CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

CONVERSANDO EN TIEMPOS DE…

Por: Estrella Diaz

11 de Marzo de 2021

SOY, SENCILLAMENTE, UN GEÓGRAFO QUE SUEÑA EN MÚSICA

Por Estrella Díaz

Enrique Carballea, además de un excelente (y multipremiado) productor musical, es un hombre con un encanto especial a la hora de conversar: ingenioso, simpático, ocurrente, conocedor de los vericuetos de la creación y siempre presto a contar o compartir una anécdota relacionada con la música y sus hacedores: todo ello lo dibuja y lo desdibuja.

Se ha dicho que tu gran pasión es producir música, ¿es cierto?

Mi gran pasión es la música y también la geografía…si la produzco o no, no es lo importante. La reacción química de mi cuerpo va más allá de cualquier entendimiento. Ya dejé de preocuparme por eso. Te explico: me cambian los olores, la percepciones físicas de mis manos, ¡qué sé yo!

En otra vida fui espeleólogo, hasta que cumplí 40 años. Una vez en la cueva La Barreta del antiguo Marien -hoy Mariel- vi por primera vez las electitas de aragonito: llevaba conmigo -además de latas de pollo a la jardinera, ajíes rellenos, pernos, sogas y baterías de linternas-, ¡mi guitarra! Recuerdo que estuve como una hora en absoluta oscuridad, solo iluminado por esas mágicas formaciones, tocando canciones de Donato Poveda, Alberto Tosca, Silvio Rodríguez y The Beatles. Ese es uno de los días más recordados de mi vida. Soy, sencillamente, un geógrafo que sueña en música y que ama hablar de ella, a veces más que escucharla.

Tu trabajo como productor ha sido reconocido en varias ediciones de la Feria Internacional Cubadisco, ¿qué significa eso para ti?

En 1997 tuve la suerte de formar parte de las personas seleccionadas por Silvio Rodríguez para darle forma a su “Sueño con serpientes” de fundar el sello Ojalá. El café de Marina, la asistente hermosa y amada de ese estudio todas las mañanas, lo recuerdo como patrimonio del universo.

Una mañana recibo en la oficina la invitación de don Ciro Benemelis -no recordado como debe ser- para que el sello Ojalá estuviera presente en su primera edición en el Pabellón Cuba y allí participamos. Desde el 2006 he tenido el honor de que han nominado todos los discos que he producido; esa feria, como se sabe, es la más importante del disco en Cuba y, posiblemente, de Latinoamérica debido al poderío de la música cubana.

Son más de veinte premios y cincuenta nominaciones. Ese mismo año 2006, recibí por Jazz Cuba Today el premio de DVD que era la primera vez que se otorgaba y subí con Yusa, Francis del Río y Roberto Carcassés para disfrutar el Gran Premio con Goza pepillo, del grupo Interactivo.

Amo Cubadisco con sus contradicciones, sus ascensos y su marcado descenso. Me gusta ver el trabajo de tantas personas involucradas en el arte de hacer música. No creo en la repetida frase “no trabajo para premios”: a mí me gustan. “Los amores del Diablo Ilustrado”, de mi amigo querido Fidel Díaz Castro, estuvo unos días en la lista de nominados, pero alguien lo mandó a retirar porque dijo que “no era un disco sino otra cosa” es de los discos que más disfruto.

Alicia Perea, ya fallecida, presidió durante varios años el Instituto Cubano de la Música, y bajo su mandato se firmó un decreto que amparaba a los primeros cinco productores cubanos. Tú te encuentras entre esos cinco, ¿fue un espaldarazo?

Alicia Perea es lo más grande que le pasó a la música cubana a nivel institucional. Fundar una esperanza como utopía es la más sagrada de todas las ideas: ella encarnó la esperanza de muchos.

