ÁNGEL QUINTERO, TODO “ALMA Y VOLUNTAD”

Por: María Fernanda Ferrer

4 de Septiembre de 2019

Por: María Fernanda Ferrer

Llegó el trovador cubano Ángel Quintero a Argentina con su personal zurrón repleto de canciones y su deseo inmenso de regalar lo mejor de sí, compartir poéticas y entregarse en “Alma y voluntad”, como versa una de sus más conocidas canciones. Y así fue.

El agudo frío mendocino, seguramente, queriendo ser cercano admirador de la obra del trovador —quien estuvo (y está) muy próximo a los fundadores del Movimiento de la Nueva Trova— lo abrazó, lo cobijó, lo rodeo ¡tanto! que puso, casi, en riesgo el concierto, efectuado en la muy bien equipada sala Chalo Tulián del recinto ferial Le Parc, donde se efectúa la Feria del Libro de Mendoza, provincia argentina a unos mil cien kilómetros de Buenos Aires, la capital.

Comenzó el recital con “Identidad”, tema profundamente humanista y comprometido con su Isla porque, según dice una estrofa, “la identidad nacional, es mucho más que un país, es la razón de cantar, de moverse y de sentir” y continuó con “Al paso”, en la que mezcla el lenguaje del campo cubano con sonoridades citadinas: “… canto mi dolor, canto con mi fe, pero no me inclino porque en mi corral, modesto tal vez, soy un gallo fino, fino, fino…”

Continuó con “Tus ojos”, canción que intenta atrapar con palabras un momento de mágica e íntima complicidad entre la pareja, y siguió con “Y te busqué”, poema escrito por el Héroe Nacional Cubano José Martí, en sus años adolescentes y que Quintero ha musicalizado, al igual que “Todos los días del mundo”, de la autoría del también poeta Víctor Casaus, quien es además el director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, invitado con el stand número 13 a la Feria mendocina del libro.

Concluida esta primera parte del concierto Angelito invitó a Casaus que, con timbrada y también acatarrada voz, leyó, precisamente, “Todos los días del mundo”. A esta reportera le pareció un momento singular porque dio al espectador la posibilidad de disfrutar un mismo texto dicho en dos variantes: el canto y la lectura. Y es que musicalizar poemas fue muy habitual en los albores de la nueva canción, algo que, lamentablemente, no se practica con regularidad  ahora entre los jóvenes trovadores de la Isla. De inmediato Casaus, más que leyó, interpretó, su poema “Esa muchacha se ha arreglado el pelo”, un canto de amor de encendida juventud.

Continuó el concierto con “Entre el agua y la sed”, de la autoría de Quintero y que forma parte del DVD Sentimientos Wi-fi, recital que ofreció el pasado año en la Sala teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, de La Habana, y está próximo a salir al mercado bajo el reconocido sello cubano Colibrí.

“El impenetrado cultural” y “El loco” son obras de Alfredo Carol, trovador que compartía su pasión por la música junto con la aviación y quien perdió la vida en un accidente aéreo por los ya lejanos años ochenta. Ambos temas son poseedores de una gracia criolla que puso a reír y a disfrutar al público asistente.

Con su poema “Elogio de la locura” Víctor Casaus reafirmó su creencia de que existen, al menos dos tipo de locura: la mala y la buena. Mientras la mala se esfuerza por destruir el mundo en que vivimos, arrasar con la naturaza y continuar oprimiendo a pueblos en todo el planeta, la buena locura –como nos cuenta este poema– está en las manos y las mentes de soñadores y creadores que la hacen suya para transformar el mundo en que vivimos, a partir del compromiso, la imaginación y la belleza.

Luego llegó “Historia del Panga” un testimonio de vida que Quintero volvió canción: “es un tema que compuse —dijo— pensando en la imperiosa necesidad de la paz, en contra de cualquier guerra que solo trae pesares y desgracias. Es importante tener y preservar la memoria —la personal y la colectiva— por eso “Historia del Panga” cuenta la vida de un cubano que perdió sus dos piernas mientras cumplía misión internacionalista en la Angola” … cruzamos los mares pidiéndole a dios, cuidar de la vida incluyendo la fe, y el Panga perdió sus dos piernas y el mundo no sabe, que siete gloriosas medallas de nada le valen…” 

Estaba previsto concluir el recital con “Alma y voluntad” —alma y voluntad de profunda raíz, que sorteando el fango y las piedras, hace invulnerable todo lo que soy si mi aliento y mi fe no se quiebran— y, efectivamente, con alma y voluntad —y a pesar del frío mendocino que casi le quiebra la voz—, Quintero complació al cómplice público con su personal versión cantada del poema “Los heraldos negros”, desgarrador texto del peruano César Vallejo que se ajustó muy bien como cierre de su presentación durante la Feria del Libro que está dedicada a tres grandes de las letras argentinas: Iverna Codina, Antonio Di Benedetto y Juan Draghi Lucero.

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