CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

Conversando en tiempos de..

Por: Estrella Diaz

3 de Agosto de 2021

PARTE II

Por Estrella Díaz    

Recuerdo que, en su última visita a La Habana, me comentó que desde hacía unos siete años desarrollaba un proyecto de autorretrato, ¿esa idea ha continuado o mutó hacia otra manera de hacer?

 El Proyecto Internacional Autorretratos sigue en curso, es un work-in-progress que empezó en el año 2006 como un taller de verano que fui invitada a dictar en la Fundación Joan i Pilar Miró en Palma de Mallorca, España y que, al momento, ya tiene 10 ediciones.

Autorretratos no nació como un proyecto en sí mismo, simplemente creo que el espíritu de Joan Miró flotaba sobre nosotros y creó esa energía especial que le dio el puntapié inicial. Imagínense, el verano en la paradisiaca Palma de Mallorca, el Mediterráneo a los pies de la colina que Miró compró con el dinero de la Beca Guggenheim y en donde construyó sus talleres y su casa, el sol brillando todo el tiempo sobre un cielo azul y 9 artistas españoles talentosísimos, algunos locales y otros que viajaron desde la península, trabajando y desbrozando la auto-representación, todos juntos, durante 15 días, de sol a sol (¡y también noche!). Y, la frutilla del postre: Son Boter – nuestro lugar de trabajo, una “casa señorial” típica mallorquina de carácter rural que data del siglo XVIII y que es el edificio más antiguo de la propiedad- donde está alojado el taller de grabado (con las paredes dibujadas por Miró e incluso con algunas de sus herramientas) y las salas con el equipamiento digital. ¿Qué podía salir de esta extraordinaria combinación de espacios, artistas y circunstancias? Algo especial flotaba en el aire, mezcla de inspiración-placer-energía colaborativa…días y días de creación febril, obras maravillosas y nosotros 10 que habíamos generado lazos tan intensos (algunos de los cuales aún continúan) que el día final no nos podíamos ni queríamos separar.  Esa noche hicimos una cena de despedida (dos paellas “ciegas” –sin hueso, una de ellas negra, deliciosas) y allí todos estuvieron de acuerdo que esta experiencia debía ser vivida por otros artistas en otros lugares del mundo. Y esa noche arrancó este proyecto que, siento, sigue apadrinado por Miró porque de manera fácil y fluida se han articulado desde entonces 10 ediciones, en 5 países (España, Argentina, Estados Unidos, Brasil, Canadá y Suecia) en el que participaron 100 artistas de 15 nacionalidades diferentes, que cuenta con una colección más de 100 obras explorando cuestiones de identidad, una exposición-instalación itinerante que se ha exhibido en España, Canadá, Argentina y Estados Unidos (incluyendo Alaska), una página web y un hermoso libro-catálogo online que fue auspiciado por el Fondo de Desarrollo del Ministerio de Cultura de la Nación en Argentina.

https://issuu.com/proyectoace/docs/self-portraits__autorretratos

 ¿Cómo evoca al Centro Pablo?, ¿algo le aportaron sus visitas a la Isla?

 El Centro Pablo es un nido que acoge, “bienviene”, produce, hace que las cosas pasen y continúen, cultiva la amistad, la colaboración y el entendimiento. Conocí Cuba de la mano de dos grandes, María y Víctor quienes me recibieron amorosamente. Ellos fueron también el nexo de muchas actividades que hice en Cuba, especialmente con dos lugares legendarios para la cultura y la gráfica de América Latina: la Casa de las Américas y el Taller Experimental de Gráfica de La Habana.

El Centro Pablo fue pionero en el mundo al dar un espacio al arte producido con medios digitales, el Salón de Arte Digital (todavía me resisto como lo he dicho tantas veces a la categorización “arte digital”, ya que lo digital es un medio no un fin) tanto para los artistas cubanos como para los artistas internacionales. Recuerdo experiencias extraordinarias que fueron únicas en su momento, incluso en el contexto internacional: una obra en colaboración realizada por tres artistas en tres lugares del mundo distintos: Rio de Janeiro, Buenos Aires y La Habana. Hoy durante la pandemia lo hacemos todo el tiempo, pero en ese momento ni los mismos artistas se animaban a participar y las herramientas para realizarlo no eran tan estables como ahora. El evento fue organizado desde Cuba y usamos los medios digitales disponibles en ese momento (rudimentarios e inestables con respecto a los actuales) de manera totalmente original. Estábamos los tres conectados con una especie de central que estaba en la Cinemateca de La Habana, con público presente.  Recuerdo que después que se terminó la conexión pública nosotros seguimos trabajando, era tanta la intensidad creativa que no nos podíamos desconectar.

