a los miembros de uno de los clubes establecidos en otras ciudades norteamericanas, fija sus criterios acerca de las normas que deben regir el trabajo político en el exilio, cualquiera sea la organización que lo emprenda, siempre y cuando lo haga por principios. Pese a la seriedad del asunto, a Pablo le queda un espacio para el humor:

Por adorno, no se debe pertenecer a una organización. Reúnanse semanalmente. Hagan actas de esas reuniones y comuníquenme, como Secretario General, los acuerdos y resoluciones. Uds. verán cómo, de esa manera, algún trabajo desarrollan. A esas reuniones procuren llevar elementos simpatizantes e irán nutriendo las filas. Si la colonia hispana es heterogénea, como dice Gafas, busquen motivos heterogéneos para reunirlos. Cuando un hombre no sirve para nada en la revolución, sirve, a lo mejor, para que baile, coma y beba y pague por ello. Si esa colonia está tan apartada de la revolución hay que atraerla por métodos suaves. Hoy se le saca producto hasta a los caballos muertos. Nosotros estamos en la obligación de sacarle algo para la revolución a todo el mundo. Hagan suscripciones para el periódico. Piensen que, con un centavo se paga el franqueo a Cuba de cinco periódicos. No vacilen, pues, en obtener un centavo para el periódico. Uds. no pagan cuota ni nada. Paguen cuota al organismo Central. Fíjensela y, mensualmente, envíennos algo, ya que nosotros les damos pruebas patentes y constantes de nuestra actividad. Los que tengan relaciones en Cuba, obtengan dinero de ellas, no importa qué cantidad. Hagan parties y rifas en ellos. O múdense de Filadelfia, carajo, si es que ahí ni a la estatua de William Penn se le puede quitar un poco de cobre!… En todo caso empeñen la estatua de Jorge Washington que seguramente habrá ahí…

—-1936. 6 de enero. Comienza un año, pero la situación económica de Pablo sigue siendo precaria. Es a su amigo Gonzalo Mazas Garbayo a quien hace depositario de sus impresiones de Nueva York y su añoranza. Humor y poesía coexisten con el drama en el más puro estilo pabliano:

Como ciudad, debe ser la mejor del mundo, supongo yo. Pero, como para mí no hay ciudad como la de la naturaleza, pues como aquí no hay ni el cielo, ni el mar de la Habana, ni esa transparencia emocionante de allá, me gustaría mucho más siempre el arco del Malecón que la belleza un poco tristona de Riverside. Y aquí hay nieve, que es bella, inverosímilmente blanca, pero no hay lluvia. La nieve da ganas de salir a la calle a caminar contra el frío y el viento. Pero el frío es cosa cruel. Da hambre y nunca abriga nada lo bastante. Yo lo resisto bastante bien, y hasta tengo mi pose de habitante de los Polos, porque, como me gusta, lo resisto y hasta lo provoco; pero a la gente que lleva años aquí y ha perdido ya los estímulos de la aventura, los dobla por las calles y los hace sufrir.

15 de enero. En una de sus cartas medulares escribe a su fraterno amigo Raúl Roa:

Mis cartas son las actas oficiales de mi pensamiento. No tengo nunca miedo a escribir lo que pienso, ni con vistas al presente ni al futuro, porque mi pensamiento no tiene dos filos ni dos intenciones. Le basta con tener un solo filo bien poderoso y tajante que le brinda la interna y firme convicción de mis actos.

28 de enero. En saludo al aniversario 82 de José Martí, sale el tercer número de Frente Único. “La voz de Martí” es su primer trabajo:

Hoy, en la fecha de su natalicio, cada hombre de la revolución ha de sentir un estremecimiento de su conciencia. ¿Ha cumplido cada cual con su deber?

Todos los voceros revolucionarios evocan siempre a Martí; todas las páginas se cuajan con sus pensamientos; todos los oradores citan el ejemplo de su vida. Todas las organizaciones manifiestan mantener la ideología de Martí y la decisión de luchar por ella hasta morir, Mas ¿se ha interpretado bien la vida y le pensamiento del héroe sin odios?

