CONVERSANDO EN TIEMPOS DE…

Por: Estrella Diaz

28 de Octubre de 2020

“CREO QUE MAS QUE UN CINEASTA SOY UN CINÉFILO…”

Por Estrella Díaz

Raúl Rodríguez, Premio Nacional de Cine 2017, es un reconocidísimo director de fotografía; más de un centenar películas documentales, noticieros ICAIC Latinoamericanos y largometrajes de ficción avalan su trabajo como uno de los fotógrafos más importantes en la historia del nuevo cine cubano.

Raúl  (Santa Clara, 1939) trabajó directamente con Santiago Álvarez y otros reconocidos directores en películas como Rancheador, La bella del Alhambra, Maluala, El Brigadista y Páginas del diario de Mauricio, entre muchas otras y es, además, profesor en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños y pertenece al Consejo Asesor del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau desde su fundación, hace ya más de veinte años.

Con el destacado fotógrafo es difícil sintetizar debido a su larga e intensa vida como profesional del lente. No obstante, lo intentamos.

Trabajó directamente con Enrique Pineda Barnet en la película La bella del Alhambra. Desde su especialidad, ¿cuál fue el mayor reto?

Con Enriquito me une una gran amistad. Nos conocimos en 1962 cuando asumió la dirección del Departamento Enciclopedia Popular. En aquel tiempo yo era editor, y asistente de cámara. Mi primer documental como fotógrafo y de Enrique como director fue Fuenteovejuna, puesta en escena de Teatro Estudio. Ese documental demostró que mi vocación era la fotografía. Luego durante muchos años seguimos trabajando juntos en algunos proyectos.

Enrique provenía de la televisión y la publicidad y tenía ya experiencia como director de actores, musicólogo, teatrista y escritor. Cuando fotografié La bella del Alhambra ya había hecho la dirección de fotografía de Aquella larga noche, Tiempo de amar, y la cámara en Mella y algunos documentales.

Quizás el mayor reto fue asumir su película más compleja y la más exitosa, tratar de interpretar las imágenes que el concebía y plasmarlas en un guion técnico lo más exhaustivo posible y, posteriormente, llevarlas al rodaje. Fue un reto también hacer ese largometraje demasiado complicado para la época, los ochenta, con tantas limitaciones de recursos y en tan poco tiempo.

En 2017 recibió el Premio Nacional de Cine 2017, ¿qué ha significado este reconocimiento?

Me sorprendió. Significó el estímulo mayor a mi trabajo. Todavía me emociono pensando en ese día cuando amigas, amigos, colegas y curiosos llenaron la platea del cine Chaplin para compartir la inmensa alegría de ese reconocimiento.

Usted ha reconocido que ha estado “más inclinado al cine documental que al de ficción”, ¿por qué le atrae más lo testimonial? 

Absolutamente. Para mí los documentales han sido en gran medida la razón de mi trabajo como director de fotografía. La espontaneidad, la experimentación y el descubrimiento que nos aportan los documentales son únicos. Tengo ejemplos de los más de un centenar que he fotografiado: Con Miguel Hernández en Orihuela de Víctor Casaus; Asalto a la tierra morena, de Santiago Álvarez; Hay un grupo que dice de Lourdes Prieto; Rita Longa, una mujer desobediente de Regino Oliver; Oggún de Gloria Rolando; Viaje de un largo día hacia la noche de Tomás Piard; Carnaval 70, de Manuel Herrera y Habana vieja (1980) con el inolvidable cineasta y amigo Oscar Valdés.

En su larga carrera ha trabajado con importantes directores, ¿a cuál le debe más?

Estoy completamente seguro que a cada uno de ellos le debo mucho. Respeto mucho el trabajo de los realizadores. En su mayoría son creadores que se enfrentan a un arte tan difícil e importante como es el cine, pero no solo los consagrados también los jóvenes directores me han aportado mucho y a todos les agradezco lo que soy actualmente.

¿Qué fue para usted Santiago Álvarez?

