Por: Estrella Diaz
8 de Julio de 2021
“UNA PAUSA PARA PENSAR Y REPENSAR EL FUTURO…”
Por: Estrella Díaz
Retrato del entrevistado: Alexis Rodríguez
Al filo, casi, de los 90 años Eduardo Arrocha, Premio Nacional de Diseño, sigue exhibiendo su buen carácter, su jovialidad, y sobre todo, una curiosidad inmensa por el mundo que lo envuelve: en su casa de Alamar vive rodeado de plantas y también de los miles de diseños -y no exagero- que ha producido en su larga vida de diseñador todo terreno. Con el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, Arrocha tiene una cercanía muy especial y que data de hace unos pocos años: Ediciones La Memoria, de la mencionada institución, le realizó sus memorias bajo el título de Palabra de diseñador, un libro de más de trescientas páginas y que ¡casi milagrosamente! pudo imprimirse en este tiempo de pandemia y que aún no se ha podido presentar, como se debería y corresponde.
Arrocha, en su larga data como diseñador de vestuario, escenográfico y de luces, cuenta con más de 500 obras; atesora unas 3 500 cartulinas y ha trabajado con 62 directores de teatro y 69 coreógrafos entre los que se encuentran Ramiro Guerra, Alicia Alonso, Alberto Alonso, Luis Trápaga, Santiago Alfonso, Tomás Morales. Ha diseñado para artistas de la estirpe y la excelencia de Rosita Fornés, María de los Ángeles Santana, Candita Quintana y un larguísimo etcétera.
Con el cariño inmenso que le profeso y sabiendo que se encuentra feliz porque ya ha recibido sus tres dosis de vacunas cubanas contra la COVID-19, establecimos este diálogo telefónico que quiero compartir con nuestros lectores.
¿Cómo has ido llevando estos meses de encierro?
Como la gran mayoría de los cubanos: solo saliendo, mínimamente, a la calle para resolver problemas de abastecimiento o visitas periódicos al médico de familia que me atiende. Nada más. Este tiempo exige de todos la mayor responsabilidad. Y cuando digo de todos, me estoy refiriendo a las personas que ya llegamos “a los años altos”, como dijo Martí, quienes a veces somos muy poco indisciplinados. En otras palabras: los viejos tenemos que auto cuidarnos si queremos ver el final de esta horrible película que nos han obligado a presenciar y vivir.
¿A qué herramientas les ha echado mano?
Al imprescindible papel blanco, a la acuarela, y la tinta china para retomar proyectos postergados que siempre quedaban sin conclusión. He encontrado solución a problemas técnicos que solo un impasse como este me lo ha permitido. Un ordenamiento más lógico del archivo: lo he restructurado con nuevos aportes, y la experiencia adquirida ha servido de mucho.
Cuando la pandemia concluya, ¿cómo crees que nos sentiremos?
Cuando la pandemia quede detrás respiraremos profundamente y acometeremos nuestras tareas con nuevos bríos y una confianza en este mundo de tensiones que, en varias oportunidades, nos ha dejado desorientados y sin resultados inmediatos, pero con la confianza en que siempre veremos una luz al final del camino. Espero.
¿Qué utilidad consideras que tiene o tendrá el trabajo al que por años le has dedicado tanto empeño?
Para el trabajo de diseñador escénico, es de gran ayuda poseer un archivo correctamente ordenado y de fácil manejo. En lo personal, llevo décadas organizando mi propio archivo y el de otros diseñadores porque es la única manera de sistematizar un conocimiento y, sobre todo, poder investigar a partir de lo ya hecho. Tal ha sido mi obsesión por organizar cuanto material de diseño cae en mis manos, que el querido diseñador Jesús Ruiz, me apodó “Carbono 14”, dada la precisión de mis observaciones y mi rigurosidad con temas relacionados con las fechas, los autores, las puestas en escena… todo el conocimiento que aporta un archivo organizado.
¿Has estado creando algo puntual?
No digo nada nuevo al asegurar que todos los teatros de La Habana dedicados al arte dramático están cerrados y los poquísimos que dan funciones han tomado medidas higiénico-sanitarias que reducen, a menos de la mitad, el número de asistentes a la sala. Por lo tanto, un teatro cerrado no genera nuevos proyectos y uno, si no quiere perecer, tiene que ir a las fuentes: y las fuentes son lo ya hecho. En estos momentos estoy en serias conversaciones con Galería Raúl Oliva y estoy considerando la posibilidad de que ese sitio sea el reservorio, el depositario de toda mi obra: en otras palabras, que sean los herederos universales de todo lo relacionado con mi obra y mi creación artística desde el diseño. Creo que, de ese modo, todo mi trabajo pueda tener una utilidad futura y que sirva de base o de plataforma para estudiar lo acontecido en una parte el diseño teatral cubano desde finales del siglo XX a inicios del XXI.
Como hombre de teatro, ¿hasta qué punto crees puede verse afectado el arte teatral por la no presencialidad de público?
En vez de afectación, prefiero interpretar esta suerte de “tiempo muerto”, como una pausa para pensar y repensar el futuro, que estoy seguro será luminoso. No es la primera vez que la humanidad enfrenta una pandemia y de ahí mi certeza de que saldremos de ella siendo mejores seres humanos. Al menos, eso me gusta pensar y creer.
Siempre rodeado de colores, de luces, de fantasías… ¿de qué manera concibes el planeta después del coronavirus?
La inactividad que estamos viviendo genera, sin duda, tensiones que -en varias oportunidades- nos han desorientado como especie humana. Quiero, prefiero, apostar por la confianza y anhelo que el mundo vuelva a estar lleno de colores, de luces y de fantasías, ausentes hoy en el planeta y, por supuesto, en mi Cuba querida.
Prensa
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CONVERSANDO EN TIEMPOS DE…
Por: Estrella Diaz
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