CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

20 AÑOS ES MUCHO MÁS QUE ALGO

Por: Centro Pablo

9 de Febrero de 2017

La exposición fotográfica 20 Años sí son algo, de Enrique Smith Soto (Kike), es la propuesta del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, para hacerse presente en la 26 Feria Internacional del Libro de La Habana, a celebrarse entre el 9 y 19 de febrero del presente año. La misma se inserta en el evento más importante de la cultura libresca cubana, por su capacidad para dar testimonio visual, con un acertado nivel estético-comunicativo, del 20 Aniversario de la fundación del Centro Pablo ─como lo llama el pueblo─ y el 18 Aniversario del espacio A guitarra limpia. De tal modo, por la imagen fotográfica se le rinde homenaje tanto a una forma muy particular de la expresión musical cubana, como al encomiable y sostenido trabajo que ha venido realizando el Centro Pablo en estos dos decenios, durante los cuales también se destacaron con valores propios, los relacionados con la imagen digital y el libro impreso.

De ahí que, de manera simbólica, las veinte fotografías que hacen la presente exposición asuman una dimensión identitaria de carácter institucional, en tanto expresión de una realidad muy del Centro Pablo, de la cual es el citado evento trovadoresco núcleo esencial de su construcción. En este ensayo fotográfico de Enrisque Smith, último de otros tantos relacionados con diferentes eventos auspiciados por dicho Centro, su compromiso social se homologa con uno estético-comunicativo resultante de su vocación, en la cual se hermanan el diseñador gráfico y el fotógrafo. En el que nos ocupa, el detalle, un poco signado por el azar, hace las partes de un enfoque integrador, que no demerita ocasiónes ni objetos, para conjurar su propuesta totalizadora. Por ejemplo: dos sillas reservadas con un abanico y un vaso, o un conjunto de ellas, alrededor de las cuales los trovadores han recostado sus guitarras en espera del inicio del concierto, obran como prólogo visual del ámbito sonoro que configura la presente exposición. Los retratos de trovadores como Teresita Fernández, Silvio Rodríguez o Heidi Igualada, entre otros, por el carácter generacional de la representatividad de los mismos en el  movimiento de la Nueva y Novísima Trova, sugieren la continuidad en el tiempo del espacio A guitarra limpia, sin propiciar ruptura alguna en el guion visual que les asiste; a saber, iconos concluyentes de la trascendencia cultural de lo testimoniado. Horas y horas de música noble e inteligente, se eternizan desde un punto de vista que hace de la guitarra y del espíritu que la ejecuta, matrices apropiadoras de la expansión de los sentimientos en la luz: sonidos de las fotos.

A no dudar, la guitarra es la otra protagonista de la presente exposición. Y no podía ser de otro modo. En manos de un trovador o recostada a una silla, en espera de la mano que le saque lo mejor de sí, como se evidencia en una de las fotos antes citadas, ella no solo parece ser, sino que es la intermediaria entre lo humano y lo divino en tales conciertos. En algún lugar de su vida, el poeta chileno Pablo Neruda se refirió al idioma que hablamos como el legado mayor de la cultura española en Nuestra América. Aprovecho la oportunidad que me ofrece el tema, para poner a su lado, o mejor aún, apoyada en el firme regazo de nuestro idioma, a la guitarra. Tal es el mensaje de la foto a contraluz  seleccionada para ilustrar la cubierta de la más reciente propuesta editorial del Centro Pablo: Memorias a guitarra limpia, en dos tomos (1998-2007; 2008-2014), la cual tiene como objetivo  “documentar, preservar y difundir la obra de las trovadoras y trovadores de la Isla”, según palabras del poeta Víctor Casaus, director de dicho Centro Cultural.

En efecto, hablar de la exposición fotográfica 20 años sí son algo, de Enrique Smith, es hablar también de ese “centro pobre pero honrado”, que hace del culto a Pablo de la Torriente Brau, uno de nuestros más preclaros jóvenes  de la intelectualidad revolucionaria de la primera mitad del pasado siglo, su más permanente raíz de vocación martiana. No es casual, que la foto número veinte de la exposición, por mi cuenta, sea una panorámica del Patio de las Yagrumas. Concebida su composición en sentido vertical, como la altura de los árboles que le dan nombre y, ¿por qué no?, a la manera de una estela que nos develara una nueva civilización, libre por la cultura y la música, donde se  destaca, cual relieve de fondo, los tres pisos de la casona de la calle Muralla desde el citado patio, literalmente tapizado por una muchedumbre de jóvenes de todas las edades, que oyen uno de los tantos conciertos de trovadoras y trovadores; fragua de una voluntad de ser mucho más que algo, que ha caracterizado a trabajadores, creadores y colaboradores del Centro Pablo a lo largo de estos veinte años.

 

José R. Bermúdez

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