Cuaderno Memoria julio de 2000

Abril de 2001

PALABRAS

El espacio A guitarra limpia, creado en nuestro Centro para difundir la obra de los trovadores y las trovadoras, celebró su segundo año de existencia con el concierto No puede haber soledad, de Teresita Fernández. Para llegar hasta aquí hemos contado con el apoyo imprescindible de los cantautores de todas las generaciones y tendencias. Los mayores, los fundadores, aportaron su presencia y sus canciones ya históricas a este espacio que apuesta por la continuidad creadora de esta forma de expresión y de amor que es la trova cubana. Los que llegan, los más jóvenes, su confianza en este espacio creado para ellos, y trajeron su pasión, su palabra, sus criterios. No hay otro modo de construir un espacio cultural vivo y rico, actuante y transformador, que llame al disfrute de la belleza y a la necesidad de la reflexión. Durante estos dos años A guitarra limpia se ha convertido, para nuestra felicidad, en un espacio necesario, alentado por la solidaridad y el deseo de crear. Los conciertos que ocuparon el patio de nuestro Centro cada último sábado de mes han sido grabados en los quince casetes producidos con las voces de casi todos los trovadores que nos acompañaron. Nos satisface especialmente que junto a los autores mayores (Augusto Blanca, Vicente Feliú, Sara González) alternaran las voces ya imprescindibles de la generación siguiente (Gerardo Alfonso, Carlos Varela, Santiago Feliú) y empezaran a encontrar el espacio que merecen las voces más jóvenes que, en algunos casos, vieron recogidas por primera vez sus canciones en los casetes A guitarra limpia (Rita del Prado, Diego Cano, Heidi Igualada, Samuel Águila). Por todo ello fue particularmente hermoso y significativo que en el concierto del segundo aniversario de A guitarra limpia nos acompañara Teresita Fernández, trovadora de los niños y de los mayores que se resisten a dejar de serlo; conversadora incansable e incansable globalizadora de la ternura, martiana y cristiana, contemporánea nuestra e indagadora en los misterios del futuro que también, de alguna forma, nos pertenecerá. Teresita ha llenado, llena, un espacio insustituible en el panorama de la canción cubana: lo ha hecho con perseverancia y con amor, con poesía y humildad. Y al mismo tiempo llenó, ha llenado, los pequeños, enormes espacios de nuestras vidas personales (si las hay): ahí está en las noches de El Coctel, en los 60, y en los días del Parque Lenin después, y en los discos de Martí y en la Ronda de Gabriela, y en tanta melodía que nos ha ayudado a vivir, a ser y a estar, como precisaría el Bola que una vez dijo el más hermoso piropo a esta trovadora indetenible: “Usted no necesita más adorno que la canción”. Setenta años en la vida de esta gran artista nuestra. Dos, en la existencia de A guitarra limpia, este pequeño espacio para la inmensa trova cubana. Motivos diversos y únicos para repetir: aquí estamos y seguimos.                                                                          Víctor Casaus

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