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No faltan razones
para que esta exposición ocupe las paredes de la
Sala
Majadahonda. Por una parte, aquí habla la
memoria a través de esas imágenes que documentan
la experiencia terrible de
vivir bajo las bombas en el Madrid de
1936. Por otra parte –que en cierto sentido es
la misma– este espacio expositivo lleva el
nombre del sitio donde cayó combatiendo Pablo de
la Torriente Brau, a finales de aquel mismo año,
mientras ejercía diversos oficios: corresponsal
de guerra para publicaciones de América y
comisario de la República agredida.
Por ello, quizás, algunas de estas fotos
me entregaron el eco de las escenas que Pablo
vio, vivió y convirtió en crónicas, como este
comentario incluido en una carta escrita el 17
de noviembre:
Creo
que te di cuenta del día 15, cuando
una insolente escuadra de 15 trimotores
italianos, con sus correspondientes
aparatos de caza, temprano voló sobre
Madrid y descargó de manera brutal y
despiadada. Esa canalla está matando
más mujeres y niños en Madrid que
hombres en los frentes de combate.
Las fotos que conforman esta
exposición –organizada por el Ministerio de Cultura de España en
el 2006, declarado Año de la
Memoria Histórica por el
Congreso de los
Diputados
–tomadas por más
de una decena de fotógrafos que aparecen
registrados así en el catálogo oficial de la
muestra: Alfonso Sánchez Portela, Manuel Albero
y Francisco Segovia, Robert Capa, Atienza,
Hermanos Mayo, Antifafot, Baldomero hijo, Kodak,
Hermann, Baldomero, Prost.
La violenta fuerza de las escenas que muestran
pertenece al inventario visual del pasado siglo.
Pero su impactante capacidad de comunicación
proyecta sus visiones hacia nuestra actualidad
planetaria. “Lo más terrible de la guerra es la
muerte”, nos dice Tomás Segovia en sus palabras
introductorias: estas imágenes exhibidas al filo
del naciente 2009 encuentran eco en los
periódicos y las pantallas de estos días. La
memoria es, ahora lo comprobamos, materia viva y
espejo terrible. Y puede ser, también,
instrumento eficaz para re-vivir la historia.
La poesía de la imagen –descarnada, implacable–
completa sus alcances con la presencia de la
poesía de la palabra, llegada en las voces de
cuatro grandes autores: el peruano César
Vallejo, el cubano Nicolás Guillén, el chileno
Pablo Neruda y el mexicano Octavio Paz, para
quienes la experiencia de esta guerra que la
exposición documenta representó entonces el más
alto momento de transformaciones profundas para
sus obras y para sus vidas.
Víctor Casaus |