CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

EL PERIODISTA PABLO Y EL PINTOR GATTORNO

Por: Leonardo Depestre

26 de Septiembre de 2019

Leonardo Depestre Catony

Aunque injusta e inexplicablemente olvidado, de Antonio Gattorno se afirma que fue el primer artista plástico cubano de su generación en alcanzar renombre internacional. Pero ocurre también que algunos le reprochan, a partir de establecerse en Norteamérica, su posterior desvinculación de los temas patrimoniales de la cultura  cubana para enfocarse hacia el surrealismo, con el subsiguiente abandono del liderazgo artístico que un día ostentó en la Isla.

No podemos precisar cuándo se conocieron Pablo de la Torriente y Antonio Gattorno, pero sí afirmar que entre ellos surgió una amistad sustentada en la admiración recíproca. Y sucedió entre ellos algo digamos que extraordinario: Pablo ganó póstumamente el importantísimo premio periodístico Justo de Lara con su trabajo titulado “Guajiros en Nueva York”, publicado en la revista Bohemia en su edición del 21 de junio de 1936. El texto  es una crónica en que Pablo utiliza los recursos de la crítica de arte enfocados hacia la denuncia social: la vida miserable del campesino cubano que tan bien reflejan los óleos de Gattorno expuestos en una galería de Nueva York y que Pablo reseña:

…Para muchos, para casi todos los que vinieron a ver los cuadros de Gattorno, los rostros guajiros, imperturbables, amarillos, hambrientos, acusadores, han sido como una preocupación, una interrogación, un descubrimiento. Ya para muchos, allá en Cuba hay algo más que rumberos. Hay “guajiros”.

Pero lo más extraordinario de esa relación se completa al conocer que Gattorno es el autor de un óleo de Pablo en que supuestamente este posa a la manera como lo hiciera Julio Antonio Mella para la famosa fotografía de Tina Modotti. El cuadro está realizado después de la caída de Pablo en Majadahonda y es uno de los más sentidos homenajes al héroe.

La correspondencia cruzada entre Pablo y Gattorno revela confluencias artísticas e ideológicas, así como los amigos en común que ambos tienen dentro del ámbito de la crítica y la literatura.

Nacido en La Habana en marzo de 1904, con 15 años y estando en el tercer curso de pintura de la Academia  Nacional de San Alejandro, Gattorno obtuvo una beca para estudiar en Europa, donde permaneció varios años, moviéndose por más de una de las grandes capitales de la pintura en el Viejo Continente, visitando museos, copiando a los clásicos, asimilando elementos formales a partir de los cuales no solo conforma su propio estilo sino que nutre su cultura con conocimientos de la universalidad.

Regresa en 1927 para establecerse en el habanero barrio de Pogolotti y pinta temas que recrean el ambiente rural y también retratos. Son temas tradicionales plasmados de una manera no tradicional, como suelen hacer los miembros de la llamada “vanguardia”, donde él se incluye junto a Víctor Manuel, Amelia Peláez y unos cuantos ilustres más. Gattorno también se vincula al Grupo Minorista, nucleado en torno a Rubén Martínez Villena, de quien dibuja una plumilla.

Este período cubano de Gattorno es productivo para él. Exhibe en la Sociedad Lyceum, presenta obras en el Salón Nacional de Pintura y Escultura, donde alcanza premio; en 1935 publica un libro monográfico con sus trabajos más importantes en técnicas diversas, que incluye textos críticos de Ernest Hemingway, John Dos Passos, Alejo Carpentier…

Después empaca lienzos y pinceles, y embarca hacia Estados Unidos, donde da a conocer sus “Guajiros en Nueva York”:

Taburete y bohío; cielo y tierra, caña y chivos; auras y pencos; hombres y hambres… Cuba campesina…Eso es lo que trajo Gattorno a Nueva York… Y los guajiros, que han aguantado tanta hambre, también han soportado el frío. Muchos de ellos se quedaran aquí para siempre. ¿A qué volver?

Antonio Gattorno visitó Cuba por última vez en 1959, ocasión en que entregó al Gobierno Revolucionario la finca perteneciente a sus padres. El hoy día casi desconocido y desdibujado artista murió en su hogar de Massachussets el 5 de abril de 1980, a los 76 años.

Por fortuna, quedan sus lienzos, su retrato de Pablo y los “Guajiros en Nueva York”.

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