El cineasta que cambió la estética de los Noticieros Cinematográficos para bien; el hombre que se rodeó de artistas talentosos que influyeron decididamente en su obra. El periodista cinematográfico, el documentalista que logró hacer del panfleto político, un arte. Eso fue para mí Santiago. Colaboré muchas veces en el Noticiero ICAIC Latinoamericano y ya en documentales o reportajes: El nuevo tango, en Argentina. Al asalto de la tierra morena en Portugal; como parte del equipo de fotografía en Chile durante el viaje de Fidel a ese país (De América soy hijo y a ella me debo, con Iván Nápoles, Dervis Pastor Espinosa y Adriano Moreno)

Para mí, Ciclón, documental de largometraje; LBJ, documental de largo metraje y Hanoi, martes 13, documental de mediometraje, son obras maestras del género.

Nuestras relaciones personales durante mucho tiempo fueron difíciles, pero en los últimos años de su vida tuvo un acercamiento cariñoso a mi persona.

¿Por qué cree que a usted se le denomina “maestro de la luz y del encuadre”?

Siempre he sido muy cuidadoso con la iluminación y con los encuadres, es verdad. Estudio detenidamente las películas clásicas de todos los tiempos y de todos los países. Creo que más que cineasta soy cinéfilo y conservo una videoteca pequeña, pero muy valiosa donde atesoro todo aquello que me pueda servir para estimular mi trabajo y sugerirme nuevas formas. Pero no soy el único en nuestro cine, ni en nuestra televisión.

Su carrera se ha desarrollado, fundamentalmente, en la llamada “era analógica”, ¿cómo se ha dado en usted el tránsito hacia lo digital?

En 1990 me estrené en el cine digital con dos excelentes documentalistas cubanas: Lourdes Prieto en un documental sobre Manuel Mendive, el reconocido pintor, que se tituló Para el ojo que mira y con Gloria Rolando en un documental de mayor tecnología digital denominado Oggún sobre Lázaro Ross, notable cantante del Conjunto Folclórico Nacional. El documental de Mendive anterior casi fue una obra de cine independiente por todo el trabajo que significó y la ayuda desinteresada de amigos que nos prestaron cámara y nos cedieron edición. José M. Riera, El Viki, Roberto Otero, el Centro Pablo, y la dirección del Fondo Cubano de Bienes Culturales, que en aquel entonces dirigía Nisia Agüero, nos dieron una ayuda muy estimable.

Hace poco logré hacer mi primer largometraje digital con mi gran amigo y excelente director Tomás Piard: La ciudad, un proyecto muy hermoso y lleno de calor humano y sensibilidad. Para mí esta tecnología ha sido un gran descubrimiento y lamento que mi retiro haya coincidido con el nivel más alto de su desarrollo en nuestro país.

¿Cómo se vincula al quehacer del Centro Pablo?

Me siento orgulloso de haber sido uno de los miembros fundadores de esa institución cultural que aprecio íntimamente. Fui de los primeros en grabar para la memoria del Centro Pablo los primeros conciertos de la trova en A guitarra limpia además de todas las actividades que se producían allí. Participé como jurado en una de las ediciones de sus Salones Internacionales de Arte Digital y recuerdo esa experiencia como muy grata. También he registrado varias de las entregas del Premio Memoria que concede la institución y algunos de los conciertos Puntal Alto, proyecto que aglutinó a la más joven generación de trovadores. Igualmente fotografié los documentales Bajo la noche lunar, Conversando con Ruth, Rumor del tiempo y Hay un grupo que dice, dirigidos por Lourdes Prieto, y el documental sobreTeresita Fernández Pobre, nómada y libre, de Jorge Fuentes, entre otros. En estos momentos amargos de una pandemia feroz, el Centro sigue trabajando a través de las redes sociales, Internet, WhatsApp, la comunicación on line y el correo electrónico. ¡Felicidades por tanto esfuerzo!

¿Cómo ha llevado y asumido este período de pandemia?

Estoy viviendo los momentos más difíciles de mi vida. Tengo que hacer grandes esfuerzos para evitar una profunda depresión. Estoy leyendo lo que nunca he podido leer. Ahora el tiempo me lo permite, viendo nuevamente el mejor cine de todos los tiempos, y el nuevo cine, y los seriales que se imponen, los documentales de todo tipo y de todas partes donde he podido ratificar la importancia de este cine sobre la ficción. Soy cuidadoso con la  TV me abruma con demasiados noticieros, que se repiten constantemente. Sin embargo aplaudo el espacio Solo la verdad, que nos trae un cine político inteligente y de excelente factura.

 

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