CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

Arando el fin

Samuel Aguila

Febrero de 2001

TEMAS

1. Tema A guitarra limpia* / 2. Sumario / 3. Arando el fin / 4. Como el rocío / 5. Vayamos
6. Han cambiado las razones / 7. La esquina de Fonts (con Joyce Concepción) / 8. Madrugando
9. El primer día / 10. Queriendo / 11. Como una mariposa / 12. Del otro lado del sol (con Ariel Díaz)  13. Eva / 14. Fuiste / 15. Se suele ver (con Beatriz López)

LETRAS

Arando el Fin

Siento la vida aquí, sin tempestades

cada estación, el don de ser mortales,

siento que ya aprendí, creciendo dentro

y aún faltan por andar abismos ciertos.

Siento que voy arando el fin

en cada paso el porvenir,

la vida esconde muerte en sí

nada es tan real.

Siento que voy arando el fin

en cada gesto el no llorar, el no reír,

la muerte encierra vida en sí

nada es tan real.

 Y siento que en cada intento nunca estoy solo

porque saben arder tus ojos, donde más

acuno cuando estoy hallando libertad.

 

Samuell Águila

PALABRAS

Siguiendo las huellas de una guitarra duramente limpia se abre el patio del Centro Pablo de la Torriente Brau al impetuoso oficio del trovador Samuell Águila. Otras veces, en el camino por aquí ha pasado dejando a estas paredes el eco de su armonía irrepetible, el vertiginoso realismo de su discurso. A este cantor ya le hemos agradecido su trabajo con el poeta Sergio Gómez, el dueto memorable con Glenda Fernández, sus recitales más recientes: Dense prisa y Habitando y, por supuesto, la encomiable labor junto a Claudia Expósito como gestor del espacio Puntal alto en este mismo Centro, donde nos hemos encontrado tantas veces.

Pero Samuell es un hacedor de canciones cuya divisa más notable es ser el filtro constante de sí mismo. Artista que no dudará en reinterpretar temas de sus colegas de generación o incorporar a su canción el más alejado de sus sonidos, sin dejar de imponerse el rigor imprescindible. Tronará su voz, no podremos seguir sus dedos sobre la guitarra, trovador de pie sincero y futurista, inventándose la música que nadie inventó para él.

De lo tradicional a lo por hacer, pasando en su largo viaje por el son, el blues y la rumba, la virtud de su instrumento versátil y su audaz literatura someten a la atención.

Esta tarde hagamos un pacto entre las canciones poco interpretadas en su carrera, los estrenos y sus pequeños himnos, con la seguridad de que estamos asistiendo a la celebración del espíritu y a la derrota de la pereza.

Que este concierto sea látigo implacable sobre la necesidad de promover este grito de la música cubana actual y que con-tribuya a la limpieza necesaria de la guitarra y su Hombre.

 

Ariel Díaz Peña

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