CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

AMOR, ENTREGA, GRATITUD: ESO ERES, VICENTE

Por: Estrella Diaz

24 de Diciembre de 2021

Por: Estrella Díaz

“No es de nadie y es de todos; integridad y coherencia hasta en la muerte; el escenario como campo de batalla; siempre abierto a los jóvenes y siempre presto y dispuesto a enseñar; maestro de toda una generación; de la muerte se vuelve, de la nada ¡jamás!; amor a la justicia, a la dignidad y a la ética; entrega total y comprometida a la revolución”, fueron frases que se escucharon de boca de algunos de los casi cuarenta trovadores quienes -alrededor de cuatro horas-  homenajearon a Vicente Feliú, trovador cubano fallecido, repentinamente, en La Habana el pasado viernes 17 de diciembre.

El Homenaje a Vicente se efectuó este jueves 23 de diciembre en los jardines del Instituto Cubano de la Música –ubicado en el Vedado capitalino- y constituyó una evocación sincera, hermosa y muy emotiva hacia uno de los fundadores del Movimiento de la Nueva Trova, quien deja un vacío enorme entre varias generaciones que encontraron en El tinto, “a un amigo, a un hermano, a un hombre-ejemplo que supo defender sinceridad y humildad a la Patria”.

El espectáculo –si es que puede definirse así porque no tuvo ni el más mínimo atisbo de  “lucecitas montadas para escenas”-, se desarrolló con absoluta sobriedad y algo que se debe  subrayar es el balance establecido entre la presencialidad de los músicos, los videos grabados y los testimonios mostrados gracias a las nuevas tecnologías que, por cierto, permitieron que este homenaje a Vicente se transmitiera en vivo por Internet.

Amigos de diversas latitudes –gracias a las nuevas tecnologías- estuvieron allí y ofrecieron sus valoraciones sobre Feliú: Gabo Sequeira, Víctor Heredia, Teresa Parodi y León Gieco, de Argentina; Pedro Muñoz de Brasil; Isabel Parra de Chile; Pere Camps, Pedro Guerra y Kiko Pí de la Serra, de  España; José Antonio Rodríguez, de República Dominicana; Roy Brown de Puerto Rico y Alexis Díaz de Pimienta de Cuba, dibujaron y desdibujaron recuerdos, anécdotas y sentires de lo que este trovador significó para sus vidas y, también, para sus respectivas carreras: es indiscutible que Vicente dejó una huella honda, una marca, en cada uno de ellos.

Comenzó el homenaje con la lírica del trovador Eduardo Sosa quien, emocionado, regaló La bayamesa, tema que en sí mismo entraña una profunda carga simbólica. El guitarrista concertista Alejandro Valdés interpretó Mujer olvida las razones, Augusto Blanca llegó con La felicidad y acompañó a la actriz Corina Mestre en Ay, amor -hermoso poema musicalizado, del Héroe de la República de Cuba, Antonio Guerrero, allí presente.

Rita del Prado, muy sobria y contenida (como debe ser), leyó –a nombre de toda la gente del Centro Pablo– fragmentos de un texto escrito por el poeta y cineasta, Víctor Casaus, que envió desde Argentina –donde se encuentra realizando una gira de trabajo junto a María Santucho, coordinadora general de la institución- y en el que se subraya la relación estrecha, entrañable y sincera entre Vicente y esa institución que acaba de cumplir veinticinco años y que ha cobijado y defendido todas las tendencias y generaciones de la nueva trova cubana. Rita interpretó Tiempo de yagrumas, lírico tema de su autoría dedicado, especialmente, al aniversario 25 del Centro Pablo y al entrañable patio de las yagrumas, que ha sido escenario de más de cien conciertos A guitarra limpia, muchos de los cuales fueron protagonizados o apoyados por Vicente.

Frank Delgado regaló Mira cómo te quiero mujer; Marta Campos llegó con Sobre un estilo argentino, un canto de amor; Orlando (Tato) Ayres interpretó Trovador de mi barrio; Heidi Igualada ofreció Canción del trovador; Silvio Alejandro, Donde habita el corazón; Ihosvany Bernal, Yosvani Palma y Fidel Díaz Castro: Canción a los que luchan toda la vida y Autoanálisis; mientras que Abel Acosta y Pepe Ordás se fundieron en el conmovedor tema El colibrí -anónimo- y uno de los preferidos de Vicente, según dijeron.

Diego Cano hizo suyo el tema Mario y yo, y –junto a Samuell Águila-, entonó Gorrión, mientras que Adrián Berazaín, Raúl Torres, Mauricio Figueiral, Ariel Díaz, Benito de la Fuete, Juan Carlos Pérez, Erick Méndez, demostraron su cariño hacia Vicente interpretando temas que los vinculan emocionalmente.

El maestro José María Vitier –con la sencillez de los verdaderos grandes-, llegó a su instrumento: el piano. Y escudado en él, entregó una joya: mezcla del antológico tema compuesto por él, La frontera del deber, con frases y divertimentos de Créeme, la más conocida pieza de Feliú: comunión de sonoridades. Simplemente, conmovedor para el espíritu, el alma y los oídos.

El poema Regresaré, dicho por su autor, Antonio Guerrero, fue ¡pura emoción concentrada, contenida y transmitida! El también maestro, Frank Fernández, continuó con Perla marina. Y otra vez, Eduardo Sosa –acompañado por Frank Fernández-, ofreció, Santa Cecilia, de Manuel Corona, “una de las canciones más amadas por Vicente”.

Rompiendo “el guion porque Vicente no me lo hubiera perdonado”, llegó Aurora –su compañera/amiga/esposa/cómplice- ante el micrófono quien (con voz segura, pero perceptiblemente entrecortada) dijo: “me quede sin mi mitad, pero me quedo un poquito con ustedes”. Reinó el silencio aprobatorio.

En los finales estuvieron Carlos Lage y  Karel García –hondamente estremecidos por el amor entrañable a Vicente-  y se incorporó Aurora de los Andes –la hija cantora de Feliú- y llegó Créeme  como cierre.

Todos al escenario: amor, entrega, gratitud, compromiso: eso eres, Vicente.

 

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