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No. 3titulado Memoria en Memoria, apareció en octubre de 1997 y reúne información sobre los proyectos ganadores del primer Premio Memoria, otorgado a finales de 1996. DescargarSumario
Alrededor del centro pág. 12
Castellanos, el Memorioso
Por: Víctor Casaus y Mayra Beatriz Martínez
Hace un año, cuando pensábamos en nombres para integrar el Comité Asesor
de nuestro Centro, el suyo apareció como un hecho felizmente inevitable.
Si una de nuestras labores fundamentales iba a ser la de alentar el
rescate y la conservación de la memoria, cómo iba a faltar Orlando Castellanos,
periodista sagaz, entrevistador incansable: memorioso.
Ahora,
cuando armamos este nuevo cuaderno de nuestra Colección, dedicado a
ese tema, lo tenemos otra vez aquí, entregando una simbólica y valiosa
donación al Fondo de la Palabra de nuestro Centro.
Hemos
querido aprovechar entonces la ocasión para pagarle, además, con su
propia inquisitiva moneda. Castellanos ha pasado más de la mitad de
su vida sentando a la gente en una silla, o acorralándola en el vestíbulo
de un hotel, o acomodándole un micrófono en el estudio de una emisora
para iniciar un rito repetido y diferente: buscar (y encontrar), a lo
largo de una conversación que algunos llaman entrevista, el hilo de
una profesión o de una vida, los caminos de una trayectoria artística
o política, los misterios de las costumbres cotidianas o la revelación
de un hecho perdido en la memoria.
Esa es la palabra clave: memoria. Castellanos ha sabido encerrarla fiel,
cuidadosamente en cientos de cassettes de sonido, después de esparcirla
por el mundo, en forma de excelentes programas de radio durante varias
décadas. Formalmente informal, como el título de su espacio más escuchado,
este periodista de raza, ha conversado con media humanidad para entregar
esas palabras a la otra mitad, y en esa labor paciente y entusiasta
y tesonera, nos ha enriquecido a todos.
Para
que no digan que las palabras se las lleva el viento (aunque eso depende
de qué palabras y de qué viento estemos hablando), Castellanos ha reunido
además algunas de esas conversaciones en forma de libros. Palabras grabadas
se titula el que acaba de aparecer en la Colección La rueda dentada
de la UNEAC, por el que desfila una docena de escritores, pintores,
músicos y cineastas, reanimando las frases que una vez dijeron delante
del micrófono.
Está
bien que queden también en forma escrita estos pedazos de la memoria
cultural de la nación, y que muestren, al mismo tiempo, el oficio de
un periodista despierto e inteligente, culto e indagador, es decir,
de un periodista. No sería inútil proponer, creo, que cada vez que alguien
vaya a fatigar la página con una frase marchita, con una consigna desgastada,
con un adjetivo que perdió su filo, recuerde el fulgor que puede tener
este oficio cuando se ejerce con la pasión, la cultura y la honestidad
con que lo ha hecho Castellanos, el Memorioso.
Le
pagamos, decía, con la propia indagadora moneda. Aquí está el cuestionario
que preparé, a cuatro manos con Mayra Beatriz Martínez, para que Castellanos,
el Memorioso, se siente por esta vez en el banquillo de los que responden
y nos deje lo más valioso: las palabras o las frases que completan esta
conversación interminable. No quisimos hacerle esas preguntas que obligan
a narrar la vida en cuatro párrafos ni aquellas que buscan definiciones
académicas sobre los avatares del oficio. Quisimos esto, apenas: ofrecer
una sugerencia, una pista, abriendo una ventana o haciéndole recordar
un instante, para que nos devuelva un fragmento de su memoria, en esta
entrevista que algunos debieran llamar conversación.
¿Qué
lee siempre?
O.C.:
De acuerdo con los clásicos debo ser muy mal lector. Desde pequeño leo
de todo. De niño leía desde los programas de los cines Principal, Iriondo
y Carmen, allá en mi pueblo, Ciego de Ávila. Hasta Las ruinas de Pompeya,
pasando por los diarios y revistas recibidas en la casa, que eran desde
el reaccionario Diario de la Marina hasta el comunista Hoy. Gracias
a esa sed de lectura que aprendí de mi padre, desde los seis años seguí
paso a paso los acontecimientos de la Guerra Civil Española y luego
la Segunda Guerra Mundial. Leo de todo, pero prefiero la historia.
¿Quién
es su personaje inolvidable?
O.C.:
Son varios. Pero se me pregunta en singular y así respondo: Antonio
Guiteras.
¿Qué
le gustaría ver por su ventana al amanecer de cada día?
O.C.:
Esto me trae a la memoria que hace muchos años cumplía una misión de
trabajo en Praga. Todas las mañanas, a lo largo de las cuatro estaciones,
al levantarme descorría la cortina de un amplio ventanal desde donde
admiraba un paisaje de esos que dan tranquilidad y te impulsan a recorrer
la vida. Cada día, mirando mi pedacito centro europeo, recordaba nuestras
verdes palmeras y el mar azul que acaricia las costas de la Isla. Una
fría mañana dominical -octubre de 1962- descorrí la cortina como de
costumbre: el paisaje era el mismo pero no igual. Aquel, mi paisaje
matinal, se había cubierto de carros de combate, piezas de artillería,
ambulancias, soldados en movimiento, aviones y helicópteros sobrevolando
en la mañana gris... había estallado la llamada Crisis de octubre o
Crisis de los cohetes. El de aquel domingo se convirtió en mi paisaje
terrible durante varias semanas. Desde entonces al amanecer de cada
día, quiero ver la felicidad, la paz, la vida.
