| Reinerio Tamayo: El Edén se esconde en el Paraíso | ||||
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Edén se esconde en el Paraíso es
el título que ha dado Reinerio Tamayo a su muestra personal que será
inaugurada el próximo 25 de mayo en la Sala Majadahonda del Centro Cultural
Pablo de la Torriente Brau. Esta exposición, que ha sido organizada
especialmente por este Centro y la Fundación Nicolás Guillén,
quiere traer nuevamente al espacio habanero la creación de Tamayo. Obsesionada
por el juego, temida por la metáfora, inevitablemente azotada por la
apropiación, se nos descubre la obra de este artista de Granma, de la
Isla de la Juventud, de La Habana, de Logroño y, por supuesto, de todos
nosotros que nos hemos sentido, más de una vez, parte o fondo de su
pintura. Tamayo nos guía sobre nuestra propia huella, nos hace ver el
lado del camino que anhelamos sobrecogidos. El eterno diálogo que sostenemos
con las imágenes se ha potenciado porque somos cómplices de su realidad,
de su irrealidad, es decir, de su juego. Este 25 de mayo, a las cinco
de la tardo, Reinerio Tamayo los invita a encontrar el Edén que, sin
dudas, se esconde en el Paraíso de nuestra vida.
Abel Casaus
Edén y Paraíso en La Habana El Edén se esconde en el Paraíso, es el título de la exposición personal de Reinerio Tamayo Fonseca, artista de la plástica cubana (Granma, 1968), que puede verse por estos días en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. La muestra, que incluye diez obras realizadas desde 1999 hasta la fecha, constituye una suerte de acercamiento al quehacer más reciente de este joven creador que comparte su vida entre España y La Habana. En conversación exclusiva para estas páginas aseguró Tamayo que el humor y la picardía son ingredientes esenciales en su quehacer pictórico. "Porque en las artes plásticas hay muchos estilos, muchas formas y discursos, diversas maneras de decir. Yo siempre he tenido una influencia muy fuerte del humor: he hechos historietas, participado en Bienales de Humorismo de San Antonio de los Baños, es decir, todo mi universo está muy mezclado con el humor. También por el prisma, la cosmovisión que yo tengo del mundo, es que trato de asumirlo a través del humor y me gusta compartirlo con las gentes. Para mí el humor es un puente de comunicación que, incluso, tratando temas crueles, ácidos, hace mucho más digerible la idea que yo quiero contar. Llevo además la vida así: con sentido del humor, creo que al reír uno recupera muchas neuronas. ¿Eres de los artistas que consideras que has transitado por etapas? Yo creo que sí. Pero en mi caso hablar de etapas no me lo planteo. Considero que ha habido una evolución. Por ejemplo cuando fui a trabajar a España, estuve tres años sin venir, y es otro universo. La pintura se hace mucho más contemplativa. En ese momento la realidad cubana era muy fuerte, lo que ofrecía millones de temas, cualquier cosa te deba la posibilidad de crearte un cuadro. Todo era estimulante. Al llegar a España mi obra se aletargó un poco, se volvió más esteticista, menos incisiva. Luego, volví al camino que tenía. Eso no se pierde porque está dentro de uno. Ahora me siento muy contento. Tengo muchos proyectos allá: viene la Feria de Arte de Valencia, y estaré, junto a Rubén Alpizar, en la Feria de Arte de Florencia, Italia. ¿En ese primer encuentro con España tu pintura se convirtió en algo comercial? No, no llegué a ese punto. Eso uno siempre tiene que cuidarlo aunque toda pintura que se venda tiene que tener su parte comercial. Incluso se dice que Picasso fue el "gran pintor comercial", porque lo pudo vender todo haciendo algo realmente bueno: era un lince en el universo del mercado". De todo lo dicho se desprende que ¿necesitas Cuba para crear? Cuba es un cáncer crónico. Es como ese amor instintivo; los niños pequeños gritan cuando quieren la teta. Cuba es todo, es una identidad, es algo que no tiene explicación: no se la encuentro. ¿Temas preferidos? Hago una mezcla. Hago un tipo de trabajo que es la incoherencia dentro de la coherencia. Es un universo bastante bosqueano. Hay un poco de todo. Tengo una formación académica, plástica, conozco la historia del arte, los pintores, los estilos, pero lo que me alimenta es parodiar todo eso, mofarme y engarzarlo en las situaciones mundanas, vivenciales, que como individuo estoy confrontando desde que me levanto hasta que me acuesto. ¿Intentas algún mensaje específico en cada obra? La vida. Ese es el mensaje que yo quiero y buscarle el lado más irónico, satírico. Es un poco la posibilidad de reírse de uno mismo, de transmitirle a las gentes ese deseo: que se rían un poco de sí mismos. ¿El color? En dependencia de cada cuadro que realizo utilizo el color, o los estilos, o las formas. Junto cosas. No puedo decir que tengo una paleta de tal color específico. Mi paleta es variada en dependencia del tema: si la concepción es cartelística utilizo los colores del pop, si es de corte clásico recurro a las tonalidades afines. ¿Buscas un sello? En un momento me preocupó, ya no. Sé que la gente me identifica con el mundo del humor porque toda mi obra gira en torno a ello. Actualmente estoy muy desprejuiciado de eso. Cuando expuse en la pasada edición de la Bienal Internacional de Artes Plásticas de La Habana, las obras no me quedaron como yo quería y la gente me lo decía: esperamos más de ti. Creo uno tiene que ser muy sencillo y estar claro de que hay épocas malas y otras buenas. ¿Es para ti ésta una época buena o mala? "Muy buena. Estoy contentísimo con lo que estoy logrando ahora. Al final tú te realizas como pintor, no solamente en el proceso de creación cuando estas sólo en ese diálogo con la obra, sino después. Un cuadro se realiza cuando puedes compartirlo, cuando hay un espectador a quien motivar o provocar". ¿Te gusta agredir? Me gusta provocar y si agredo, que sea con inteligencia. El humor me sirve para dulcificar la supuesta agresión. Provocar por provocar me parece muy banal, siempre tiene que haber un trasfondo, un doble sentido, algo profundo que te haga reflexionar, que sugiera parábolas agudas, aunque se muestre lo más grotesco o espeluznante. Todo tiene que llevar sentimiento. Estrella Díaz |
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