CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

No puede haber soledad

Teresita Fernández

Noviembre de 2000

TEMAS

ema A guitarra limpia*
No puede haber soledad (comienza con fragmento de
“El señor está con ustedes”, de Jesús Losada)
La jicotea (poema de Fina García Marruz )
Mi gatico Vinagrito
Con inmensa ansiedad
Tanto como te amé
Yuyú
Joaquinito, el osito azul
Poema dedicado a mi padre
Canción del río
Guerrillero de amor
Ritual para un amanecer (poema de Otto René Castillo)
Rani (con Jorge García)
Peppy
Ismaelillo (poema de José Martí )
Realidades de amor
Elefantico Tito
Se olvida de mi (poema de Magaly Sánchez)
Si te dicen que he muerto (poema de Roque Dalton)
Cuídame tú
Anticipo de cielo
En esta tarde gris (letra de José María Contursi y
música de Mariano Mores)
Te regalo a cambio de tu amor
Lo feo (con Alexis Morejón)

* Arreglo e interpretación de Rey Guerra sobre
el tema Elegía Segunda de Silvio Rodríguez

LETRAS

NO PUEDE HABER SOLEDAD

 

Me has dicho que me quieres

y estoy llorando.

Pudiste, gota a gota,

traerle la dicha a mi corazón.

Me hiciste en el torrente beber

de tu alma pura.

No quiero que estés triste,

si tu alegría la tengo yo.

No puede haber soledad para ti

mientras yo exista.

No puede haber una tarde tan triste

que hiera tu alma y te haga llorar.

Yo quiero ser para ti una flor

que perfume tu desencanto,

ala del cisne más blanco

que ha hecho volar tu corazón.

Es que te debo la risa.

Es que te quiero tanto.

Pétalo suave de lirio que supo secar

todo mi llanto,

cómo estás triste si fue tu encanto

quien puso brillo de amor en mi soledad.

PALABRAS

DOS AÑOS A GUITARRA LIMPIA

El espacio A guitarra limpia, creado en nuestro Centro para difundir la obra de los trovadores y las trovadoras, llegó a su segundo año de existencia con el concierto No puede haber soledad, de Teresita Fernández que fue realizado el 25 de noviembre de 2000 y que ahora presentamos en CD, después de haber producido su primera versión en casete en el 2001.
Teresita ha llenado, llena, un espacio insustituible en el panorama de la canción cubana: lo ha hecho con perseverancia y con amor, con poesía y con humildad. Y al mismo tiempo llenó, ha llenado, los pequeños, enormes espacios de nuestras vidas personales (si las hay): ahí está en las noches del Coctel, en los sesenta, y en los días del Parque Lenin después, y en los discos de Martí y en la Ronda de Gabriela, y en tanta melodía que nos ha ayudado a vivir, a ser y a estar, como precisaría el Bola que una vez dijo el más hermoso piropo a esta trovadora indetenible: “Usted no necesita más adorno que la canción”.
Setenta y cinco años en la vida de esta gran artista nuestra. Más de siete años en la existencia de A guitarra limpia, este pequeño espacio para la inmensa trova cubana. Motivos diversos y únicos para repetir: aquí estamos y seguimos.
Víctor Casaus

 

 

Síntesis de las palabras de Teresita Fernández durante el concierto del 25 de diciembre de 2000 por el segundo aniversario de A guitarra limpia, ocasión en que el Centro le ofreció un homenaje por su setenta cumpleaños.

 

Estoy tan nerviosa como si fuera mi primer recital, porque esto está muy complicado para mí con tantas cosas. Pero como nunca sé qué es lo que me espera, y tengo oficio de torero, siempre espero que me tiren el toro para después menear el trapo, ¿no?

Uno de mis primeros recitales se llamó «Teresita y Nosotros». Y uno de los «nosotros» que estaban empezando entonces era Víctor Casaus. Los otros eran Silvio Rodríguez, [Guillermo] Rodríguez Rivera, Félix Contreras y… bueno, muchos más. Vamos a repetir ese recital ahora cuando abran Bellas Artes.

Yo dejé mi aula, la dejé no, me la quemaron en el Bajo de las Llanadas, para hacer de mi mundo una escuela mayor, porque por vocación lo único que soy realmente es maestra de escuela de primaria, de tercer grado. Y la guitarra no es nada más que un pretexto, y un medio auxiliar para que la gente se enajene conmigo, con la musiquita, y después… (emite un chiflido) decir un montón de cosas que en la escuela no se dicen, y que debieran decirse.