Cabe recordar, ahora más que nunca, que la revolución porque luchamos es justamente aquella que cayó abatida con el balazo fatal de Dos Ríos.

Con la visión más clara ya de nuestros problemas; con hombres de la grandeza de Mella y Martínez Villena, y de Guiteras, caídos también en la contienda interminable, no podemos olvidar que en aquella frente, enorme y luminosa como un día de sol, una bala anónima destrozó el épico amanecer de la lucha antimperialista en América.

10 de marzo. Carta a Roa sobre las actividades de ORCA y el drama cotidiano:

El periódico es nuestra arma y el Club es nuestra obra. Ambas cosas hay que retenerlas, porque ellas son la prueba, la justificación material de nuestra existencia. Ya yo no sé cuántas maravillas y milagros más intentar. Casi, dentro de poco, voy a creer en la existencia de Dios. Porque sólo él explica que cuatro muertos de hambre hayan sido capaces de dar mítines, fundar un Club, publicar manifiestos y sacar tres periódicos. El prodigio ha pasado a la categoría de cosa cotidiana. Damos ahora todos los domingos unos bailecitos que van dando ocho, diez, doce pesos; hemos hecho una intensa campaña por poner los cobros al día; proyectamos un baile grande; tenemos que mudarnos, porque estamos demandados y dentro de tres días nos vamos o nos botan.

13 de junio. Carta a Raúl Roa, considerada un ensayo epistolar y como tal se ha publicado bajo el título Álgebra y política. Es un texto en que Pablo aporta datos sobre sus años escolares y reflexiona sobre la situación política cubana:

Especulando, especulando, ayer descubrí la íntima conexión del álgebra con la política. Porque, si no hay duda que la política es problema, el álgebra es la ciencia encargada de resolver todos los problemas generales de la cantidad. De ahí me vino a la imaginación eso que considero íntima conexión entre ambas. No vayan a pensar que estoy loco o más bromista que otros días. Es un asunto serio. Revisando en mi imaginación todo el complicado panorama político cubano de hoy –que tanto varía de aquí a mañana– y en el cual hay tantas cosas por resolver y aun por plantear; y existe tal enorme confusión de factores y tanta posibilidad contradictoria de resultados, como una cosa natural me vino el recuerdo de cuando yo estudiaba álgebra en el Instituto de Santiago, donde el padre de Marcio me puso El Cometa, porque de tarde en tarde aparecía en la clase, resolvía brillantemente algunas ecuaciones o factores, y desaparecía sin dejar otro rastro que el de la absoluta seguridad de encontrarme jugando a la pelota en el Malecón. Hoy, estoy absolutamente seguro de que mi camino verdadero, a pesar de mis suspensos y mis aprobados miserables, estaba por ahí, por el álgebra, la geometría, toda esa ciencia matemática, llena de especulación, de descubrimiento, imaginación y grandeza.

21 de junio. El semanario Bohemia le publica “Guajiros en Nueva York”, sobre una exposición del pintor cubano Antonio Gattorno. Por este artículo se le confiere póstumamente el Premio “Justo de Lara” en 1937:

Los guajiros han venido a Nueva York por la primera vez. Los trajo Antonio Gattorno, el pintor menudo y silencioso, que siempre se parece a sus cuadros. Tanto, que ahora ha venido a descubrirse que también él tiene, a pesar de su aire inconfundible de ciudadano pulido que ha visto ciudades y barcos, algo así como un alma de guajiro, recogida y tristona, que se manifiesta en lo exterior por esa fragilidad física y ese color palúdico, que él ha traído a Nueva York en los guajiros de sus cuadros, siempre impávidos, trágicos y silenciosos.

