CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

CONVERSANDO EN TIEMPOS DE…

Por: Estrella Diaz

3 de Septiembre de 2021

“PAQUITO DE CUBA DESPERTÓ PASIONES, SUSPICACIAS Y FIDELIDADES…”

Por Estrella Díaz

Francisco Rodríguez Cruz (Paquito) es un periodista y bloguero cubano que desde hace tres décadas se mantiene vinculado con el periódico Trabajadores, órgano oficial de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC). Para conocer un poco más del quehacer de este colega, lo contactamos vía correo: este ha sido nuestro diálogo digital.

¿Cuándo te vinculaste al periódico Trabajadores?

Me vinculé al periódico desde las prácticas de la nota informativa en la Facultad de Periodismo. O sea, desde el primer año de la carrera. Mis más frecuentes colaboraciones antes de graduarme, la primera gran cobertura periodística con Fidel en la tribuna, los reconocimientos profesionales iniciales, la tesis en el Contingente Blas Roca, todo empezó allí, antes incluso de graduarme, en 1993, e incorporarme a su redacción nacional como un tránsito natural.

Fue esa formación temprana, el perfil del periódico que veía tan cercano a la vida de mi familia de obreros, la orientación de mi decana de siempre, Magali García Moré, la certeza de que en la vida económica y el mundo laboral estaban las respuestas a la esperanza de un país mejor, lo que me ató, y todavía lo hace, a la publicación.

Además, siempre estuvo como motivación pertenecer a un colectivo de profesionales que sobresalía entre los órganos nacionales por su camaradería, con gente buena, antes que todo lo demás.

Por eso digo que tal vez es Trabajadores el único periódico de donde la gente se va, y regresa. A muchas personas les ha sucedido, y también lo hice yo, después de los cuatro años en que probé suerte en la Administración Tributaria, entre 1998 y 2002, como director nacional de Asistencia al Contribuyente, en un aprendizaje insustituible desde la otra acera del periodismo, como fuente de información.

Ahora, a no ser que me boten —lo cual en mi caso tampoco es difícil— ya no creo que me vaya.

El blog Paquito, el de Cuba durante una década (y entre otros temas) se ha destacado por su activismo en favor de los derechos LGBTIQ+, ¿cuáles son las estrategias seguidas por el blog?, ¿tienes manera de medir su efectividad o no?, ¿cómo se da la retroalimentación con los usuarios?

El blog ya es más que todo, un símbolo. Después de casi doce años, su principal resultado profesional sería, tal vez, la apertura que consiguió desde el periodismo cubano al abordaje sistemático de la problemática de los derechos de las personas lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales, en un proceso que ha sido largo y a veces tormentoso, en paralelo con el crecimiento social alrededor del tema, bajo el impulso de instituciones como el Centro Nacional de Educación Sexual.

Cuando nació Paquito el de Cuba el 4 de diciembre de 2009 casi comenzaba el auge de los blogs como plataforma de debate público de la realidad cubana. La posibilidad que tuvimos los trabajadores de la prensa de conexión a Internet desde el hogar y el trabajo nos permitió liderar esa etapa, no exenta de contradicciones entre la condición de bloguero y la de periodista, entre estos y sus medios y directivos, así como con las instituciones.

No podría decir que tuve una estrategia definida desde el inicio, aunque sí premedité algunas líneas de interés, a partir de mis experiencias personales, la comunicación que quería conseguir con familiares, amistades y colegas; y la significación política que intuía podía tener el hecho de asumir en primera persona condiciones humanas bastante invisibles en aquel momento del discurso público.

El blog creció y creció en vistas durante más de un lustro, también recibí reconocimientos profesionales por esa labor y, lo más importante, le hizo bien a muchas personas y causas que considero justas. Desde sus contenidos hasta la manera de interactuar con sus lectores, sin mediar moderación alguna de sus comentarios, Paquito el de Cuba despertó pasiones, suspicacias y fidelidades que aún duran. Mereció además un seguimiento constante por medios extranjeros acreditados en Cuba, los primeros en reaccionar y servir de resonancia a sus textos. Vinieron incluso estudios académicos como tesis de licenciatura y maestría que involucraron al blog, y a su autor. En fin, que exageraron un poco su importancia, creo.

Un resumen de toda esa trayectoria acaba de dar a luz como el libro Paquito el de Cuba. Una década de ciberactivismo, de la Editorial Caminos, perteneciente al Centro Memorial Martin Luther King, de La Habana. Su publicación cierra de alguna manera la experiencia narrativa del blog, que sigue en línea, pero ya sin la actualización semanal periódica de antes, ante un desplazamiento del debate público hacia plataformas más instantáneas como las redes sociales.

