CUANDO SE OCULTA, SE MIENTE: UNA LECCION DE PABLO

Por: María Fernanda Ferrer

17 de Julio de 2019

Por: María Fernanda Ferrer

La prestigiosa Unión de Historiadores de Cuba recientemente le otorgó el Premio Pablo de la Torriente Brau a Víctor Joaquín Ortega, narrador, periodista, poeta y presidente de los Historiadores del Deporte, un intelectual que ha escrito dieciséis libros, entre ellos, El látigo del jab sobre los rostrosCrónica por una crisisEl rusito y Kid Chocolate: el boxeo soy yo.

Ortega (La Habana, 1942), además de ser merecedor de la Distinción por la Cultura Cubana y la Orden al Mérito Deportivo, fue prologuista del libro Recuerdos de la próxima Olimpiada, de Ediciones La Memoria, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, y laureado en dos ocasiones con el Premio Memoria, que otorga la institución.

Recuerdos de la próxima Olimpiada tuvo su primera edición en 2002 y diez años después, en 2012, se realizó una segunda dada la importancia del texto que reúne una serie de trabajos publicados por Pablo de la Torriente Brau en distintos periódicos y revistas en la década de los los años treinta del siglo pasado y que están relacionados con el mundo de los deportes.

En conversación con esta reportera, Víctor Joaquín Ortega aseguró que en ese libro “está concentrado casi todo lo que escribió el cronista de Majadahonda sobre el deporte” y que Pablo “no se quedó en la orilla del deporte sino que fue mucho más allá”.

¿Cuáles son los aportes que considera que hizo Pablo al periodismo deportivo?

Pablo siempre ha sido mi ídolo. Fui un burgués al que Pablo de la Torriente Brau lo guió hacia el camino de la revolución. Fue, tal vez, la personalidad que más me impactó porque lo vi como un espejo.

De Pablo como periodista lo que más me atrajo fue su creatividad, su imaginación, algo de lo que carece, lamentablemente, nuestro actual periodismo, y que ha sido señalado y discutido. No solo la objetividad hace el buen periodismo. Pablo aprendió a leer, leyendo La Edad de Oro, de José Martí, y se vanagloriaba de ello. Y Martí plantea que “los pueblos imaginativos son los vencedores”, y en el periodismo –o en cualquier obra-  la imaginación es una herramienta indispensable.

¿Cuál ha sido el texto de Pablo relacionado con el deporte más le ha aportado?

Lo que más me enseñó Pablo fue su trabajo como reportero en la Guerra Civil Española: él cambió la pluma por el fusil y fue, además, el comisario político en el V Regimiento. Él se dio cuenta de que el hombre de pensamiento, para ser respetado, tiene que montarse en el caballo de la acción, como dijo Martí. Pablo fue un hombre de pensamiento y un hombre de acción.

Entre las cosas que él escribió, me sorprende cómo dio una visión cinematográfica y, aunque no lo logra totalmente como sí lo hizo con más profundidad Lino Novás Calvo, no hay que olvidar que solamente vivió treinta y cinco años.

Considero que para Pablo lo más importante era la lucha, no la literatura y quizás por eso es tan grande, porque es más humano. Fue el creador del género testimonio, es uno de los que más profundizó en ese modo de escribir. Y si Martí fue fundamental en su época por su  visión poética y su literatura política, también Pablo fue esencial para el momento en que le tocó vivir.

Lo que me maravilla de Pablo en relación con el periodismo deportivo que cultivó, es cómo él utiliza, por ejemplo, los Juegos Centroamericanos que se realizaron en Cuba en el año 1930 para criticar temas del momento. Hay quienes quieren separar el deporte de la política y ¡ni en deporte, ni en economía, ni en la vida, nada se puede separar! Esos juegos fueron auspiciados por el gobierno del entonces dictador Gerardo Machado con el objetivo de ocultar sus crímenes, pero Pablo, que es genial, utilizó esas armas contra él.

Cuando cubre estos juegos como periodista, lo primero que hace es criticar lo malo que hay ahí: el periodista tiene que censurar lo incorrecto en cualquier sistema, si no, está mintiendo. Cuando se oculta, se miente. Y Pablo criticó el racismo porque en el Vedado Tennis Club no dejaron entrar a los mulatos y negros que participaban como atletas. Y él denuncia esa humillación, pero junto a eso cuestiona por qué Puerto Rico entonó el himno de Estados Unidos, país que ¡ni siquiera! le pagó el viaje a los atletas.

Otro aspecto interesante es que su periodismo está hecho desde el humor. Pablo fue un gran humorista y, a veces, nuestro periodismo es muy pesado e, incluso, teniendo la razón no convencemos a nadie.

¿Qué hizo Pablo en ese artículo que menciono? Había un basquetbolista de apellido Machado y la gente empieza a gritar “¡que quiten a Machado, que quiten a Machado!” y todos sabían que el presidente se apellidaba así y Pablo dice: “que quiten a Machado, pero que pongan a uno que lo haga mejor”. Esto es solo un ejemplo de cómo Pablo iba siempre un poco más allá de lo meramente deportivo.

 Recuerdos de la próxima Olimpiada, ¿qué es esto? Él empieza a recordar lo que no ha sucedido, pero lo hace para jugar con una Olimpiada en la que él va a estar y en la que va a criticar el racismo en los Estados Unidos, donde va a plasmar una serie de criterios interesantísimos relacionados con el deporte.

 Sé que Recuerdos de la próxima Olimpiada ha sido, últimamente, presentado en varios lugares…

Es que hay que ir a los jóvenes y también a los colegas que comienzan en la profesión que, muchas veces, no saben quién era Pablo y sin embargo se dedican al periodismo deportivo sin haberlo leído. Por eso en el mes de mayo pasado llevé este libro al postgrado de periodismo que imparto en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, de La Habana, en el que participaron colegas de dieciséis países.

También el libro está incluido, como material de estudio, en un curso que anualmente imparto a comentaristas noveles. Recientemente, a mediados de junio, lo presenté en el Instituto Superior de Cultura Física Manuel (Piti) Fajardo, de la capital, e igualmente en la sede de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec). De igual manera, hablé de este libro durante un encuentro con boxeadores y entrenadores de esa especialidad que se desarrolló para conmemorar el séptimo aniversario del fallecimiento del tricampeón olímpico y mundial  de boxeo Teófilo Stevenson.

Siento que promover la obra de Pablo de la Torriente Brau no solamente es un privilegio profesional, sino un deber y una gran responsabilidad.

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