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Fernando Barral era un niño feliz hasta que estalló la Guerra Civil Española. Comenzó entonces la persecución,
la muerte del padre, la salida súbita hacia el África desconocida, el viaje con la madre estoica hacia la lejana
Argentina, la rebeldía, la deportación y la llegada a Hungría, donde solo un tesón y una voluntad a toda prueba
le permitieron dominar el idioma y concluir los estudios de medicina. Luego está Cuba, Isla a la que vino invitado
por el Che y en la que echó raíces para siempre.
Un amigo, a quien a pesar de todo Fernando le agradece el consejo, le sugirió al leer el manuscrito de este libro
que se lo diera a un escritor. Hubiera sido un error. Estas páginas están hechas desde la memoria y la sensibilidad,
con la parcialidad imprescindible de lo vivido.
Fue y es Fernando un “niño de la guerra” que dedicó sus vidas sucesivas al mejoramiento humano y a la paz.
Los invitamos, pues, a disfrutar junto a él de esas experiencias singulares y enriquecedoras, las cuales hacen de
este texto mucho más que una biografía.
Fernando Barral Arranz (Madrid, 18 de abril de 1928) La militancia de izquierda de su familia lo obligó a abandonar
España. Viajó a Argentina, donde vivió hasta 1950, y luego se trasladó a Hungría, como asilado político. En ese país
europeo, en el que radicó hasta 1961, terminó la carrera de médico y la ejerció. Invitado a Cuba ese mismo año,
trabajó como siquiatra y luego como investigador social. Se jubiló en 1989 como Teniente Coronel del Ministerio
cubano del Interior, a cargo de las investigaciones sociales. Este es su primer libro.
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