Desde las ventanas de las galerías del French Institute, los guajiros contemplaron las últimas nevadas, y vieron, indiferentes, el asombro de los yanquis robustos y colorados, ante tanta amarillez en medio de tanto azul, de tanto sol resplandeciente. Después, muchos de esos guajiros se han ido, siempre indiferentes, siempre melancólicos, a adornar rincones de turistas viajadores. Uno de ellos, obtuvo un premio en Chicago. Y, en general, el mérito del conjunto ha sido recogido por algunos nombres de categoría. Tales, John Dos Passos y Ernest Hemingway.

(…)Toda esta pintura última de Gattorno no gusta solo porque sea buena. Y es buena. El dibujo, siempre fino y humano, y el color, “lumínico” de las tintas; los contrastes entre los azules profundos, añílicos, de los cielos y los patéticos rostros amarillentos; los verdes potentes de los platanales y las palmas y la acusación roja de las tierras, son magníficos en sí, pero mucho mejores son por la intención lograda al usarlos. Porque no hay duda de que, sobre todo desde un salón próximo a la Quinta Avenida de Nueva York, todos estos cuadros han mostrado su clara motivación social. Han mostrado, ante rostros, rojos de todas las vitaminas, de todas las abundancias, el hambre de un pueblo entero, desconocido, pero falsificado. Por eso además, ha sido estupendo que no trajera rumberas, mulatas de solar y negros de bongó. Y no porque en todo esto, que también es verdad y que es parte vibrante de nuestra vida, la cara alegre de la tragedia, no haya también un empeño claro de interpretación nacional y social. Sino porque, sobre todo aquí en New York, a través de cabarets malos y de artistas peores, lo mismo que se ha falsificado a México y a la Argentina, se ha falsificado a Cuba.

18 de julio. Estalla la Guerra Civil Española ante el levantamiento militar sedicioso contra la República.

23 de julio. Pablo cuenta cómo es su día de trabajo:

Tengo que barrer y mapear un cabaret después que se va la gente, por lo que me levanto a las tres de la mañana y salgo a las tres de la tarde. Quiere decir que me anula el día, me rompe las comidas y sólo me dan diez pesos sin ningún día “off”.

31 de julio. Participa, toma fotografías y escribe acerca de la manifestación en Union Square, Nueva York, a favor del Frente Popular en España. Redacta una crónica para el semanario Bohemia, que no la publica en su momento:

Union Square, como se sabe, es la Plaza Roja de New York. Allí terminan las paradas de los primeros de mayo. Allí se hacen todas las demostraciones contra la guerra y el fascismo y allí se plantean las demandas de los trabajadores americanos. En los días todos del año, siempre hay grupos de hombres y mujeres hablando de la revolución. Todos son siempre de distintos pueblos. Pero se entienden en neoyorkino, que es una especie de inglés. La policía odia esa plaza. La revolución la ama porque ha sido el escenario de sus primeras luchas difíciles. Y no es pequeño, pero tampoco es uno de esos parques a la americana con lagos, bosques y pistas. La rodea una muralla desigual de edificios que recuerdan el pretencioso New York viejo, de hace unos pocos años, cuando todavía no se habían elevado ni el Chrysler ni el Empire State Building. En una esquina, desde la torre elevada, un gran reloj cuenta el tiempo, señor absoluto de la ciudad. Y la calle Catorce, la de las ventanas escandalosas y los vendedores ambulantes, es un río de gente que limita la plaza. En este lugar fue donde se verificó la gran demostración de solidaridad internacional de los trabajadores a favor del Gobierno español de frente popular y en contra de los sublevados fascistas y monárquicos.

(…) Y ondeaban los estandartes rojos de todos los clubs. No solo de los españoles. No solo los de los hispanoamericanos. También los de los clubs alemanes, italianos, chinos, americanos, franceses. Y los oradores hablaron también así. Nadie los entendía, pero todo el mundo los comprendía. Hubo quien habló en alemán. Otro en judío. Otro en ruso. Cuando uno comenzó a hablar en italiano, mucha gente, con simpatía, exclamaba: “¡Ese es español!”… Y cuando hablaron los oradores españoles Garriga, García y Alonso ocurrieron las grandes ovaciones. Había representaciones cubanas del Club Mella, el Tampa y el Club Martí.

