CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

EL CENTRO PABLO Y LA ACADEMIA DE LA LENGUA

Por: Leonardo Depestre

25 de Octubre de 2017

Se habla un buen español en el Centro Pablo. Se lo aseguro. Las mujeres y hombres (compañeras y compañeros, damas y caballeros, señoras y señores, según prefiera) que allí laboramos no martillamos el idioma. Ni rebuscamientos y pedanterías, ni chabacanería y vulgaridad. Eso sí, hablamos allí con salpicaduras de cubanismos  y hasta algún asere (amistoso y jaranero) incorporamos entre quienes ya somos prácticamente hermanos.

 

Pero hay bastante más. Y ahí se cuentan nuestras contribuciones al idioma, que comenzaron por ser localismos de intramuros para extenderse ahora a extramuros. Un ejemplo, la voz  pabliano, aplicable a cuantos nos adentramos, en cualesquiera de sus vertientes (como lectores, investigadores, admiradores…) en la vida y la obra de Pablo de la Torriente Brau.  El término tiene tal alcance que de España, donde Pablo cayó, y de Puerto Rico, donde nació, nos llegan correos de amigos que se declaran pablianos, es decir, seguidores de su ejemplo.

 

Otro neologismo más: centropablianos, que somos todos los que en el Centro Pablo laboramos y todos cuantos lo quieran ser dondequiera que estén y lo prueben consecuentemente. También esta voz ya llegó extramuros, porque el vedadense, cubano y universal intelectual que es Roberto Fernández Retamar ya la ha hecho suya.

 

Y como vamos por dos, seguimos. Quienes siguen nuestros conciertos A guitarra limpia ya conocen estas palabras, devenidas pública contraseña entre los concurrentes: “Todas las tendencias y todas las generaciones de la Nueva Trova”, o esta otra, que identifica nuestros salones de arte digital: “Una apuesta a favor de la imaginación y la belleza”.

 

Súmase una expresión que a quien redacta le gusta mucho en su atrevimiento un tanto transgresor de la lógica: “seguir siguiendo”, a la cual no hay que buscarle las cuatro patas gramaticales sino sencillamente tomarla por su sentido: insistir, seguir adelante, no cejar en el empeño.

 

Esperamos que nuestros amigos de la Academia Cubana de la Lengua algún día den su espaldarazo a estas voces y la que limpia, fija y da esplendor no se escandalice con ellas. Entretanto, solo nos resta seguir siguiendo.

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