Desde 1978 cuando Mario Daly -fundador de Arte Vivo y su director- me pidió sin yo saber nadita de nada de musiquita (tampoco hoy lo sé) ser productor, me estaba regalando otra VIDA. Al otro día fuimos al Centro Nacional de Música de Conciertos, que estaba en la calle Calzada -frente a la sede del Ballet Nacional de Cuba-, y tratamos de ver a su director. Creo que se llamaba Pablo Bauta. Ese personaje dijo una frase que fue el big bang de mi empeño: “No como productores, ni representantes». En aquel momento tenía unos 22 años y ¡me dieron con el bate de aluminio! Fui utilero, desempleado, velador del museo de Plaza de la Revolución, cualquier cosa, pero nunca dejé de producir y crear.

En 1988 Víctor Rodríguez -a quien, en el año 1986, el Concurso Tchaikovsky le otorgó el Premio a la Maestría Artística-, me hizo la misma pregunta que Daly. Meses después -estando con Víctor en México, en una de las primeras giradas patrocinadas por ARTEX, recibí una llamada de Rolando Montes de Oca -otro de los elegidos, junto a Jorge Arranz, Nelson Vila y Américo de Van Van- comunicándome la noticia. Sentí que le habíamos arañado las espaldas, siempre encorvadas, de la burocracia musical gracias al empeño y respeto que profesó Alicia Perea por nuestro trabajo. He conocido productores creativos y mercaderes de notas. La diferencia la tiene que hacer la obra. El tiempo, el implacable, es el que dirá y pondrá a cada uno en su lugar. Esto también se aplica a las canciones.

Te iniciaste como productor ejecutivo con Santiago Feliú, ¿cómo evocas esos primeros trabajos con Santi?, ¿qué te legó?, ¿qué aprendiste de él?

Santiago sigue siendo mi amiguito. Le he escrito y sigo haciéndole una serie de cartas llamadas “Conversaciones con el gago”, en las que le cuento la Cuba desde aquel día negro de marzo del 2014 hasta hoy.

Conocí a Santi en 1974; él era alumno de La Escuela Secundaria Básica en el Campo Niños Héroes de Chapultepec y yo del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech, ubicado en la transitada calle llamada Mayía Rodríguez, pero Dios nos puso en el camino. Fue amor mutuo a primera vista. Nunca quise trabajar con él, sólo colaborar.

Hicimos tantas cosas juntos que estoy tratando de escribir en un libro que podría llamarse “El cuento de la buena pipa”. Temía mucho que nuestra amistad se contaminara… y pasó, pero la reconstruimos y nos amamos de verdad hasta su vuelo. El día que se fue estábamos Darsi Fernández, Iván Vergara, Roberto Carcassés y yo. Le di a Darsi una cuerda de guitarra Re, para que lo acompañara en su bolsillo del pantalón cual amuleto vikingo. En ese momento se rompió mi adolescencia y diez mil sueños de futuro.

En el 2000 me dijo “hazte cargo de terminar el disco, que tú te sabes mi música, a veces, mejor que yo”. Santi, tenía muy alto su ego de cantautor, por eso esas palabras son mi medalla por la Cultura Nacional. ¿Qué me dejó? su risa, su amor de amigo comprobado y sostenido, varios originales rotos de sus canciones y su proceso de creación entre ellas “Iceberg”, “Rosario” … decenas de cartas de su puño y letra, afiches dedicados, más de veinte giras internacionales y muchos etcéteras impublicables. ¿Qué aprendí? su incorruptibilidad ante la canción de arte como él denominó su trabajo en los últimos años. Hace unos días, su hermana Rosario recordó su frase, “los Feliús nunca tenemos, nunca dejamos de tener”. No cambió canciones por dinero. Ese fue su legado y herencia personal. Trato de cuidarlo en su ausencia, que cada día me acompaña más.

Has trabajado con músicos sumamente reconocidos y consagrados, ¿por qué tu marcado interés por acercarte a los jóvenes, una y otra vez?