4 de agosto. Escribe a Raúl Roa:

Tengo la febrilidad casi loca de mi pensamiento sobre el viaje a España, que no se me ocurrió antes de puro imbécil que me he puesto cargando bandejas. Creo, firmísimamente, que allí está mi puesto, tanto como periodista como revolucionario. Adivino que en Cuba tiene que haber una extraordinaria tensión sobre la revolución española. El aspecto exterior de ella, lucha de las milicias populares frente al ejército, ha de ser lo de mayor resonancia y pienso que a esa lección se le puede extraer extraordinario provecho.

Además, voy a aprender allá. Y tal vez a asistir a sucesos insignes. Y no me cabe duda ninguna de que el mundo entero gira hoy alrededor de la revolución española.

18 de agosto. A su fraterno Raúl Roa le sintetiza una motivación que lo atiza a embarcar hacia España y es una de sus frases más conocidas:

La emoción del impulso (…) me dice que allá está mi lugar ahora. Porque mis ojos se han hecho para ver las cosas extraordinarias. Y mi maquinita para contarlas. Y eso es todo. En realidad, me gusta tanto aprender como enseñar.

Va como corresponsal de las publicaciones New Masses y El Machete, de Estados Unidos y México, respectivamente.

Septiembre. Viaja a Europa en el Ile de France. Desembarca en el puerto de Havre y asiste al Congreso de la Paz en Bruselas. Pasa por París y entra en España a finales de mes.

25 de septiembre. Fecha de la primera de sus cartas desde España, aunque para entonces ya enviado varias crónicas: “¡Des Avions pour l’Espagne!...”, “Barcelona bajo el signo de la revolución”, “El Partido Socialista Unificado de Cataluña”, “La aviación en la guerra de España”, “Polizones del Magallanes” y Cuatro muchachas en el frente”.

Llegué anoche a Madrid, después de varios días en Barcelona. El viaje fue épico. Ya, desde las ventanillas, al pasar por el Alcázar de San Juan, pude presenciar los primeros estragos de la guerra: un bombardeo, sobre un pueblo indefenso, hecho por los «heroicos» aviadores fascistas, que, según me contó el propio teniente coronel Sandino, jefe de la Aviación y ministro de la Guerra de Cataluña, jamás dan la cara cuando el combate es serio y les acometen los aviadores leales.

(…)Trabajo sin descanso. Me sobran energías, pero me falta tiempo. Debía prolongarse el tiempo, aunque fuera por un decreto revolucionario. Quisiera no tener que escribir por ahora, porque escribir me lleva el tiempo que necesito para ver. Mas, con todo, espero que no se quejarán, pues, con las dificultades naturales del desconocimiento del ambiente, he hecho más de una crónica por semana y, muy pronto, espero que haré no menos de dos o tres semanalmente. ¡Ah!, espero que habrás recibido el informe que hice desde Barcelona para el Comité Antifascista. Ya haré otro desde aquí.

10 de octubre. Está en el frente, en las trincheras. El corresponsal-combatiente se ha convertido en el combatiente-corresponsal. Escribe en una de sus cartas:

Nuestro parapeto es uno que se conoce por “La Peña del Alemán”, y está frente a uno de ellos al que llamaban “el parapeto de la muerte”. Estos puntos constituyen los dos fuegos más próximos, al extremo de que, en cuanto oscurece, empiezan, de parte y parte, los discursos que concluyen con los insultos de rigor. Yo tuve el honor de endilgarles tres discursos en una sola noche. Y acabaron por gritar: “Que hable el cubano”. Ya ves tú qué honor, que los “camaradas fascistas”, como les llamaba, tuvieron gusto en oírme. Claro que no fueron discursos al estilo mío del “Mella”, que tanto indignaban la seriedad de la compañera de Ramírez. Fueron en serio y después de cada uno de ellos se quedaban en silencio, como pensando qué contestar. Al fin se salían por la tangente, planteando otros problemas, a los cuales daba rápida contestación. Por último, donde llegó mi elocuencia a la cúspide fue cuando, recogiendo mi alusión de que les disparábamos con balas mexicanas, me plantearon el problema de cómo yo me atrevía a reprocharles a ellos usar aviones italianos si empleábamos balas mexicanas. Y he aquí que mi “poderosa” dialéctica dejó definitivamente aclarada la diferencia que existe entre un avión de Mussolini y una bala de los trabajadores de México.