A
usted, un apasionado de la memoria,¿qué
le gustaría olvidar?
O.C.:
Creo que nada. Los buenos y los malos momentos son parte de la vida,
que es decir: la memoria.
¿Cuál
es la diferencia, a su juicio, entre periodista e historiador?
O.C.:
El periodista relata lo que ocurre, lo que es ahora mismo. El historiador
cuenta lo que ya concluyó, lo pasado, y suele usar, entre otros, materiales
de buenos periodistas, quienes supieron dar datos veraces, detalles
importantes.
Y ¿cuál, entre escritor y periodista?
O.C.:
Ha habido grandes escritores quienes jamás redactaron una crónica, un
reportaje, nunca hicieron una entrevista, mucho menos escribieron una
noticia, y son brillantes. Y hay muchos escritores, quienes comenzaron
en las redacciones de periódicos y revistas escribiendo editoriales,
haciendo reportajes, informando a diario sobre el acontecer. Los hay
de todas partes del mundo y no sé por qué, pero éstos son los escritores
que más llegan a sus lectores. La diferencia debe estar en saber hacer
más creíble, más humana la historia que se cuenta, por el hombre o la
mujer quien primero, como periodista, se encontró con personas, hechos,
realidades, que sobrepasan la ficción en el cuento o la novela.
¿Cuál
es su mejor entrevista?
O.C.:
Va a parecer una cosa muy personal, y lo es. Un día mi hijo Pablo (tenía
entonces cinco años) me preguntó cómo se hacía una entrevista. Tomé
la grabadora y le dije: "te voy a hacer una entrevista y te darás cuenta".
Empecé a hacerle preguntas y él a responder. Todo fue un juego muy lindo
en el cual también participó Manuel, el más pequeño de mis hijos, como
una especie de oyente en vivo, sentadito frente a nosotros, muy callado
y tranquilo (cosa ésta que parecía un milagro). Me gustó mucho lo que
dijo Pablo en aquel juego de la entrevista y la guardé como un recuerdo
familiar. La celebración de aquel día de los niños por la radio y la
televisión, que auspiciara la UNESCO, me decidió a emitirla tres años
después por Radio Habana Cuba. Se reportó por oyentes de casi toda América
Latina y España.
¿Cuál
ha sido el entrevistado más difícil?
O.C.:
Un viejo y querido amigo, reconocido intelectual cubano, quien me concedió
una entrevista para la radio, y mientras la grababa me di cuenta de
que mi amigo no hablaba sino susurraba. Jamás pude transmitirla.
¿Cuál
entrevista recuerda con mayor agrado?
O.C.:
La que me concedió en setiembre de 1971 aquel gran artista cubano que
fue, que es, Bola de Nieve.
Y
¿cuál, con mayor desagrado?
O.C.:
La que grabé con un piloto filipino, un mercenario, derribado en Laos.
Era, simplemente, un tipo despreciable.
¿Cuál
es su color preferido?
O.C.:
El azul en todos sus tonos.
¿Cuál,
la virtud que más aprecia?
O.C.:
La sinceridad.
¿Cuál,
el defecto que más aborrece?
O.C.:
La hipocresía.
¿Cuál
es su máxima preferida?
O.C.:
Haz bien y no mires a quién.
En
dos o tres palabras,¿cómo definiría usted la memoria?
O.C.:
Un puente que une el pasado con el presente y el futuro.
Usted
ha reunido, durante años, un impresionante archivo de la palabra, con
entrevistas y voces de centenares de personas.¿Por
qué lo hizo? ¿Cuál fue el sentimiento o la idea que determinó esa pasión
por rescatar la memoria en forma de palabras?
O.C.:
Desde pequeño se me ocurría pensar en cuál era el tono, el metal de
voz de Martí, de Maceo. Al mismo tiempo, se me iban perdiendo voces
que escuchaba por la radio; por ejemplo, la de un cantante llamado Pablo
Quevedo, muy famoso en la década del 30, y de quien no se registró ni
una sola grabación. Un buen día, enero de 1959, se produjo el triunfo
de la Revolución y pensé que a partir de ahí podía registrar las voces,
ideas y acontecimientos que se iban produciendo, como una constancia
para el futuro y por ahí arrancó ese archivo.
¿A quién le gustaría entrevistar nuevamente, ahora?
O.C.:
Son tantos que no me alcanzaría el tiempo.
¿A quién quisiera no tener que entrevistar nunca más?
O.C.: A esbirros como aquellos de Batista, a los que entrevisté el 2
de enero de 1959.
¿Cuál
es su flor preferida?
O.C.:
Todos los hombres que lean este interrogatorio estarán de acuerdo conmigo:
la mujer.
¿Cuál
es su ocupación preferida?
O.C.:
Conocer a la gente y darlas a conocer a otros. Esto es: entrevistar.
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