CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

Cuaderno Memoria junio de 2006

Junio de 2006

PALABRAS

Casi a las puertas del VIII Salón y Coloquio Internacional de Arte Digital, preparamos este cuaderno Memoria que tendrá su lanzamiento en una de esas mañanas —más que cálidas— calurosas de junio, cuando estemos reunidos en el taller anual, buscando respuestas para cada pregunta y viendo nacer nuevas preguntas, en ese renuevo constante que artes jóvenes, como el que nos convoca, proponen a la sensibilidad y a la inteligencia, en un interminable —y fecundo, si se le comprende— juego de espejos y reflexiones.

Este Memoria viene haciendo honor y guiños a su nombre: en sus páginas están las huellas de lo que mañana será la memoria de una experiencia cultural que inició su camino en el casi lejano año de 1999, descubriendo vocaciones, adivinando raíces poco conocidas (pero que debemos re-conocer, como la de los pioneros reunidos alrededor de Luis Miguel Valdés en su audaz laboratorio del ISA), llamando y contribuyendo a llamar la atención ante un mundo que se abre, hoy con más fuerza, entre nosotros, por la

presencia creciente de las nuevas tecnologías en muchas esferas de la vida.

Labor de prefiguradores fue también aquella que re-iniciamos al filo del final del milenio, mañana lo dirán —o no, pero no importa—, y a esa voluntad de arriesgar y de indagar quisiéramos dedicar siempre esta pasión que ponemos en las cosas que tocamos —y aún en las que adivinamos, que son, quizás, las más retadoras, difíciles y, elogio de la contradicción: disfrutables.

En las memorias que siguen —para revisitar mañana y, quizás, pasado mañana— pueden delinearse algunos de los rasgos esenciales de los salones que han iluminado, a su manera, los veranos habaneros desde hace ocho años.

La más evidente quizás sea, para nuestra alegría, la presencia de los jóvenes creadores entre los participantes, seleccionados y premiados. Por eso se documenta aquí la poesía de esos ángeles en La Habana traídos en una exposición memorable por los ganadores del primer premio del VI Salón (2004). Y por ello aparece, por derecho propio, la pareja de creadores que pusieron imagen a las palabras de Julio Cortázar en una obra audiovisual, también premiada, que conversa y alerta desde la elegancia de sus visiones digitales.

Por el camino de los homenajes a los grandes temas/sueños del ser humano se armó, en el Centro Hispanoamericano de Cultura, la exposición que aquí se recuerda, (a)trayendo dos elementos altamente sugerentes, seguramente misteriosos: el arte en el cuerpo. Sobre esos asuntos y otros adyacentes se conversó en el Coloquio, donde también se recordó, desde la imagen realizada por un joven trovador que frecuenta profesionalmente el diseño, a uno de nuestros grandes artistas del siglo pasado, creyente y practicante de la maravilla dúplex que dio título a coloquio y exposición, Servando Cabrera Moreno.

El salón que recordamos dio espacio nuevamente al diseño gráfico, con la muestra Compartiendo sueños / Sharing dreams, que reunió carteles de doce profesionales de Estados Unidos y Cuba. La segunda edición de esa aventura de la amistad y la sensibilidad tuvo apellido: sueños por la paz, dreams of/ for peace. Alrededor de ella nos reunimos y nos acercamos a esa noción tan necesaria hoy en nuestro mundo, tan desigual en sus realidades, como maravilloso en sus potencialidades.

Creciendo en la medida de sus posibilidades concretas, reuniendo los recursos gracias a las voluntades solidarias de gentes aquí y de otras partes del mundo, los salones de arte digital comenzaron a incluir el audiovisual hace unos años. El diálogo abierto con la tecnología que el artículo final de este Memoria comenta y propone incluye, como se verá, al videoarte cubano, que tendrá un espacio protagónico en el salón que ahora se avecina, que ya casi llega.

Mientras se escriben estas líneas, decenas de obras audiovisuales enviadas desde más de veinte países son analizadas por el jurado que las decantará y reunirá para que sean vistas en tres salas de La Habana durante la última semana de junio, al mismo tiempo que las obras bidimensionales y de net art subirán a los cielos del cyber para incorporar su dosis de belleza y sensibilidad a esos crecientes y complejos territorios donde es preciso estar para decir, desde los salones que han crecido con la ayuda y la participación de tantas y de tantos, lo que evoca un texto no perdido sino encontrado en este Memoria, en la memoria, que hemos construido “un espacio vivo y pleno a pesar de su aparente virtualidad”.

Víctor Casaus

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