Por: Centro Pablo
26 de Marzo de 2020
Redacción: Centro Pablo
Para el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, el fallecimiento de Juan Padrón o más bien de Padroncito –como siempre lo llama nuestro director, Víctor Casaus- significa no solo la pérdida de un hombre que encarna la cubanía toda, sino la ausencia de un amigo entrañable, de un intelectual respetado y querido.
Ediciones La Memoria del Centro Pablo tuvo el tino y la enorme alegría de, en 2017 y 2018, publicar dos libros de historietas de su autoría: Elpidio Valdés, los inicios y Verdugos, respectivamente y aún se encuentra esperando por la imprenta La tribu Tapok, que no ha visto la luz por insuficiencias del sistema editorial cubano.
Recordemos hoy lo que aconteció en 2018 durante los días del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano cuando se presentó Elpidio Valdés, los inicios, y que está refrendado en la nota escrita para esa ocasión:
Juan Padrón -artífice, creador y padre de Elpidio Valdés, personaje que “es un icono de nuestra cultura”- dijo sentirse muy contento con el resultado de este libro y adelantó que en el futuro “vendrán otras experiencias de trabajo con el Centro Pablo”.
Contó que el personaje de Elpidio le ha dado “muchas alegrías porque la gente me para en la calle y los niños se tiran fotos conmigo y me hace sentir orgulloso que mi personaje haya prendido en el público”, pero también, dijo, que le ha dado “muchos dolores de cabeza porque la gente se apodera de él y hace cosas sin autorización o sin contar conmigo”. Recordó que hace unos años se editaron unas libretas escolares en la que aparecía Elpidio escachado, “algo horrible” y el personaje ha tenido muchos problemas con el derecho de autor porque lo utilizan para otras cosas sin contar con su creador.
No obstante, enfatizó “Elpidio Valdés está vivo porque existe en la mente de los cubanos” y de inmediato contó que como sistema de trabajo se realizaban intercambios con los niños de la ciudad y del campo: “las niñas, por ejemplo, se quejaban que en las primeras historietas ellas no estaban representadas, lo cual era cierto. Los varones decían que no era necesario porque las hembras no hacían cargas al machete, sin embargo, descubrí que sí, que muchas mujeres cargaron al machete con sus maridos y junto a la tropa a caballo y de ahí nació el personaje de María Silvia”.
Recordó que en la primeras aventuras Palmiche -el simbólico, valiente y graciosísimo caballo que siempre acompaña a Elpidio- no tenía personalidad alguna, pero “como los niños manifestaban un gran amor empecé a cuidar a Palmiche y le hice la raya al medio y lo volví más galán; en cada aventura le di tanta prioridad a Palmiche como a Elpidio. Hay una película entera que se titula Elpidio Valdés encuentra a Palmiche”.
Las palabras de elogio estuvieron a cargo de la doctora Laidi Fernández de Juan quien aclaró que el libro se enriquece con breves notas del propio Padrón: “aparecen en Elpidio Valdés, los inicios cuatro capítulos, fechados según el orden en que fueron apareciendo las publicaciones: Elpidio Valdés contra los ninyas; Elpidio Valdés contra Gun market co, ambas de 1970; Elpidio Valdés contra los zernis, de 1971, y de un año más tarde Elpidio Valdés y el cañón de cuero, que posteriormente fue llevado a soporte audiovisual”.
Subrayó que el libro, que pertenece a la Colección Homenajes, permite disfrutar de una suerte de viaje a la semilla, a los orígenes del más entrañable representante del espíritu emancipador cubano en cuanto a dibujo o historieta se refiere: “dirigido inicialmente a un público infantil –al menos esa fue la intención de Padrón-, Elpidio y sus colegas, sus adversarios, sus amigos, sus conquistas y sus tribulaciones, devinieron símbolo irredento de Cuba, disfrutado por todas las generaciones, pero ojo: con la gracia y el encanto de educar sin que se note”.
Enfatizó Fernández de Juan que no se trata de “lecciones a ultranza, ni del llamado teque, altamente perjudicial, como sabemos, sino divertimentos de la Historia, juegos, travesura. En otras palabras: Juan Padrón logra el milagro –porque de eso se trata, de una obra milagrosa-, de remover patriotismo mediante aventuras deliciosas”.
Insistió en que las creaciones de Padrón funcionan como el cordón umbilical que ata a varias generaciones de cubanos y de cubanas: “podemos disentir en muchísimas cuestiones, polemizar con los viejos y con los más jóvenes, atacarnos, emigrar o quedarnos, defendernos, enfrascarnos en apasionadas discusiones, dejarnos abatir o por el contrario, estimularnos a continuar batallando, pero si en algo estuvimos, estamos y estaremos de acuerdo todos los nacidos en esta Isla, es precisamente en la identificación del más grande de nuestros historietistas”.
Recordó que con este libro/cuaderno “asistimos a la revisitación de la historia, o a su aprendizaje, en el caso de los niños y niñas, de la manera más divertida posible. Riámonos, pues, y aprendamos juntos. Este bellísimo libro-fiesta nos espera”, concluyó.
Juan Padrón es un artista imprescindible y tiene en su haber más de sesenta cortos y cinco largometrajes de animación, ha publicado cuatro novelas y es, además, profesor titular adjunto del ISA, el Instituto Superior de Arte, y acreedor de diez Premios Corales. También con justeza es Premio Nacional de Humor y de Cine.
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