CONVERSANDO EN TIEMPOS DE…

Por: Estrella Diaz

29 de Octubre de 2020

“AÚN EN ESTOS DIAS, QUE PREFIERO NO CALIFICAR, SE PUEDEN ABRIR NUEVAS PUERTAS Y VENTANAS…”

Por Estrella Díaz

Eugenio Chávez es un promotor y gestor cultural cubano nato y de larguísima experiencia: un especialista que es capaz de buscar soluciones prácticas e inteligentes a la hora de impulsar un proyecto y todo lo hace desde la amabilidad, el buen trato, el humor; tiene una muletilla que, parece, es su palabra favorita: “¡genial!” que siempre acompaña de una ancha sonrisa. He tenido la gran suerte de trabajar en conjunto con él en múltiples ocasiones, sobre todo, en la realización de conciertos de trovadores que –coordinados por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau- se realizan en el muy bien equipado teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, así como en el estreno de unos veinte documentales realizados por la Productora de Audiovisuales de la Oficina del Historiador en la que, también, laboro.

Con él todo fluye con facilidad: así fue, para no variar, nuestro más reciente intercambio electrónico.

Hace aproximadamente dos décadas te desempeñas como Especialista de Actividades Culturales del Museo Nacional de Bellas Artes, trabajo que desarrollas, fundamentalmente, desde el teatro de esa prestigiosa institución, ¿cuáles han sido los más significativos aportes -desde el punto de vista profesional y personal- que te dado esa labor?

Así mismo, este mes se cumplen 26 años, te aseguro, no tenía mucha conciencia del paso del tiempo hasta que llegaron estos meses de encierro en que he hurgado un poco en el pasado, precisamente para, desde las páginas en redes sociales del Museo Nacional de Bella Artes, revisitar algunos destacados momentos en la historia de su programación cultural.

Llegué al Museo en un momento de especial riqueza y diversidad en sus propuestas culturales, un terreno fértil para la creatividad y la inquietud de aquellos años, llegaba con mi experiencia aún en ciernes de organizar eventos con la Asociación Hermanos Saíz (AHS), de tocar la puerta de Pablo Milanés y su equipo, fascinado por cada uno de los elementos que resultan una puesta en escena, el guión, las luces, mecánica escénica… quería hurgar en cada detalle, develar la intríngulis de la magia.

Temprano comprendí el privilegio y la buena fortuna que resultaba formar parte de un equipo de gran experiencia en el trabajo cultural como el que en aquellos años organizaba cada detalle de la programación del Museo, fue formativo al más alto nivel. Cada día se creaban propuestas desde cero, trabajando concepto, guión, selección de los elencos, dirección artística y producción.

También el Museo, como parte del trabajo cotidiano, me ha dado la oportunidad asistir muy de cerca al crecimiento artístico, profesional, y profundizar en el conocimiento de la obra, de muy destacados músicos y creadores de toda índole que he admirado desde siempre, de participar en proyectos interdisciplinarios donde los curadores rompen un poco los esquemas clásicos de la más tradicional muestra expositiva y exploran, asumen, como parte de la muestra, relaciones, diálogos, con la música, la danza o cualquier otra manifestación artística, en la vida y la obra del pintor o sencillamente les interesa acompañar la muestra con actividades culturales que contextualicen una etapa creativa determinada en su obra. Por años he colaborado y participado en proyectos en muy diversas instituciones. Pero si de aportes se trata, el Museo ha sido mi lugar ideal para trabajar-disfrutar-crecer.

Eres, desde el 2001, el Coordinador General del Festival Internacional de Danza en Paisajes Urbanos Habana Vieja Ciudad en Movimiento, evento que con el paso del tiempo ha llegado a tener un impacto cultural destacable, ¿cuál consideras que son los logros más relevantes de esa cita de la danza que ha logrado traer a la capital cubana a importantes compañías de varios puntos de la geografía mundial?, ¿y los mayores obstáculos o deficiencias?

Los logros son muchos. Aquella primera idea de la coreógrafa y directora de Danza Teatro Retazos, Isabel Bustos, de usar casas museos, portales, parques, para las puestas en escena e invitar a los danzantes a presentarse en las calles, resultó también una manera de redescubrir y compartir una parte de la ciudad con magia e historia particulares, de llamar la atención de muchos detalles de la misma que quizá nuestra agitada cotidianidad no nos deja apreciar.

Los vecinos del centro histórico y el público en general, que ya esperan el evento pueden apreciar en las calles una gran diversidad de géneros danzarios, se pone siempre énfasis en las propuestas de danza contemporánea por su posibilidad de asumir cada elemento del paisaje urbano como una herramienta coreográfica más.