Otras actividades que recuerdo, además de haber participado en casi todos los Salones de Arte Digital del Centro Pablo, fue la invitación a SimpLAC’ 2002 Simposio Latinoamericano y del Caribe La Educación, La Ciencia y la Cultura en la Sociedad de la Información organizado por la UNESCO y el Ministerio de las Comunicaciones y de la Informática de Cuba. Allí tuve la oportunidad no solamente de exponer mis ideas sino de contactarme con ingenierxs, científicxs, escritorxs, músicxs…lxs que también estaban reflexionando sobre el tema, lo que amplió enormemente mi perspectiva. Más adelante, el Centro Pablo manejó una experiencia de avanzada en ese momento, la que también es muy común hoy en día, que era muy difícil de manejar y financiar en esa época. Fue la exposición El arte en el cuerpo en el Centro Hispanoamericano de La Habana. Allí, una artista mexicana, un artista cubano y yo, los tres con obra que se basaban en el cuerpo, realizamos una exposición que fue impresa en México con archivos digitales y luego viajó a La Habana, donde fue montada.  Finalmente, la posibilidad de estar en todas las actividades de celebración de los 10 años del Salón de Arte Digital en el Centro Pablo así como llevar la exposición JOUISSANCE al Centro Cultural Cinematográfico del ICAIC fueron hitos y experiencias muy importantes en mi carrera. Las amistades profesionales y personales que construí y todavía mantengo a través de esa puerta a Cuba, su arte y su cultura, que fue y es el Centro Pablo para mi, son suficiente prueba del inmenso cariño y agradecimiento que tengo para esta institución y sus integrantes.

 Argentina, como parte del mundo, ha sido, está siendo, muy afectada por la pandemia, ¿cómo la ha enfrentado desde el punto de vista personal y profesional?

 En lo personal, mis meses “pandémicos” fueron y están siendo extremadamente interesantes. Hasta el momento he tenido mucha fortuna, ya que desde el punto de vista personal pertenezco a los privilegiadxs que en esta situación tan difícil tienen asegurada la subsistencia, el techo, la comida, el conocimiento y los medios de acceso a infraestructuras digitales…algo que muchos no tienen y que, también, mucha gente que antes lo tenia carece. Además, los últimos años había estado viajando muchísimo así que un tiempo de quedarme en mi casa (aunque estuviera conectada y trabajando) sonaba a vacaciones, mientras que el Covid no atacó a mi familia ni a mis amigos más cercanos, hubo enfermos, pero no de gravedad.

Paralelamente, muchas instituciones artísticas extranjeras me convocaron para que dirigiera o colaborara en los contenidos para sus nuevos y necesarios programas online. Museos y universidades de China, Estados Unidos, México, Chile y Puerto Rico me invitaron a pensar y proponerles nuevas formas de difundir sus actividades, revisar sus programas, proporcionar contenido a los ya existentes, etc. En Proyecto´ace, como ya lo comenté mas arriba, no solo generamos este nuevo programa Juntos a la Distancia sino que participamos activamente de redes profesionales internacionales y nacionales en las cuales discutíamos estrategias para unirnos y colaborar en estas circunstancias. Finalmente, algo valiosísimo que, contradictoriamente, le debemos al aislamiento fue la fundación de QUINCHO: la Red Argentina de Residencias de Arte, un proyecto que veníamos pensando hace más de 10 años. La emergencia que estábamos pasando, las fronteras cerradas y la posibilidad de interactuar digitalmente, nos permitió hacer posible lo que no habíamos conseguido antes: unirnos entre colegas-directores de residencias de todo el país y crear una nueva red que hasta el momento involucra 34 programas de residencias nacionales desde Jujuy a Tierra del Fuego y está a punto de cumplir un año.

Como conclusión, creo que es cierto lo que dicen mis colegas chinos en cuanto a que “las crisis son oportunidades”, ya que me vi sumergida en uno de los períodos más inciertos, pero a la vez más fértiles, profesionalmente hablando, de toda mi vida.

Prensa

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