EL CASO NAVARRO LUNA, UN TRAILER DEL QUINQUENIO GRIS

Por: Centro Pablo

4 de Enero de 2018

Nuestra amiga y colaboradora del Centro Pablo Alina López Hernández nos ha llegado esta nota con un enfoque analítico y esta sugerencia final, que compartimos: " Sea esta una motivación para los jóvenes investigadores". 

Por Alina B. López Hernández

Es conocido la respuesta de la UNEAC al texto poético Fuera de Juego , un multas de los sesenta, y más adelante la detención y posterior autocrítica de su autor, Heberto Padilla. Esos hechos han sido señalados entre los primeros síntomas de dogmatismo, extremismo ideológico y represión cultural en Cuba que llegaron a su clímax en la primera mitad de la sequía del pasado siglo, que fuera bautizado como Quinquenio Gris, y que se extienden realmente por mucho más de cinco años. La poética que fue el resultado de esta etapa vetó por mucho tiempo toda la actitud intimista y existencial de la poesía, que adoptó una conversación tónica y cierto tono pedagógico.

Pocos conocen sin embargo que la génesis de esas concepciones sobrevino mucho antes del triunfo de enero. Fue en tiempos de asimilación de la perspectiva cultural del estalinismo por parte de los comunistas cubanos, que exigieron a los intelectuales y artistas que militaban en sus filas una actitud muy peculiar de la poesía; la misma que luego reinará en la Cuba revolucionaria cuando figuras que provenían de las filas del PSP tuvieron la posibilidad de generalizar estas ideas y tomar decisiones al convertirse en funcionarios clave en el sistema nacional de cultura.

Desde los años treinta, el objetivo supremo del movimiento comunista internacional, que era la eliminación de la propiedad privada y la instauración una sociedad basada en el bien colectivo, potenció una idea que se convirtió en recurrente en los análisis sobre la cultura. Se consideró que en el arte la noción de individualidad era negativa, y se contraponía a una nueva sociedad donde la colectividad lo era todo. Dicha apreciación era muy difícil de conciliar con la creación artística que es, por su esencia, individual, aunque no individualista. El artista refleja las circunstancias epocales, pero lo hace desde el prisma de sus vivencias, sus aspiraciones, individuales o de grupo, y nunca ese reflejo será exacto ni pretenderá ser un sustituto de la pedagogía. Esa concepción equivocada había sido rechazada por Gramsci, que entendía que “si el arte educa, lo hace en cuanto arte y no en cuanto arte educativo, porque si es arte educativo deja de ser arte y un arte que se niegue a sí mismo no  puede educar a nadie”.[1]

Una confusión en tal sentido generó una crítica artística donde se aplicaron mecánicamente, más que las categorías estéticas, las leyes y categorías filosóficas. Ejemplos sobran en las páginas de Noticias de Hoy -órgano oficial de los comunistas desde su creación en 1938. Emma Pérez,[2] al valorar un poema de Pablo Neruda dedicado a la URSS, valoraba: “No puede darse más belleza ni más materialismo histórico (…) en una gran canción perfecta, y, por lo tanto, eterna”.[3]

La introspección, la lírica, el intimismo, fueron objetados al considerarse indignos de una cultura nueva, que debía crear un hombre nuevo. En 1955, Manuel Navarro Luna recibió fuertes críticas del Partido por su poema “Elegía a mi madre”, que se consideró incompatible con un escritor y poeta marxista por el tono “de aniquilamiento y de derrota” que trasmitía.

El poeta manzanillero respondería con una profunda autocrítica donde afirmaba: “(…) El aniquilamiento, la derrota, el pesimismo, son reacciones románticas, de índole burguesa, ajenas en lo absoluto a la sensibilidad y al ideario comunista. (…) una interpretación espiritualista de la vida y de la muerte, tampoco tiene correspondencia alguna con aquella sensibilidad y con aquel ideario (…)”.

[1] Citado por Ambrosio Fornet en Narrar la nación. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2009, p. 385.

[2] Poeta y crítica de arte en el diario Noticias de Hoy. Fue esposa del narrador Carlos Montenegro. En los cincuenta, tras el golpe de Estado, dirigió un libelo abiertamente batistiano.

[3] “Poemas para el Pueblo”, Sección Mi Verdad y la Vuestra. Noticias de Hoy, 13 de abril, 1943.

