CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

Inmigrante a media jornada

Frank Delgado

Julio de 1999

TEMAS

  1. Tema A guitarra limpia
  2. La Trova  
  3. Quinto centenario (Gallego)
  4. Orden del día
  5. María flaca
  6. Maletas de madera
  7. Son de la muerte
  8. Cadena Paladar
  9. Carnavales
  10. Veterano
  11. Utopías
  12. Konchalovsky hace rato que no monta en Lada
  13. Cuando se vaya la luz, mi negra
  14. Cuando te vi

15.          La otra orilla

LETRAS

INMIGRANTE A MEDIA JORNADA

 

Yo soy un inmigrante a media jornada,

una memoria codificada en el archivo de la paternal.

Yo soy algún cachorro de la camada,

buscando en forma desesperada, pues otra teta             

donde ir a mamar.

 

Y aunque no tenga derecho, a lo hecho pecho,

me dejan siempre desecho los mensajes de                                   papá,

y aunque se me caiga el techo doy por hecho,

que este miércoles estrecho, me voy a echar a                              volar.

 

Yo soy el de la ley de reforma hablada,

del teorema de la escapada sin la necesidad de                             navegar.

Yo soy un inmigrante a media jornada,

que en contubernio con la Embajada, soy                                       miembro de la Casa de Amistad.

 

Y aunque no me tenga en cuenta aquel que                                    alienta,

que no me compre herramientas, que no hay                                  nada que arreglar.

Y aunque seas virulenta,

a veces rápida, otras demasiado lenta, igual me                 vas a tragar.

 

Y tú vendrás a mí, como palabra mágica que                                  abre una puerta,

como una periodista sentada frente a una                                     agenda abierta.

 

Y tú vendrás a mí, diciéndome que yo me ando              

chupando el dedo,

que soy un nihilista sentado en una nube                                       de pedos.

 

Frank Delgado

(Hurlinghan, Buenos Aires, enero de 1999)

PALABRAS

La canción necesaria

Frank Delgado, trovador en edad difícil, ingeniero hidráulico de la canción, trotador
de las tardes por Quinta Avenida, hijo varón de Pancho y Migdalia, ha cometido
un costoso error: abrirse paso A guitarra limpia. Abandonar los planos, los tubos
y otras piezas para apostar a tiempo completo, desde los años ochenta hasta hoy,
por la canción inteligente. Y digo error, porque en su apuesta nos beneficia a todos,
pero se marca con la impronta de las dificultades:  cantar su tiempo como
un Homero helénico a cambio de muy poco, sufrir las agonías del ser más cercano,
convertirlas en propias, para eternizarlas a través de las cuerdas y la voz.

Frank Delgado, a juicio del que escribe, es el trovador cubano más comprometido
de los que en su generación asumen ese reto, arriesga hasta el delirio y en su
canción, a veces directa, a veces sentida en los planos más íntimos, a veces
con la propuesta del signo más épico, la vanalidad, la superficie y el ejercicio fácil
no ocupan espacio. Con la adarga al brazo, Espíritu y consumo, Veterano y tantas
otras, son textos que hubiera querido escribir, y, además, pruebas de que la voz
de una generación está latiendo y existe, A guitarra limpia.

Alberto Guerra

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