29 de octubre. Pura poesía emana de este fragmento de la crónica titulada “En el parapeto”:

Me acosté a cielo abierto, porque no había más espacio en las pocas chabolas que aún se habían hecho. Había una clara luna remota, de menguante. Y las estrellas, mis viejas amigas del cielo del Presidio. Tanto tiempo sin verlas. De pronto me entró una duda. ¿Era Casiopea la constelación que brillaba sobre mi cabeza? El cuerpo me temblaba por el frío, como si fuera un flan. ¿Tendré yo miedo —pensé— que no me acuerdo bien de lo que sé? Me acordé de Cuba, de Teté Casuso, de mis perros y de mis árboles, en Punta Brava. Yo me dije: a lo mejor, en la guerra, cuando uno tiene un recuerdo es porque se tiene miedo. Pero no estaba convencido. El relevo de las doce, un gallego de imponente vozarrón, me dijo:

Camarada, tienes frío. Toma esta manta y ya luego nos arreglaremos. Pero no sabes dormir en la tierra. Echa pa’acá, hombre. Y me hizo una especie de almohadilla con paja y piedra, que quedó muy bien.

30 de octubre. Crónica “We are from Madrid”:

Yo he visto demostraciones del primero de Mayo en New York. Yo he visto los mítines de Union Square y el Madison Square Garden. Yo he visto las demostraciones populares de La Habana, en contra de la presencia de los acorazados americanos en aguas cubanas. He visto a un hombre bajo el paroxismo revolucionario, disparar con su revólver contra los barcos de guerra yanquis, en la bahía de La Habana. He visto a un hombre, bajo el pánico, huir del linchamiento de una multitud justamente furiosa. He visto la cara de un policía acobardado delante de mí. Y he visto sonreír a un compañero moribundo. Mi memoria es un diccionario de recuerdos indelebles.

28 de noviembre. Ha encontrado otros combatientes cubanos incorporados a la lucha en España.

Ayer tuve que utilizar buena parte de la tarde en la visita a un compañero, el capitán Alberto Sánchez, superviviente de El Morrillo, que se ha hecho comunista aquí, en el frente, que solo tiene veinte años…

21 de noviembre. Fecha de la última de las crónicas de Pablo, titulada “Campesino y sus hombres”, reunidas primero en el libro Peleando con los milicianos y después en Cartas y crónicas de España. Obsérvese el vigor descriptico de este fragmento inicial:

Yo soy el Comisario de Guerra del batallón del Campesino. Pero, en realidad, ni Campesino ni sus hombres necesitan comisario.

Sus hombres, los que él templó para la guerra en Somosierra, Buitrago, Villas Viejas y Gargantilla, al lado de los hermanos Paco y Pepe Galán, no necesitan ni estímulos ni ejemplos. Ellos los dan. Son una tropa joven, ardiente, anhelosa siempre de que le den los lugares difíciles para demostrar lo que hacen los hombres que tomaron “la leche de Buitrago”·. Son de todas partes de España. Campesino, el comandante, se ríe de sus oficiales porque casi ninguno “tiene pelo de barba”. Sus oficiales, cuando caen heridos, se dan ellos mismos de alta en el hospital, en contra de la opinión del médico, para terminar sus curas en el botiquín del batallón. Y allí está Varela, un estudiante de medicina de pelo negro con mechones blancos, para el que ninguna herida es grave, y que siempre encuentra argumentos para que nadie deje de ir a la línea de fuego.