Navarro Luna reconocía que su Elegía… era contraria “(…) a las normas de la educación revolucionaria que los escritores marxistas deben impartir en todos los momentos de su actividad intelectual y creadora, si es que aspiran a convertirse en los «ingenieros de almas» de que habló Stalin (…)”.[1] En carta posterior se comprometía a revisar algunos versos criticados de los poemas “Los tres cantos a la vida” y “Hotel San Luis”, aunque se quejaba de que: “No es fácil, ni para mí, ni para nadie, las correcciones de concepto y de sentido en un poema [pero] quiero que, desde ahora, se lo digas a nuestra gente –va a desaparecer todo lo criticado”.[2]

El Partido Comunista había reforzado estas posiciones al promover una crítica literaria que despojara al fenómeno poético de “sobrenaturalidad y de excesivo individualismo”.[3] En carta a José Antonio Portuondo a propósito de uno de sus primeros libros de crítica, Concepto de la poesía, Mirta Aguirre consideraba que esta era una obra muy bien orientada “(…) En todo caso tirando más al conservadurismo marxista que a la manga ancha. Y eso, en un material como el que estudias, es preferible”.[4] En Noticias de Hoy se reseñó este texto y se consideró a Portuondo el iniciador de los estudios sistemáticos de la teoría de la literatura en Cuba.[5]

El arte y la literatura eran concebidos con un carácter instrumental, así surgió la famosa metáfora de Stalin de “los ingenieros de almas” o como se explicaba en Noticias de Hoy, “(…) enseñanzas vivas que le roturan a uno la comprensión como un arado surca la tierra”.[6]

Intelectuales progresistas, que fueron simpatizantes del marxismo en algunos aspectos, como Manuel Pedro González, mostraban desde la década del cuarenta gran preocupación por esta postura del Partido Comunista al considerarla como “(…) fanatismo cerrado o jesuitismo al revés cuando de la obra de arte se trata (…)”.[7]

Las actitudes que caracterizaron al Partido Comunista en el período republicano han sorprendido en fechas recientes a intelectuales cubanos, lo que resulta paradójico dada la abierta propaganda que hacían los comunistas de sus ideas culturales en aquella etapa a través de diversas plataformas mediáticas. Ambrosio Fornet considera al respecto: “Nosotros ni sospechábamos siquiera que la herencia del marxismo escolástico fuera tan fuerte en nuestro medio, o al menos entre algunos intelectuales procedentes del Partido Socialista Popular”;[8]por su parte, el cineasta Alfredo Guevara, en un intercambio con estudiantes y profesores del Instituto Superior de Arte en el año 2010, explicaba: “(…) Era un partido pequeño, con un trabajo bien hecho con los intelectuales. Nunca apareció para entonces el realismo socialista ni nada empobrecedor”.[9]

Como puede comprobarse, la indagación en el campo cultural republicano nos permite ahondar en las raíces de los procesos que cultural e históricamente explican nuestro presente, a veces confundidos y mistificados. Sea esta una motivación a los jóvenes investigadores.

[1]Carta a Juan Marinello, 12 de marzo de 1955. Fondo Manuscrito Juan Marinello, no. 632, Sala Cubana, Biblioteca Nacional “José Martí”.

[2] Carta a Juan Marinello, 10 de diciembre de 1955. Fondo Manuscrito Juan Marinello, no. 633, Sala Cubana, Biblioteca Nacional “José Martí”.

[3] “Carta de Mirta Aguirre a José Antonio Portuondo”, octubre de 1945. [Véase Cira Romero y Marcia Castillo (selección y prólogo): Cuestiones Privadas. Correspondencia a José Antonio Portuondo (1932-1986), Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2002, p. 175].

[4] Ídem.

[5] Mirta Aguirre: “Concepto de la Poesía”, en: Noticias de Hoy, 30 de agosto, 1945, p.6.

[6] Emma Pérez: “Un precioso libro valioso. Conferencias y discursos de Stalin”, Noticias de Hoy, 1939.

[7] Carta de Manuel Pedro González a José Antonio Portuondo, 6 de abril de 1947, Op. Cit. Cit., P. 210.

[8] Ambrosio Fornet: Narrar la Nación, Editorial Letras Cubanas, 2009, p. 385.

[9] Alfredo Guevara: Dialogar, dialogar (Escuchar, enseñar, afirmar, aprender), Ediciones Nuevo Cine Latinoamericano, La Habana, 2013, p. 89.

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