Es mutuo. A veces, pido a jóvenes trabajar, a veces es al revés, ellos me llaman y cada llamada me pone adolescente ante el riesgo. Me reflejo muy humildemente y sin complejos en su devenir creativo. He traspasado muchos umbrales y cada vez me faltan más. Los jóvenes tienen todas las llaves. Me alegran sus caras cuando escuchan sus sueños sonoros materializados.

En 1973 mi padre me regaló un tocadiscos marca SANYO y dos LP del Grupo de Experimentación, que aún conservo y uno de ellos está dedicado de puño y letra por Silvio. Ese LP contiene una de las canciones más hermosas del mundo: Tonada para dos poemas, de Rubén Martínez Villena. Cuando me vaya para otro planeta me acompañará con una recreación del piano de Emiliano Salvador antológica. En 1984, Emiliano, me dio la posibilidad de ser su productor que “no comían los burócratas”. Fueron tantas horas de aprendizaje junto a él y, posteriormente, junto a Sergio Vitier, Noel Nicola, Eduardo Ramos, Sara González, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés que solo “anecdotar” esos días vale esta profesión y todas mis emociones. Me acerco a los jóvenes porque mi cerebro sigue adolescentemente sonoro. Ellos me enseñaron.

En estos locos y crudos meses de pandemia –que ya se acercan al año- ¿qué has estado haciendo?, ¿cómo has canalizado tus energías?

En estos meses he sido amado por un ser de luz y lo correspondo: una mujer galáctica y actriz extraordinaria llamada Daisy Quintana a la que le invento un nombre y que cada día me acompaña más que mi sombra. Me tomó de la mano el día más terrible de la vida, cuando mi madre falleció. Daisy preparó su partida con tanta poesía que no ha nacido todavía la frase en español para agradecerlo.

Sonoramente dicho, estoy terminando junto a mi amado Horacio (El Negro) Hernández, “Los Marcianos”, su disco y DVD para el sello Bismusic, algo inédito en la música cubana: un Power Trío, que creó junto al joven y virtuoso guitarrista Héctor Quintana, y el bajista extraordinario, Rafael Paseiro; es un lujo extraterrestre. Horacio es un extraterrestre: la Revista Drumeo lo acaba de considerar entre los 71 bateristas más importantes e influyentes de la historia mundial de ese instrumento de todos los tiempos. La prensa cubana, pandémica de estos tiempos, no lo ha reflejado. Es una verdadera vergüenza.

Están en la fase de diseño dos discos para el sello Colibrí, uno de Sergio Vitier, -con quien tuve el privilegio de vivir sonoramente la producción de la banda sonora de una película brasileña titulada Milagro en Ceará; un disco para Bismusic, llamado Travesías; decenas de conciertos y tres o cuatro universidades de vida. Ese disco para Sergio lo produce Javier Zalba, otro músico insuperable, y es un regalo. Además -junto a Héctor Quintana- he producido un disco con la obra del poeta mayor, Eliseo Diego.

Estos dos discos son los retos más grandes de mi camino. Siempre, siempre, te juzgan por el último trabajo. Además estoy en unos cuantos discos en diferentes fases, uno que me apasiona es para un trovador de lujo invisibilizado llamado Ariel Barreiros, a quien Fidel Castro denominó una vez “un hombre bueno”. Y tengo ya escrito un disco guitarrero –que realizaré con jóvenes músicos, que aún no lo saben- y que estará dedicado a los sesenta años de Santiago Feliú: ¡necesito que el día tenga 365 horas!

Me consta que eres un creador que siempre anda con algún proyecto en la cartera, ¿en qué te centrarás cuando la pandemia lo permita?

Cuando la pandemia lo permita, me iré al mar y rezaré por todos los muertos amados de mi felicidad…

 

 

 

 

Prensa

COMENTARIOS

PABLO Y NOSOTROS

LA MEMORIA DE VUELTA

LA CARABINA DE AMBROSIO

Leer La Memoria en Covid -19

CONVERSANDO EN TIEMPOS DE …

BRUJAS : PROYECTO CULTURAL FEMINISTA

PODCAST

https://www.spreaker.com/show/al-oido