28 de noviembre. Escribe:

El día 25 creo que lo pasé todo en Alcalá. Descubrí un poeta en el batallón, Miguel Hernández, un muchacho considerado como uno de los mejores poetas españoles, que estaba en el cuerpo de zapadores.

19 de diciembre. Cae combatiendo en el frente de Madrid, en Majadahonda. Siete días antes ha cumplido 35 años.

23 de diciembre. Entierro en el cementerio de Chamartín de la Rosa, cerca de Madrid. Miguel Hernández compone y dice su “Elegía Segunda”. El escritor Lino Novás testifica acerca de los hechos de aquel enterramiento:

Durante más de una hora permanecimos callados junto al cadáver. Una representación de la Marina le había traído una corona, y los marineros velaban también a este camarada nacido en medio del mar. Un delegado de la Junta de Defensa y el comisario que lo sustituye al frente de la Brigada Campesinos vinieron a expresar su sentimiento a los cubanos que estaban allí. En pocos meses, Pablo se había hecho querer y admirar de todos. Todos se dieron cuenta de que habían perdido un héroe. Yo hubiera querido decirles allí mismo que todos habíamos perdido también un gran escritor. A la puerta esperaba la carroza. La tarde se iba tornando plomiza. El silencio era más y más profundo. Nos dijeron por qué se demoraba la salida. El Campesino había resuelto sustituir el ataúd por otro más fuerte, a fin de que el día de mañana pudiéramos llevar más conservados los restos de Pablo de la Torriente a su tierra natal. Cuando se le trasladó al nuevo ataúd, lo vimos incorporarse flexible como si despertara. Tres días hacía que se le había ido la vida, sin embargo su cuerpo parecía a punto de perderla o de recobrarla. Sus rasgos estaban intactos. Se le reconocía especialmente por la expresión dura de la boca, herméticamente cerrada, y por la espaciosa frente bronceada. La palidez de la muerte no había logrado invadir aún su piel.

Pablo salió en hombros de los poetas y de dos comisarios políticos, entre filas de soldados del pueblo, seguido de marinos y amigos personales. De un principio se había pensado llevarle al Cementerio del Este; El Campesino decidió que el de Chamartín era más humilde, más proletario, y por tanto más conforme al combatiente comunista. Pablo hubiera elegido este cementerio para echar en él su cuerpo.

24 de diciembre. Se recibe en La Habana un cable de la AP que informa acerca de la muerte del comisario de guerra Pablo.

—-1937. Embalsamado y en caja de bronce, su cadáver es trasladado a Barcelona. Se pretende trasladarlo a México. Se le hacen guardias de honor en el Club Cubano “Julio Antonio Mella”, en la Ciudad Condal. Dadas las circunstancias de la guerra, no es posible el traslado de los restos, depositados en el nicho No. 3772 del cementerio de Montjuic.

La revista veracruzana Ruta, dirigida por José Mancisidor, dedica a Pablo los números 46 y 47, diciembre de 1936 – enero de 1937. De esta manera, el lector de otras latitudes puede tener una mejor valoración de lo que representó el ejemplo de Pablo de la Torriente Brau para sus contemporáneos y compañeros de armas.

El propio José Mancisidor recuerda:

A Pablo lo conocí en Nueva York. En viaje anterior no había podido verle, estaba enfermo de gripe y mis días, contados en la isla de Manhattan, no me dieron tiempo a saludarlo.

A mi paso para la Unión Soviética y a través de los hilos del teléfono, hablé una noche de marzo con él. “Mañana –me dijo– lo veré”.

A otro día, formal a la cita, llegó a verme. Difícil será que exista, quien habiendo tratado a este niño grande, no lo haya amado desde la primera vez. Todavía lo recuerdo sobre mi pequeña cama en una pequeña vivienda en Irving Place. Comunicándome su ilusión de venir a México, mientras Teté, su graciosa compañera, lo secundaba en sus ansias de crear una obra que siempre había soñado”.

