CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

88 AÑOS ATRÁS: EL COMBATE DEL HOTEL NACIONAL

Por: Leonardo Depestre

25 de Octubre de 2021

Por: Leonardo Depestre Catony

Puede el lector joven preguntarse de qué combate hablamos y si se trata en efecto del mismo Hotel Nacional que todos conocemos, el que en Cuba ha acogido más personalidades ilustres extranjeras. También puede el lector joven asombrarse cuando más adelante encuentre que se convirtió en refugio “de la oficialidad desplazada”. Pero cómo, ¿un hotel convertido en cuartel?

Despejemos el asunto. A partir de la segunda mitad del año de 1933 los acontecimientos de trascendencia nacional que ocurren en Cuba se suceden con rapidez sorprendente. El 12 de agosto la presión popular consigue el derrocamiento del presidente Gerardo Machado. El 4 de septiembre tiene lugar el golpe militar dirigido por un pequeño grupo de sargentos (la revolución de los sargentos se le suele llamar) integrados en una Unión Militar Revolucionaria. De aquel movimiento emerge como hombre fuerte el entonces sargento mayor y taquígrafo del Sexto Distrito Militar de Columbia Fulgencio Batista.

Finalmente, el 2 de octubre se produce el combate del Hotel Nacional, previamente desalojado de huéspedes y convertido en refugio de la oficialidad desplazada por el movimiento del 4 de septiembre, con el mayor general Julio Sanguily (que convalecía en el hotel de una operación quirúrgica) al frente, quien había sido sustituido al mando del Ejército por el coronel Batista, todo en connivencia con el embajador norteamericano Sumner Welles.

El presidente Ramón Grau San Martín, de cuyo gabinete formaba parte Antonio Guiteras en condición de secretario de Gobernación, había dado orden de desalojar a los oficiales del Hotel Nacional con las fuerzas y medios que fueran necesarios, y en la madrugada del 2 de octubre el coronel Fulgencio Batista ordenaba romper fuego contra los sediciosos. Apoyaban civiles del Directorio Estudiantil Universitario (DEU), Pro Ley y Justicia y unidades de la Marina. Puede llamar la atención del lector el apoyo de Guiteras y otras fuerzas estudiantiles al Ejército, explicable por razón de que dicha alta oficialidad era una elite que gozaba de privilegios y por otra razón más importante aún: por entonces Batista era considerado por muchos como líder de un movimiento revolucionario de clases y soldados, y muy pocos podían imaginar sus secretas ambiciones.

De tres a cuatro mil soldados del Ejército Nacional rodearon el Hotel Nacional. Cerca de las seis de la mañana los soldados rompieron fuego contra el hotel desde todas las posiciones. Los oficiales —unos pocos cientos— no contaban con muchos fusiles pero sí con buenos tiradores que desde sus posiciones causaban bajas entre los atacantes, incluyendo los soldados que servían la ametralladora colocada en las calles Infanta y 23, por lo que el Ejército tuvo necesidad de emplazar un cañón en la calle 21, incorporar refuerzos y hasta el crucero Patria se situó frente al hotel para bombardearlo, aunque sin causarle daños (¡Por suerte tenían aquellos artilleros muy mala puntería, amigo lector!).

Pero ya sobre las diez de la mañana los proyectiles de un cañón de 75 mm comenzaron a impactar sobre las paredes del Nacional, en tanto baterías más distantes, emplazadas por la Universidad y la calle Calzada, también lo hacían, cambiando el panorama para los oficiales atrincherados en el Hotel Nacional.  Además, la ayuda prometida por otros grupos opositores nunca se materializó y las municiones se agotaban.

Al medio día se decretó una tregua para evacuar heridos y mujeres. La propuesta de rendición no fue aceptada por los oficiales y con las horas arreció el ataque. Ante el desbalance creciente de fuerzas y la certeza de que serían aniquilados, los oficiales izaron bandera blanca y se rindieron. Al cabo de unas once horas de combate, los sitiados salieron desarmados en pequeños grupos para ser tomados prisioneros, aunque un cierto número de ellos fueron baleados a mansalva.

El hotel —inaugurado en 1930—  mostraba las huellas de los impactos de miles de proyectiles y cañonazos, algunos pisos prácticamente estaban destruidos y las bajas (muchas más por los asaltantes) se contaban por decenas.

Nunca antes había vivido la ciudad (ni tampoco después) un combate tan intenso y prolongado, además de “extraño” pues al cabo de los años es difícil determinar cuáles eran “los buenos” y cuáles “los malos, en medio de un contexto político convulso, confuso e impredecible, con un personaje central —Batista— cuya traza  no había sido identificada del todo y de quien Pablo de la Torriente Brau apuntaría desde Nueva York, dos años después, en su por mucho tiempo inédito texto “Este es Fulgencio Batista”:

El 4 de septiembre se sobrepuso, instantáneamente, a los demás sargentos; cuando los oficiales se refugiaron en el Hotel Nacional, los cañoneó y los venció; cuando se sublevó el campo de aviación y se verificó el ataque aéreo nocturno al Campamento de Columbia, sostuvo el fuego y repelió el bombardeo, obligando a la fuga a los aviadores rebeldes.

#PabloyNosotros

COMENTARIOS

COVIDIANAS

EL REGRESO DEL JOVEN PABLO

BIBLIOTECA PABLO

PABLO Y NOSOTROS

LA MEMORIA DE VUELTA

LA CARABINA DE AMBROSIO

PALABRA VIVA

CONVERSANDO EN TIEMPOS DE …

BRUJAS : PROYECTO CULTURAL FEMINISTA

PODCAST

https://www.spreaker.com/show/al-oido