CONVERSANDO EN TIEMPOS DE…

Por: Estrella Diaz

1 de de 1970

“PIENSO QUE LA PANDEMIA NOS HA ENFRENTADO A LA CERTEZA DE LA FINITUD DE LA EXISTENCIA…”

Por Estrella Díaz

El poeta, narrador, editor, crítico, guionista de cine y periodista Alex Fleites, nació en Caracas, Venezuela, en el año 1954 y en los primeros años del triunfo revolucionario de 1959, regresó a la Isla junto a sus padres, que se encontraban exiliados en la tierra del Libertador, Simón Bolívar.

En la Facultad de Filología de la Universidad de La Habana se graduó de Literatura Hispánica, y desde sus tiempos de estudiante comenzó a publicar en el periódico Juventud Rebelde artículos, ensayos, críticas, comentarios y entrevistas de su autoría que ven la luz en diversas publicaciones como El Caimán Barbudo y las revistas Cine Cubano, Unión y Arte Cubano y Amnios (especializada en poesía) entre otras. Sus textos, tanto en verso como en prosa, se han traducido al inglés, alemán, francés, ruso, portugués, italiano, chino, vietnamita y cebuano, lengua indonesia hablada en Filipinas.

En paralelo ha escrito guiones para diversos directores de cine de Cuba como Arturo Sotto y el recientemente fallecido, Enrique Colina, al igual que ha trabajado con directores internacionales como Gerardo Herrero, Patxi Barco (España) y Claudio del Punta (Italia); algunos en colaboración con Leonardo Padura y Lucía López Coll.

Con Alex, un conversador con gran encanto y de simpatía singular -y con quien hemos intercambiado en múltiples ocasiones-, establecimos este diálogo, eminentemente digital aunque, tal vez, hubiera sido más estimulante hacerlo de tú a tú…, pero ¡la pandemia impone!

“Desde que lo conozco, hace muchísimos años, sé que Alex Fleites, además de poeta, es un cuentero”, aseguró el ensayista y guionista de cine cubano (también uno de tus grandes amigos), Arturo Arango. ¿Cuánto de verdad consideras que hay en esa afirmación?

Toda la verdad. No recuerdo cuándo comencé a inventar y a compartir historias. Me hace feliz crear mundos, sentirme un modesto demiurgo, barajar azares y posibilidades.

Si no el que contaba alrededor del fuego, en el pasado remoto debí ser su más atento espectador.

¿Qué has estado haciendo en estos tiempos de pandemia -y de necesario aislamiento social-?, ¿se ha gestado o concretado alguna idea relacionada con la poesía o con el cuento?

Los largos meses de encierro forzoso no han sido creativos para mí. Trastocaron mi rutina de vida, le pusieron una cuota de ansiedad a mis días que no es compatible con el acto de crear. Sólo he hecho periodismo en este tiempo, crónicas y entrevistas, que son dos formas de contar historias con mayor inmediatez.

Mi poemario más reciente, Ángel con ala rota, salió a principio de año por Ediciones Matanzas. Siento que aún no ha echado a andar entre los potenciales lectores. En las próximas semanas intentaré lanzarlo en La Habana, y no precisamente al mar.

Eres, sin duda, un gran comunicador, ¿para qué te han servido las redes sociales en estos meses extraños?, ¿han sido un apoyo? En lo personal y profesional, ¿han sido útiles?

Las redes sociales son una herramienta. Hace poco las comparé con un martillo: que lo mismo sirve para construir una mesa que para romperle el cráneo a alguien.

Las redes me acercan al prójimo, ponen a mis hijos y a mis amigos distantes al alcance. Son un modo de relacionarme con el mundo, me informan desde diferentes fuentes que puedo contrastar. Soy de libro impreso y biblioteca, estuve renuente mucho tiempo a aceptar las nuevas tecnologías, pero era por desconocimiento.

La conectividad me ha mantenido trabajando en lo que me da para vivir. Sin eso, mi economía, como la de tantos hoy, estaría muy por debajo de los niveles admisibles.

Si tuvieras que calificar el impacto que ha tenido la pandemia –desde lo íntimo-, ¿cómo lo harías?

La pandemia vino de la mano del amor. Adriana y yo pasamos la prueba de fuego de resistir miles de horas rigurosamente juntos. Creo que eso ha fortalecido la relación. Nos salvaron, pensamos, las aficiones e ideas políticas comunes; y también el humor: en este tiempo reímos bastante, aunque no siempre supiéramos de qué.

En el plano general, ha traído miedo, incertidumbre, deseos insatisfechos de abrazar a los amigos. Como soy bastante pata’e perro, muero por volver a viajar, y eso me angustia.

También ha contribuido a que recoloquemos prioridades. Pienso que la pandemia nos ha enfrentado a la certeza de la finitud de la existencia, algo que los seres humanos venimos programados para ignorar.

¿Cómo ves el mundo después del Covid?

Soy de natural pesimista. No creo que esta nueva calamidad nos haga más solidarios y empáticos. Los decisores mundiales se han mostrado como lo que ya sabíamos: ignorantes y poco eficaces. Una pandemia anterior, el hambre, aún no ha encontrado vacuna que la erradique, y mata más seres humanos y desde hace más tiempo que la Covid-19.

 

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