CONVERSANDO EN TIEMPOS DE…

Por: Estrella Diaz

20 de Octubre de 2020

“QUIERO QUE LA POESIA SEA MI ÁNGEL GUARDIAN…”

Por Estrella Díaz

Daniela Muñoz Barroso, licenciada en la especialidad de Dirección de Fotografía en la Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual de la Universidad de las Artes, FAMCA, es una muchacha de criterios sólidos con la que se puede discutir –algo que me consta le encanta– durante horas. La admiro por su tenacidad, por su valor y sobre todo, por su interés sediento por aprender y superarse a sí misma. Daniela nunca está quieta y a pesar de que su carrera profesional recién comienza, ha dirigido y producido diversos cortos, mediometrajes y en su mayoría, documentales. Es la fotógrafa de sus películas y ha trabajado en más de una decena de materiales como asistente de cámara. Ejemplos de su labor son los siguientes : El Secadero (2019), ¿Qué remedio?, La Parranda (2017), Días de diciembre (2016), Prohibido olvidar (2015), Estado civil: Unidas (2014) y Umbra, que está próximo a estrenarse.

Con Daniela (La Habana, 1994) intercambiamos algunas ideas que, a modo de preguntas y respuestas, compartimos.

Hace un tiempo me dijiste: “la fotografía es un oficio del alma, y hay que serle fiel al alma. Silvio Rodríguez es fotógrafo, también lo fueron Pablo de la Torriente, Roque Dalton, Alejo Carpentier, Julio Cortázar, Tina Modotti, Frida Kahlo, Eduardo Galeano, Elena Poniatowska… todos ellos en su momento retrataron su realidad y la expresaron con poesía” ¿cuánto de poesía crees que le imprimes a lo que haces?

He conocido tantos otros desde entonces… la esencia debe ser la misma, puede que más delineada y a su vez, mucho más difusa y abarcadora. Quiero que la poesía sea mi ángel guardián, una luz que guíe el divagar en el camino, que le otorgue sentido a esa divagación. Yo no la imprimo, ¿acaso ella se imprime sola? Como si estuviera oculta en aquel rincón y desde allí gritase para que la atiendan, para que no la olviden en medio de la cotidianidad.

Intento vincularme a proyectos que respondan a una necesidad bien espontánea e irracional, que el impacto con la idea me genere un sobresalto, al sentirla, leerla u observarla. Tal vez por eso, me pierdo entre tantos “oficios del alma” y trabajo –creo– como directora, productora, fotógrafa o en lo que sienta la necesidad en ese instante. Esa necesidad inexplicable puede que esté relacionada con la pasión.

¿Por qué optas por la fotografía como herramienta?, ¿qué importancia le concedes (como testimonio) a la fotografía documental, que parece ser tu fuerte?

Sí, puede que la fotografía sea una herramienta o un medio, pero ¿para qué? No estoy segura. Últimamente solo hago fotografía cuando escapo de La Habana. Entonces se despierta un deseo furioso de agarrar la cámara y registrar. Creo que es una forma de enlazarme con lo otro, un puente indivisible e inmediato de comunicación con eso otro, que es también yo, como dice Octavio Paz en El arco y la lira. Sobre todo, se ha vuelto una vía de escape, unos segundos completamente a solas entre el universo y yo. De cualquier forma, estos dos últimos años le he dedicado mucho más tiempo al cine. Aunque sé que la paz que me genera el diálogo con la imagen fija, en cualquier momento, volverá a exigir su lugar.

¿Qué remedio?, la parranda -dirigido por ti y estrenado en 2017 te ha dado muchas satisfacciones y ha sido bien acogido en varios festivales, en Estados Unidos, Trinidad y Tobago y Panamá. A tres años de su estreno, ¿cuál crees que fue el reto mayor al asumir la realización de este documental?

Terminarlo. El montaje. Estar satisfecha con la película. Editarla. Terminarla. La presión que me autoimpuse para terminarlo porque era mi tesis, porque estaba enferma y pensaba que, si no lo terminaba en ese momento, tal vez no lo terminaría nunca. No por la inminencia de la muerte (aunque tal vez también), sino porque cuando pasara el tiempo yo iba a ser otra. Aprender a amar el resultado más que al proceso.

Mafifa es un documental que ha apoyado el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y hasta donde sé está en estos momentos en producción ¿por qué escogiste a ese personaje como eje o pretexto?, ¿tiene, quizás, un aliento feminista ese audiovisual?

A mí me contaron en La Habana que Mafifa, Gladys Linares, había existido. Me dijeron que hubo una campanera que tocó en la Conga de Los Hoyos de Santiago de Cuba, donde todos eran hombres, y luego quien me lo contó agregó un detalle sustancial: Mafifa murió virgen. Entonces me monté en un camión a Santiago de Cuba porque quería saber más, sospechaba que había una película ahí. En Santiago, empecé a hacer preguntas, a meterme en las congas, a dejarme llevar… y un gran amigo me preguntó un día algo parecido a eso que me preguntas ahora ¿por qué yo quería hacer una película sobre Mafifa?, ¿por qué no sobre otra persona?, ¿por qué ir hasta Santiago para eso?, y juntos fuimos descubriendo que, tal vez, la película estaba en esas respuestas o en el camino de su búsqueda.

Será el resultado por sí mismo quien hable de su aliento, de su discurso y de mí.

 

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