CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

PABLO, MAESTRO DE SUS COMPAÑEROS RECLUSOS

Por: Leonardo Depestre

17 de Enero de 2017

Varios de los textos publicados por Pablo de la Torriente Brau en el diario Ahora en 1934 y 1935 revelan su preocupación por el estado de la enseñanza en Cuba y la precaria situación económica de los maestros. Pablo entrevistó a maestros y estudiantes de la enseñanza técnica, recorrió escuelas para comprobar in situ las condiciones materiales de estas y la alimentación que recibían los alumnos.

 

Sin embargo, es al Pablo propiamente maestro al que dedicamos estos apuntes.  Se acostumbra afirmar que las circunstancias difíciles constituyen una escuela  y que de ellas se aprende. Es cierto, pero en el caso de Pablo, a él el magisterio no le es ajeno, le viene de familia: su abuelo materno, Salvador Brau, es un poeta, historiador y pedagogo ilustre de Puerto Rico, en tanto el padre de Pablo también ha fundado varias escuelas en Santiago de Cuba.

 

Además, la formación de Pablo, sus conocimientos sobre diversidad de asuntos y su facilidad de palabras, así como la riqueza de su imaginación, lo disponen naturalmente para el ejercicio del magisterio. Solo se trata de esperar la oportunidad y esta se presenta (¡vaya paradoja!) durante su reclusión en el Presidio Modelo.

 

En carta del 13 de noviembre de 1931 a su amigo y amanuense Pedro Capdevila, en el tono jocoserio que le es propio, le cuenta así:

 

Aquí se está estupendamente. Las demás prisiones de la República son establos al lado de esta. Fundé dos academias: la de Incultura Física del prof. “Heriberto” y la de Idiomas, del prof. War Rellow, pero el gobierno me ha perseguido hasta en la cárcel y me dejó sin alumnos en la primera y sin profesor en la segunda.

 

De nuevo, el 16 de marzo de 1932, esta vez a su admirado amigo Rubén Martínez Villena, le escribe:

 

Aquí, en Presidio, donde las condiciones de nuestra estancia no son todo lo cómodas posibles, hemos fundado “Academias” innumerables. Llevan los más desaforados nombres que tú puedas pensar: Platón, Robespierre, Quintiliano, Carlos Valiño [sic], Demóstenes y mil más. Tenemos hasta una astronómica que lleva el nombre de Kepler, y la realidad es que ya conocemos tantas estrellas como cualquier astrónomo de cuarta o quinta categoría.

 

Y pocos días después, el 19 del mismo mes, regresa con el tema, ahora en carta a Federico Morales:

 

Ahora el furor es el de trabajar en las innumerables Academias de estudios que tenemos. Todo el día lo tenemos ocupado al centímetro, como vulgarmente se dice.

 

Es evidente que Pablo se toma muy en serio las clases y su condición de maestro en presidio. También evidente es el entusiasmo con que asume su labor pedagógica, en la que encuentra una manera provechosa de pasar el tiempo y ser útil a sus compañeros de confinamiento. Del gusto que le ha tomado al oficio da cuenta en carta a Teté Casuso, la esposa, donde le cuenta, siempre bromeando, que “ahora tengo menos tiempo para trabajar que antes, pues leo mucho más y, de contra, tengo que dar clase de Geografía.

Por cierto, chica, que estoy convencido de que soy mejor maestro de esta asignatura que todos los que yo tuve”.

 

Pablo recurre a los amigos que están en libertad, entre ellos a Enrique José Varona y a Rubén Martínez Villena, para que le envíen algunos textos que complementen las lecturas de los reclusos; así fomenta una pequeña biblioteca, como para probar que todo espacio, todo momento, toda circunstancia es válida y aprovechable si de aprender y enseñar se trata.

 

Para José Martí, el trabajo de maestro es aquel “en que se sirve mejor a los hombres”. Pablo, medularmente martiano, también hizo suyo este postulado.

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