El festival se gestiona con la premisa de ofrecer un espacio de creación a cada uno de los participantes, da la posibilidad de compartir un lenguaje común para creadores de muy diversas regiones del mundo, sería un error imperdonable desaprovechar la presencia de creadores tan disímiles y no ofrecerles la posibilidad inmediata de interactuar y crear in situ; por esa razón -y sé que es atípico en la mayoría de los festivales de esta índole- la programación asume cada día las nuevas propuestas resultantes de la interacción de los invitados al evento durante sus intensas jornadas.

Habana Vieja: Ciudad en Movimiento ha logrado inspirar el desarrollo de otros eventos que ya hoy exhiben resultados muy destacados como DV Danza Habana: Movimiento y Ciudad o el Festival de Jóvenes Coreógrafos Impulsos que en apenas unos días realizará su edición número quince.

Compartir saberes y creación hace del festival no solo un momento de mostrar lo realizado, deviene espacio de formación para decenas de jóvenes que participan, de interacción con la comunidad, en absoluta coherencia con las premisas del trabajo social que cotidianamente realiza la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Prefiero hablar de retos, más que de obstáculos, y los retos son muchos, lograr un festival cada vez más diverso e inclusivo y ofrecer danza, artes plásticas, cine, música, pero lograr más interacción social, más calidad en las propuestas e incluso romper nuestros propios esquemas.

¿Cuál consideras que son las principales características que tiene, necesariamente, que poseer un especialista que se dedique a la gestión cultural?

El gestor cultural es un mediador, una especie de centinela de la creación, ha de estar muy atento a cada proceso, a cada proyecto en curso, trazar el camino, debe saber cuáles son y usar las herramientas correctas para compartir propuestas enriquecedoras en el ámbito de la cultura, y articular su inserción en una estrategia social.

Para alguien que disfruta de cualquiera de las manifestaciones del arte, compartir un nuevo “descubrimiento” sea música, una obra danzaria, un film, es como imprescindible, este disfrute lo veo como una condición sine qua non para un gestor, cuando la obra de arte te impacta, actúas como un catalizador natural, eres sencillamente, un fascinado que comparte su suerte.

¿Cuánto peso le concedes al trabajo del gestor o promotor cultural?

El trabajo cultural marca definitivamente la vida de una comunidad, la suerte de asistir tan de cerca al magisterio de Eusebio Leal y su asombroso equipo de trabajo en el Centro Histórico, resulta una -no por cotidiana- menos impactante, clase magistral. Aún después de tantos años, sigo descubriendo proyectos socioculturales en la zona que solo pueden ser pensados y realizados desde una sensibilidad de privilegio, con un sólido trabajo social y de gestión cultural: los muy destacados logros que en ese terreno exhibe hoy el Centro Histórico de La Habana, son fruto de ese abnegado y persistente empeño.

Me consta que eres un trabajador incansable, ¿en estos meses de aislamiento qué has estado haciendo?, ¿te has aburrido?

¿Aburrirme? ¡No!, siempre he creído en los cambios como una oportunidad de exploración de cosas nuevas, de desarrollo y este cambio tan radical no podía verlo de otra manera, quizás, lo que cambiaron fueron los medios para desarrollar nuevos proyectos. En este tiempo, he estado muy en contacto con directores de festivales, coreógrafos, pintores del patio y de todos lados, y fruto de mucho “soñar por teléfono” ya están en curso nuevos empeños, francamente sorprendentes.

He hurgado en montones de viejos programas de mano, grabaciones, imágenes, para publicar “Memorias” en las redes sociales del Museo Nacional de Bellas Artes.

Además he estado trabajando con un equipo de jóvenes gestores en los procesos iniciáticos de un nuevo centro Habana: Espacios Creativos. Creo que es el primero de su tipo en nuestro país y está inspirado en las fábricas de creación – también llamadas “incubadoras”. El objetivo es convertirse en espacio-laboratorio para el intercambio, el diálogo y la experimentación propiciando el desarrollo y acompañamiento de proyectos de creadores jóvenes, en pleno proceso de otorgamiento de sus Becas de Creación 2020.

Llegó esta pausa en el trabajo presencial, pero los jurados de cada una de las manifestaciones continuaron revisando cada propuesta presentada, debatiendo vía whatsaap, y ya se retomaron las entrevistas a los posibles becarios y -en equipo- estamos explorando, debatiendo, la programación ideal de actividades para un lugar con estas características. Estoy francamente entusiasmado con las sinergias que puede lograr un centro así, cómo no estarlo. Aún en estos días, que prefiero no calificar, se pueden abrir nuevas puertas y ventanas para la creación.

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