…Mis memorias se llaman Yo soy una maestra que canta, porque todo esto de artista y trovadora y todas esas historias son nombres y cosas que le van poniendo a uno. Si me tienen que poner algún nombre yo me autodenomino «juglar». Porque los antiguos juglares eran pobres, y yo lo soy; nómadas, y lo soy; y libres, y lo soy. Y entonces, pues, esa es la clasificación artística mía.

Mi mamá no quería que fuera trovadora; quería que fuera maestra de escuela y la complací. Lo que pasa es que la escuela era distinta, la que yo me busqué era otra.

[…] Bueno…, a ver si me acuerdo de las canciones que me han pedido. Esto es tremendo compromiso. Voy a quedar mal, y me voy a equivocar, porque como siempre me están pidiendo «El gatico Vinagrito», ya todas las otras canciones de amor se me olvidaron. Voy a hacer lo que pueda. Este homenaje, el del Ave Libre, el del Centro Pablo de la Torriente, el de todo lo que se ha mencionado aquí, se lo voy a dedicar a mi mamá y a mi papá. A mi papá por ser asturiano de cien años atrás, de aldea, con la nieve a la rodilla, con una abuela sembrando el lino para recogerlo, macerarlo, sacarlo entonces, llevarlo al telar y hacer ocho camisas.

Entonces, les dije que les dedicaba el recital a mis padres. Porque ahora en diciembre, un 24 de diciembre, murió mi mamá, y con ocho años de diferencia, de distancia, murió mi padre, el 25. Me iban a echar a perder las navidades, pero yo me dije, si se querían tanto, estuvieron 56 años casados, y se han puesto de acuerdo para pasar las navidades, sabe Dios dónde, quién soy yo para meterme en ese lío. Y desde entonces, pase lo que pase, estoy contenta.

Quiero decir que le dedico también mi recital a Cintio y a Fina, muy especialmente, porque desde el principio hasta el fin han creído en mí. Y porque desde el principio hasta el fin, me han sostenido y me han ayudado, en todos los momentos, tanto materiales como espirituales. Y aunque ellos no lo sepan, cuando me he sentido muy mal o he estado en crisis, el recuerdo de ellos me ha sostenido, y me sostendrá siempre.

Voy a empezar con la canción más linda de amor que tengo: «No puede haber soledad». (Aplausos). Se la quiero regalar con mucho cariño a Luis Toledo, que está sentado ahí, y me dijo una cosa muy hermosa un día: que a él le gustaba «No puede haber soledad», porque pensaba en Martí.

Yo quiero regalarles el recital también a los camarógrafos, a los fotógrafos, a los sonidistas, y a todo el personal que ayuda en estos recitales, porque casi nunca nadie los menciona.

Esta canción se la voy a dedicar a Silvio Rodríguez, aunque no esté aquí. Porque aunque Silvio no esté, siempre está. Silvio entraba en El Coctel, cuando yo estaba empezando también, y yo le cedía mi puesto. Y si ahora entra por ahí, se lo vuelvo a ceder otra vez. Siempre hemos tenido, no una amistad, lo que se llama comúnmente una amistad, pero siempre ha tenido conmigo actitudes preciosas.

Cuando cumplí cincuenta años de edad Silvio fue a la Peña con otros trovadores. Y entonces, le pedí que me regalara una canción que me da muchísima envidia porque la debí haber hecho yo: «Rabo de nube». Esa canción me la cogió él a mí, porque la debí haber hecho yo, pero él se me adelantó. Le pedí entonces que cuando cumpliera setenta, me diera «Oh melancolía», que también me da mucha envidia, y hubiera querido hacerla yo. Y él me la regaló. Y me dijo: «Todas mis canciones son tuyas». Y como él me grabó, me cantó «La palangana». Una vez en un programa de televisión me preguntaron: ¿Y «La Palangana», de quién es, de Silvio o suya? Y yo dije, de Silvio. Todas las canciones de Silvio son mías y todas mis canciones son de Silvio. ¡A ver quién puede con eso! (Se ríe).

Le quiero dar las gracias a todos los que me han ayudado a llegar hasta aquí, incluyendo a mis vecinos. Les agradezco también a los jóvenes, sobre todo a las jóvenes trovadoras y los trovadores, ese disco tan bonito que me hicieron. A todos, a todo el mundo, muchísimas gracias por haberme dejado llegar a los setenta años y cincuenta de trabajo. Nada más que les voy a decir una cosa: no soy ni tan mala como dicen los demás, ni tan buena como digo yo.

(Aplausos).

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