CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

COMBATES URBANOS. OJEADA HISTÓRICA (III)

Por: Leonardo Depestre

22 de Noviembre de 2021

Por Leonardo Depestre Catony

 —- Son algo más de las tres de la tarde cuando el comando revolucionario penetra sin contratiempos en la emisora Radio Reloj, entregan al locutor los partes confeccionados previamente y en los que se da cuenta del inicio de la sublevación y la muerte del presidente Batista. A continuación, ante los micrófonos, se escucha la palabra enardecida del presidente de la Federación Estudiantil Universitaria, José Antonio Echeverría:

¡Pueblo de Cuba! En estos momentos acaba de ser ajusticiado revolucionariamente el dictador Fulgencio Batista. En su propia madriguera del Palacio Presidencial, el pueblo de Cuba ha ido a ajustarle cuentas. Y somos nosotros, el Directorio Revolucionario, los que en nombre de la Revolución cubana hemos dado el tiro de gracia a este régimen de oprobio.

 – Cubanos que me escuchan: acaba de ser eliminado…

La alocución se interrumpe al desconocer el orador que se ha activado un  relay que cierra automáticamente las transmisiones cuando se producen ruidos fuertes cerca del micrófono. José Antonio no puede continuar la lectura de su manifiesto y junto a sus compañeros toman los vehículos hacia  la Universidad, muy cercana a la emisora, donde se tiene pensado organizar la resistencia armada a la dictadura.

Los autos se separan y el que conduce a José Antonio tiene que enfrentar un carro de patrulla, con el que choca. Se genera de inmediato el tiroteo y el primero en descender, disparando, es José Antonio, quien cae ultimado al pie mismo del auto patrullero. Una tarja recuerda lo sucedido, en las esquinas de las calles L y Jovellar.

Entretanto, otro grupo de 50 revolucionarios se disponen a entrar en el Palacio Presidencial. Los comanda Carlos Gutiérrez Menoyo, de 32 años, ex combatiente de la Segunda Guerra con las fuerzas norteamericanas. Se desplazan en automóviles y en una furgoneta de la empresa Fast Delivery, donde va la mayor parte de los asaltantes. Se combate en el interior de Palacio. Los que suben al segundo piso en busca de Batista descubren que este ha escapado por una escalera interna anexa a su oficina. La resistencia de la guarnición es fuerte, muchos jóvenes mueren y a otros se les agotan las municiones. Entonces retroceden a la espera de los refuerzos previstos…  que nunca llegan, por lo que la operación de apoyo falla.

Son casi 30 los combatientes caídos, sumada a esa cifra los cuatro que son masacrados (desarmados) el 20 de abril en el edificio de Humboldt 7, que también habían participado en el ataque a Palacio.

—- Clandestinos. He ahí el título del filme que en 1987 el director Fernando Pérez —en su ópera prima— presentó a los amantes del séptimo arte. De inolvidable, de emotiva, de excelente, calificamos esta película basada en los sucesos que en la madrugada del 8 de noviembre de 1958 tuvieron lugar en la esquina de las calles Goicuría y O’Farrill, La Víbora, en el hoy municipio de 10 de Octubre, donde cientos de policías y miembros del Servicio de Inteligencia Militar  (SIM) de Batista —efectivos que algunas fuentes estiman en alrededor de  400— sitiaron a un grupo de cuatro revolucionarios en el que ha sido el combate más prolongado — casi cinco horas— sostenido por el movimiento insurreccional clandestino en la capital.

Aquel aparataje policial con alta potencia de fuego que tomó azoteas y viviendas vecinas, se dirigió contra el apartamento número 5 del edificio marcado con el 523, donde habían sido sorprendidos cuatro jóvenes revolucionarios, entre ellos uno de los más buscados, Ángel Machaco Ameijeiras Delgado, jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio en la capital. Otros dos se nombraban  Pedro Gutiérrez Hernández y Rogelio Perea  Suárez (Rogito), miembros ambos del Movimiento 26 de Julio. Durante horas se sostuvo el desigual combate, un carro patrullero ardió en llamas y varios cocteles Molotov estallaron en el lugar, en tanto la fuerza policial arremetió con ametralladoras.

El tiroteo cesó poco después del amanecer, una vez que los sitiados agotaron su parque de balas. Los tres jóvenes salieron encañonados, también una cuarta persona, una muchacha, Norma Porras, esposa de Machaco, herida, en estado de gestación y capturada en la azotea de un edificio aledaño, recluida en el vivac de mujeres de Mantilla y después trasladada a la Cárcel de Mujeres de Guanajay. Los tres jóvenes apresados aparecerían baleados en la Casa de Socorros de la calle Corrales, siendo notificados a la prensa como muertos en el tiroteo. El 9 de noviembre la emisora clandestina Radio Rebelde informaba a los oyentes del ascenso póstumo de Ángel Ameijeiras al grado de comandante del Ejército Rebelde.

Las calles habaneras han presenciado otros muchos tiroteos en los que estuvieron implicados elementos policiales y opositores, pero lejos de ser considerados como combates urbanos, la historia los recoge como masacres por el estado de indefensión en que se encontraban las víctimas. Masacres execrables lo fueron la de los hermanos José Antonio y Solano Valdés Daussá, ambos estudiantes, el 14 de abril de 1932; la de los hermanos Leopoldo, Gonzalo y Guillermo Freyre de Andrade, figuras del acontecer público, el 27 de septiembre de 1932, las dos anteriores bajo la dictadura machadista; la de los revolucionarios Fructuoso Rodríguez, Juan Pedro Carbó Serviá, José Machado y Joe Westbrook, en Humboldt 7, el 20 de abril de 1957, y la de  las hermanas Cristina y Lourdes Giralt, el  15 de junio de 1958, durante el régimen de Fulgencio Batista, por citar solo aquellas en que hubo múltiples víctimas.

Heroico también es el martirologio que pueden contar las calles de La Habana.

 

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