Allí, en Ruta, su fraterno Raúl Roa apunta que “radiante de júbilo, como Sandokan en su débil parao al abandonar el peñasco de Mompracen en busca del leopardo inglés partió de Nueva York al encuentro anhelado del peligro Pablo de la Torriente Brau”. También se lee, en palabras del escritor Carlos Montenegro: “Pensar en él no nos sugiere ningún responso, lo concebimos pleno de vida y de grandeza, de tanta grandeza que aún para escribir estas palabras nos sentimos insignificantes y solo lo hacemos pensando que, al divulgar nuestra admiración, honramos su memoria y fortalecemos aún más el frente antifascista en cuyas primera filas el dio su vida generosa”. Y el poeta Regino Pedroso lo ve “Amigo, camarada, / −niño, gigante, bruto– /, con aplausos de lágrimas / te alzo un cheer de emoción. Por último se reproduce uno de los últimos cuentos de Pablo, titulado “El sermón de la montaña”.

25 de abril. La revista Carteles reseña el homenaje póstumo que tiene lugar en Auditórium, en el cual hablan Teté Casuso, Raúl Roa, Carlos Rafael Rodríguez, y al que concurren Emilio Roig de Leuchsenring y Fernando Ortiz, así como el poeta español Juan Ramón Jiménez, de visita en Cuba.

Julio-agosto. Por iniciativa de Teté Casuso se crea la ya desaparecida biblioteca “Pablo de la Torriente Brau”, cuya localización exacta no hemos podido determinar.

—-1938. Se publica por vez primera Peleando con los milicianos, a cargo de la Editorial México Nuevo.

—-1939. 26 de septiembre. Los restos de Pablo son mudados a una fosa común en la tierra española.

Me quedaré en España compañero”,

me dijiste con gesto enamorado.

Y al fin sin tu edificio tronante de guerrero

en la hierba de España te has quedado.

(…)

Ante Pablo los días se abstienen ya y no andan.

No temáis que se extinga su sangre sin objeto,

Porque este es de los muertos que crecen y se agrandan

aunque el tiempo devaste su gigante esqueleto.

(Miguel Hernández, “Elegía Segunda”)

—-1940. La imprenta La Verónica, de La Habana, publica Aventuras del soldado desconocido cubano, con nota introductoria de Raúl Roa.

—-1949. Primera edición de Pluma en ristre, selección de trabajos de Pablo de la Torriente Brau a cargo de Raúl Roa, con prólogo de Carlos Prío Socarrás y semblanza biográfica de Guillermo Martínez Márquez. Ministerio de Educación, Dirección de Cultura, 1949, 558 páginas.

—-1965. Nueva edición de Pluma en ristre, esta vez por Ediciones Venceremos

—-1968. Se publica nuevamente Aventuras del soldado desconocido cubano, única novela, inconclusa, de Pablo de la Torriente Brau. Es un libro original en su concepción, muestrario de la cultura tan abarcadora de su autor, salpicado de humor y de filosofía basada en su ética. En el prólogo, Pablo explica así el porqué de su novela:

Entre otras cosas de menor importancia, nuestra literatura carece de su libro de la guerra. Desde Sin novedad en el frente —y aún antes, según tengo entendido— Alemania, Francia, Inglaterra, los Estados Unidos, Italia y hasta España —que no tomó parte en la contienda—, han producido una serie de obras de diversa notoriedad, constituyendo todas ellas lo que se ha venido llamando la literatura de la guerra. Cuba, por su parte, en nada ha contribuido a enriquecer este episodio de la literatura universal.

Y, sin embargo, Cuba, fatalmente, tenía que producir también su literatura de la guerra, puesto que nadie negará el importantísimo papel que desempeñamos los cubanos en aquella, por fortuna, lejana conflagración.

