Crónicas del día a día MIRAR A LOS BARRIOS EN BARNASANTS

Por: Víctor Casaus

2 de Abril de 2018

foto documental barrios silvio
foto vc sala
foto vc guillem
foto ivan
foto vc ivan
foto vc pere
foto guillem

El Festival (¿o el movimiento?, como se pregunta el trovador) de Barnasants ha extendido hasta Barcelona los límites de la Gira Interminable que Silvio viene realizando desde hace más de siete años por barrios desfavorecidos de La Habana y otras provincias cubanas, al incluir Canción de barrio, realizado por Alejandro Ramírez Anderson, en la programación de cierre de la muestra de documentales relacionados con la canción de autor que acaba de finalizar en la Cooperativa Zumzeit.

En días anteriores pasaron por esa pantalla los documentales Violeta más viva que nunca, Mientras el cuerpo aguante y Trajecte: la distáncia no és frontera, trayendo imágenes de diversas latitudes a esta primera muestra audiovisual que viene a seguir complementando, por esa vía, los intensos y ya extensos caminos del Festival de Barnasants.

Guillem Izquierdo, coordinador de esta muestra audiovisual, realizó la presentación de esta jornada final en el Zumzeit y nos dio la bienvenida al fotógrafo cubano Iván Soca y a mí.

Iván contó su experiencia de testigo fotográfico en casi todos los 91 conciertos de la Gira interminable, recogiendo una amplia memoria visual de ese formidable y generoso proyecto que Silvio continúa realizando con sistematicidad y pasión, y cuyas imágenes ahora forman parte de la exposición que verá en diversos lugares de Cataluña a partir de la próxima semana.

Por mi parte, recordé la importancia de esta acción artística, social, humana, que lleva la música de alta calidad a las puertas mismas de los pobladores de esos barrios periféricos, menos favorecidos: un regalo de la sensibilidad y la solidaridad que se incorpora al imaginario popular y vital de esos compatriotas. Junto con la música que queda flotando en el aire del barrio y de las vidas de las gentes, la Gira deja en cada comunidad una valiosa donación de libros publicados por la editorial Ojalá, la Casa de las Américas, la editorial Capitán San Luis, el Instituto Cubano del Libro y las Ediciones La Memoria del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.

Por esa última razón, y por la razón mayor de contribuir, modestamente, desde el Centro Pablo, a esas jornadas del amor y la fraternidad, he participado en la mayoría de los conciertos realizados y he sido testigo de esa experiencia irrepetible. Por eso recordé también, en mis palabras del Zumzeit, aquella frase que nuestro hermano el gran poeta salvadoreño Roque Dalton me dijo en una entrevista al filo del año 1966, aparecida después en El Caimán Barbudo, la publicación que fundamos los poetas, pensadores, trovadores, diseñadores de aquella época tensa y germinadora. Roque me dijo que él mismo era “un testigo, sólo que inútil, pues corroído por la pasión”. Mucha de la poesía, el testimonio o el cine que he realizado después llevan, en su memoria más íntima, aquella frase de Roque porque sintetiza las posibilidades de la creación y las necesidades del compromiso, esas banderas del arte y la literatura comprometidos con su tiempo y con sus gentes.

Los conciertos de la Gira interminable han traído consigo, además, la importante posibilidad de ser útiles participando en ese proyecto cómplice y fraterno. Silvio ha recordado en más de una de esas noches barriales y emocionantes lo que nos dice aquel poema memorable de Bertolt Brecht:

Hay hombres que luchan un día y son buenos.

Hay otros que luchan un año y son mejores.

Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.

Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles

Y Silvio ha otorgado, con justicia, ese carácter de imprescindibles a las gentes que hacen posible, desde el anonimato y la labor sostenida, cada concierto de la Gira interminable. Ese acto justiciero siempre me ha emocionado, en cada ocasión, en cada barrio, y aprovecho para decirlo aquí en esta crónica del día a día.

También con esta crónica extiendo esa hermosa definición a muchos de los testimoniantes que aparecen en el documental Canción de barrio: ellos han sido –y son, con sus vidas– parte importante de ese conjunto enorme de imprescindibles que han luchado, durante décadas, para construir un proyecto de sociedad más humana y equitativa: en eso estamos ahora mismo, también, entre tensiones y dificultades, tratando de que se conserven los principales logros alcanzados y se alcancen, al mismo tiempo, las eficiencias y los mecanismos que eleven la calidad de las vidas que las gentes merecen.

Por todo eso me emocionó el final de este documental que va de las crudas imágenes de la realidad cotidiana en esos barrios a las secuencias en que un concierto es realizado sin tener luz eléctrica, por una rotura imprevisible, o ese momento en que el trovador lanza ese manifiesto de nuestros tiempos difíciles pero también imprescindibles que es la canción El necio.

Con esa carga hermosa y humana, impactante y sincera, llegó Canción de barrio a Barcelona y estremeció a los espectadores activos de esta muestra de documental dedicado a la canción de autor dentro del Festival de Barnasants. Al final, vimos rostros con lágrimas cercanas y escuchamos palabras emocionadas que expresaban muchas cosas a la vez: el impacto de lo visto y oído, la belleza de ese gesto artístico y humano y los deseos de que, en estos tiempos de cambios imprescindibles, se abran paso la consecuencia y la inteligencia, el compromiso y la audacia, para salvar los valores construidos y defendidos hasta hoy.

Creo que esta Canción de barrio, realizada por Alejandro Ramírez Anderson y su equipo y producida por los Estudios Ojalá, brilló con luz propia –con la intensa y compleja luz de la autenticidad y la sinceridad– en la pantalla del Zumzeit, dos noches atrás, para continuar los caminos audaces del Festival –o el movimiento– de Barnasants.

Eso les cuenta ahora, todavía desde la emoción, este testigo que incorpora la imprescindible pasión a las líneas finales de esta crónica del día a día.

Víctor Casaus

Prensa

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