No obstante, Paquito el de Cuba continúa allí, como mi tribuna latente, para cuando sea necesario, urgente, tomar posición ante un hecho o fenómeno que no halle espacio en otro formato comunicativo o publicación periodística.

Eres activista por los derechos de una comunidad históricamente marginada, ¿cuál es la experiencia más enriquecedora que has obtenido de este trabajo?

Al activismo por los derechos de las personas LGBTIQ+ llegué gracias al blog, y junto con su desarrollo me hizo aprender y mejorar como ser humano. Nunca fue mi propósito representar a nadie ni simbolizar nada, aunque supongo que por la honestidad con que siempre traté de pronunciarme, eso pudo sensibilizar y motivar a otras personas, con conflictos e historias similares a las mías. Lo más enriquecedor sin dudas fue ese aprendizaje de la complejidad humana, poder profundizar desde el abordaje de mi experiencia íntima en los sentimientos y anhelos de otras personas que se identificaban con mis relatos, valores y denuncias. Sentir la responsabilidad de que con el tiempo hay gente que te sigue, quiere y cree en ti, a quienes bajo ningún concepto desearías defraudar. Y lo más gratificante siempre fue, desde el inicio, cuando sabía por algún testimonio, afecto o acontecimiento, que lo dicho y hecho en mi blog o desde cualquier otro espacio de activismo, podía llegar a ayudar a alguien concreto, tangible, vulnerable, para enrumbar su vida y hallar mayor plenitud y felicidad.

Recientemente, te contagiaste de la COVID-19 que pudo haber sido fatal dada tu condición de salud, ¿con que herramientas enfrentaste la pandemia?, ¿Cuáles fueron las reflexiones más íntimas que hiciste?

La COVID-19 la enfrenté con mi mejor recurso, el optimismo. Tuve mucha suerte de cursar la enfermedad casi de manera asintomática, y de recibir un seguimiento y atención médica ejemplares, gracias a la preocupación de colegas y familiares que se alarmaron al saber de mi contagio. Lo viví incluso como una aventura con visos románticos, por mi regreso a Escuela Vocacional Vladimir Ilich Lenin; La Lenin de mi adolescencia, ahora como centro de aislamiento, y luego el ingreso en mi hospital fetiche, el Instituto Pedro Kourí, (IPK), un lugar mágico donde se me quita todo en cuanto entro.

La principal preocupación que sentí fue, precisamente, restarles preocupaciones a quienes me quieren quizás demasiado bien. Por eso me excedí posiblemente un poco en el humor, con mis mensajes desde las redes sociales. Les pido disculpas por eso, si alguien sintió que así restaba gravedad a una situación que tanto nos angustia. Pero esa era la tranquilidad que quería trasmitir, y espero que me perdonen si pude parecer insensible, y les agradezco mucho a todas las personas que me acompañaron con sus buenos deseos y acciones. Reflexiones íntimas, ya creo que todas las que debía hacer, están por escrito (otra broma). En realidad, no siento que tengas muchas deudas por saldar con la vida, la cual me ha dado tanto y más de lo que yo esperaba.

¿Cómo ves el futuro de Cuba, ¿cómo la sueñas?

Si pudiera ver el futuro no sería periodista, te lo aseguro. Pero para Cuba nunca será fácil, es lo que nos toca y lo que nos hace grandes, por nuestra historia y la del mundo que nos rodea, tan injusto e implacable. Quien no entienda eso en este país, jamás rozará siquiera la felicidad más auténtica, que está en remontar obstáculos, en ir contra la corriente, no en la obediencia servil ni el aburrimiento complaciente, en medio del capitalismo global, perverso por naturaleza.

Ojalá entonces podamos avanzar en la visión que construimos en colectivo con la conceptualización de nuestro modelo socialista, y tener cada letra de la nueva Constitución hecha derecho constituido y aplicado, con garantías para cada ciudadana y ciudadano, y prosperidad colectiva. Eso sería un gran paso adelante, hacia nuevas luchas para solucionar otros conflictos y problemas iguales o más complicados de resolver, que siempre los habrá, y bien grandes, porque si no, la vida no tendría gracia.

No podemos quitar el bloqueo del gobierno de los Estados Unidos, no podemos cambiar las leyes universalmente despiadadas del mercado, no podemos salvar al planeta solos; pero sí resistir y enfrentar todas esas fuerzas destructivas que hoy nos hostigan, jugarles cabeza, burlarnos de ellas, con inteligencia, creatividad y participación popular, ganarles terreno para nuestro mejor desempeño y bienestar.

No va a ser fácil, reitero. Aunque tampoco hace falta que sea tan difícil, vaya. Porque ya lo de estos dos últimos años es excedernos un poco, ¿no te parece?

Prensa

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