A pesar de aquella famosa caricatura, de quién sabe qué osado ignorante, que pintaba al Káiser y a su Estado Mayor buscando a Cuba en un mapa, al recibir la noticia de que esta le había declarado la guerra a Alemania, lo cierto es que puede afirmarse que la Guerra Europea la ganamos nosotros.

(…) ¿Qué de extraño tiene, pues, que no tuviéramos hasta hoy nuestro libro de la guerra? Y, aun, dado nuestro carácter, y la acusación que sobre mí pesa, de vivir protegido por el oro de Moscú, ¿qué de extraño tendrá que se me acuse de falsario, de irrespetuoso y aun de humorista, por dar a la estampa este libro, réplica cubana de Sin novedad en el frente? Como buen cubano, me contentaré con no hacer mucho caso a la crítica vernácula, en la seguridad de qué ya vendrá mi reivindicación algún día.

—-1969. Se publica por vez primera, por el Instituto Cubano del Libro, Presidio Modelo.

—-1978. Se estrena el largometraje documental Pablo, dirigido por Víctor Casaus.

—-1980. La revista Casa de las Américas, en su edición de noviembre – diciembre, publica el cuento “El sermón de la montaña”.

—-1996. Se funda el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, en la calle Muralla número 63 de La Habana Vieja. A través de Ediciones La Memoria se inicia el empeño de publicar la totalidad de la obra (hasta entonces parcialmente inédita) de Pablo de la Torriente Brau. El cartel, la fotografía, el testimonio, el arte digital, la documentalística, el coloquio, la canción, la entrega del Premio Pablo a personalidades de la cultura… se integran al homenaje cotidiano del Centro a Pablo de la Torriente Brau.

—-2017. Renacen las esperanzas de recuperar los restos de Pablo. Se aprueba un convenio de colaboración entre el Ayuntamiento de Barcelona y el Consulado de Cuba para recuperar y repatriar los restos de Pablo de la Torriente Brau, que yacen en el cementerio de Montjuïc.

ANEXO

EDICIONES LA MEMORIA

RELACION DE LIBROS DE PABLO DE LA TORRIENTE O SOBRE ÉL

Cuentos Completos, prólogo de Denia García Ronda, 1998

Aventuras del soldado desconocido cubano, prólogo de Denia García Ronda, 2000.

Presidio Modelo, prólogo de Ana Cairo, 2000

Pablo: la infancia, los recuerdos, Zoe y Ruth de la Torriente Brau, 2000

Álgebra y política, estudio introductoria de Ana Cairo. 2001

-¡Arriba muchachos!, prólogo de Nuria Nuiry, 2001

El calor de tantas manos, selección, presentación y notas de Elizabet Rodríguez e Idania Trujillo, 2001

Pablo: 100 años después, prólogo de Víctor Casaus, 2001

Testimonios y reportajes, 2001

Cartas y crónicas de España, selección, prologo y notas de Víctor Casaus, 2002

Narrativa, estudio introductorio de Denia García Ronda, 2002

Contar el tiempo, Melvin Torres, 2006

Pablo de la Torriente Brau en voces avileñas, compilación, selección, prólogo y notas de Elizabet Rodríguez Hernández y José Antonio Quintana García, 2009

Para ver las cosas extraordinarias, prólogo de Víctor Casaus, 2011

Cartas cruzadas, 2 tomos, prólogo de Víctor Casaus, 2012

Recuerdos de la próxima Olimpiada, prólogo de Víctor Joaquín Ortega, 2012

Para María, compañera…prólogo de Víctor Casaus, 2013

Cartas de presidio, prólogo de Denia García Ronda, 2014

Carlos Aponte, un peleador sin tregua, compilación de José Antonio Quintana, 2015

Pablo en Bohemia, prólogo, selección y notas de Leonardo Depestre Catony, 2015

Pablo en Ahora, prólogo, selección y notas de Leonardo Depestre Catony, 2016

La Habana de Pablo, Leonardo Depestre Catony, 2017

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