CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

BUSCAR LOS CAMINOS Y ENCONTRARLOS, AHÍ ESTA EL SECRETO

Por: María Fernanda Ferrer

18 de Junio de 2019

Por: María Fernanda Ferrer

 Tarde hermosa y de confesiones fue la del pasado jueves 13 en la que el poeta y cineasta Víctor Casaus fue el invitado de Páginas inéditas, proyecto que tiene como objetivo establecer un diálogo cercano con los escritores contemporáneos y compartir algunos textos no publicados o poco conocidos, siempre con la personal conducción de Fernando Rodríguez Sosa, un comunicador de larga experiencia en estas lides.

Comenzó recordando Rodríguez Sosa algunos de los muchos lauros que ha recibido Casaus en su intensa vida de creador como el Premio Latinoamericano de Poesía Rubén Darío por su poemario Los ojos sobre el pañuelo y a partir de ahí, comenzó una ráfaga de preguntas que comenzó con una, casi imposible o difícil de responder, ¿por qué la poesía?: “porque –subrayó Casaus- es imprescindible, no la que uno hace sino la otra, LA POESIA, la que existe no precisamente en los libros sino en la vida” y recordó la sabia reflexión del maestro y mentor de su generación, José Zacarías Talet, quien con recurrencia afirmaba que “la poesía está en todas partes, más la cuestión es dar con ella”.

Preguntado sobre su interés y dedicación al séptimo arte reveló que el cine siempre estuvo latente como un interés creativo y como una manera de mirar las cosas en el sentido de los géneros: “al igual que otros compañeros de generación fuimos múltiples -no sé si siempre para bien-, pero en definitiva múltiples”. Y puso como ejemplos a Luis Rogelio Nogueiras (Wichy) y a Guillermo Rodríguez Rivera, a quienes les sucedió lo mismo que a él: “es como una lucha entre los géneros y entre las maneras de hacer y de decir que, a veces, están en pugna y que uno trata de encaminar todo apoyándose en el  lenguaje que sea” y aseguró que son “muchos caminos a la vez” porque en ocasiones iba va a escribir un testimonio, pero le salía un poema o una secuencia de cine: “esa es la maravilla del mundo”.

A pesar de haber estado involucrado en 15 documentales y dos largos de ficción sobre diversos tópicos, Víctor Casaus reconoció que la figura de Pablo de la Torriente Brau siempre ha sido recurrente en su vida y en su obra: “a Pablo lo conocí, por suerte para mí, tempranamente a inicios de los años 60, en un solarcito de la calle Enna en el barrio de Luyanó donde viví mi infancia y adolescencia-  gracias a unas ediciones que realizó el entonces historiador de la ciudad, el doctor Emilio Roig, con el objetivo de rescatar textos valiosos publicados en la prensa cubana. Con Pablo descubrí dos cosas que siempre me han maravillado y aún me maravillan: se puede escribir con la fluidez y la actitud iconoclasta que tenía Pablo, fuera de toda retórica y de todo dogma. Y también, con esos primeros textos de Pablo comprendí que se puede ser revolucionario de esa manera”.

Resaltó que Pablo de la Torriente Brau fue un hombre que entendió la revolución “hasta el final”, lo que lo llevó a participar en la Guerra Civil Española donde cayó en combate, en Majadahonda, un pequeño pueblo en la periferia de la capital: “esa manera de ser revolucionario alentó mucho a aquel joven que fui”.

Cuestionado acerca de la posibilidad de retomar la narrativa de ficción, reveló Casaus que los caminos del documental, la poesía, el ensayo y el testimonio –“la mayoría de ellos todos a la vez” – no han sido planificados: “cada tema me llevó o a un documental o a un libro de testimonio o a la poesía de una manera muy natural y no planificada y eso me satisface porque siento que eso le da un nivel de autenticidad a lo que hago” y confesó que no vuelve a “la ficción porque nunca he trabajado planificando”  y recordó, a manera de ejemplo, que su libro de cuentos titulado Sobre la marcha, nació como “un subproducto” –yo diría como valor agregado– “de la intensa investigación que llevé a cabo cuando preparaba el libro Girón en la memoria”.

La conversación entre el invitado y su anfitrión se deslizó con fluidez sobre otros muchos temas como el nacimiento, hace ya más de dos décadas, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau que Casaus fundó junto a María Santucho y otros nacientes centropablianos; la labor en defensa del género testimonio que privilegia la Editorial La Memoria; los proyectos para agrupar a los trovadores de todas las tendencias y generaciones en torno al ciclo de conciertos A guitarra limpia. El intercambio concluyó con una pregunta que –según Rodríguez Sosa– se le formula a cada invitado y que en este caso fue: ¿quién es Víctor Casaus?, a lo que el poeta respondió: “quién lo supiera!; es una pregunta enigma… Víctor Casaus es alguien que sueña y que ha buscado la manera de estar entre la gente, entre su gente, que no son dos o tres sino muchos; eso me ha hecho feliz muchas veces, sin que ello excluyera los escollos en el camino o las inclemencias del tiempo, que siempre están, que surgen, que aparecen, pero eso le ocurre a todo el mundo y no solo a los escritores. Lo más importante es la búsqueda de los caminos, que muchas veces no son los más seguros pero son los caminos que uno cree que debe recorrer en cada momento de la vida: buscarlos y encontrarlos, ahí está el secreto”, concluyó.

Al término de la velada, que se desarrolló en la librería Fayad Jamís, perteneciente a la editorial Arte y Literatura del Instituto Cubano del Libro en la concurrida calle Obispo de la Habana colonial y que se extendió por una hora aproximadamente, el trovador Ariel Díaz interpretó tres temas –dos de su autoría y un tercero titulado “En el mismo centro de la flor”, a partir del poema homónimo de Casaus, que fue muy aplaudido por el nutrido público asistente.

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