CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

CONCHITA FERNÁNDEZ, LA CONCHA ESPINA DE PABLO

Por: Leonardo Depestre

16 de Febrero de 2017

Son numerosos los amigos en la vida de Pablo de la Torriente Brau. Y también hay amigas como Conchita Fernández, quien además fue su compañera de trabajo en el viejohabanero bufete de los doctores Giménez Lanier, Ortiz y Barceló. Si Pablo entra en la historia y en la cultura cubanas por su doble condición de combatiente revolucionario y de escritor periodista, Conchita entra en la historia por una condición muy singular. Pero de esta comentaremos más adelante.

Conchita recordaría que se conocieron en 1928 en el Club Atlético, que Pablo frecuentaba como deportista. Un año después trabajarán en el citado bufete, Pablo como secretario y colaborador del doctor Fernando Ortiz, y Conchita como mecanógrafa. Ella cuenta así su primer día:

 

—Yo tenía entonces dieciséis años y pesaba noventa libras nada más… Llegué y había un compañero sentado, con una cara muy agradable, de ojos azules… “Yo soy Conchita Fernández; estoy citada por el doctor Giménez Lanier…” Entonces aquel compañero se vira y grita: “Pablo, aquí está Concha, la que tú estabas esperando…” Yo me quedé pensando, “¿Rubén?” Y Pablo al poco rato me dice: “Ese es Rubén Martínez Villena”.

 

¡Qué tres personalidades reunió el doctor Fernando Ortiz junto a sí!

 

No es tan conocido como merece serlo el hecho de que tras la manifestación estudiantil y popular contra Machado del 30 de septiembre de 1930 en que Pablo fue herido en la cabeza y tuvo que ausentarse del trabajo por algún tiempo, Conchita asumió en doble turno sus funciones de secretario (además de las de mecanógrafa que ya tenia) en el bufete para que Pablo, recién casado, no perdiera su fuente de ingresos.

 

Acerca del carácter de Pablo, Conchita contaría:

 

—Era un gran bromista, le gustaba jaranear. Mira, a mí él me puso Concha Espina. Ese era el nombre de una escritora española. Como yo era flaquita, Pablo unió lo de Concha con la Espina, y así me decía.

 

Cuando él salía del periódico Ahora, pasaba por donde yo vivía y gritaba: “¡Concha Espina!” Yo salía al balconcito del cuarto en donde vivía con mi madre, en un primer piso, y le contestaba. Y él preguntaba: “¿Hay algo?” Si había, comía de lo que hubiese, y mientras comía jaraneaba mucho con mi madre. Se ponían a hablar de Puerto Rico, pues mi madre era de Mayagüez. Pablo había nacido en San Juan. A mi madre la quería mucho…

 

Ni aún en el exilio, Pablo descuidó su amistad con Conchita, ya fuera a través de las cartas cruzadas entre ambos o por medio de los recuerdos que solía enviarle a través de otros compañeros. En ella tuvo confianza absoluta. Ella contaba:

 

Fíjate si tenía poder de convencimiento, que cuando me dijo que el día 30 de septiembre iba a producirse una manifestación contra Machado, me lo dijo de manera tal que yo fui a esa manifestación. Es decir, fue capaz de observar en mí a alguien que podía tomar una posición política y social de lucha contra la injusticia. Me inició en la lucha con su gran carisma, con su poder de convencimiento, pese a lo jovencita que yo era.

 

Conchita Fernández no fue solo Concha Espina, a veces Pablo la convierte en Concha Espina de Cherna, o la llama querida rubia en la correspondencia y le pregunta si está engordando, pues son muy diversas las maneras en que Pablo le expresa jocosamente su cariño. Ella es también una de las contribuyentes a las remesas alimentarias que apoyan a Pablo durante sus reclusiones en el Presidio Modelo.

 

Nacida en 1912, Conchita era once años más joven que Pablo y lo conoció a través de su amiga Teté Casuso, quien sería la esposa de Pablo. Permaneció como secretaria del doctor Fernando Ortiz hasta 1944, cuando pasó a serlo de Eduardo Chibás. Al triunfo de la Revolución lo sería también de Fidel Castro. Esta condición hace de ella que se la sobrenombre “la secretaria de la República”.

 

A Pablo la unió una amistad entrañable y una profunda admiración. Por ello cuando en 1986 se cumplieron 50 años de la caída del héroe en la Guerra Civil Española, declaró:

 

Quienes lo conocimos, no nos sorprendimos de que Pablo hiciese todo lo que hizo en el frente. Por eso, con un fusil en las manos, lanzando metralla contra los fascistas, cayó heroicamente en Majadahonda.

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