El Plátano, fotógrafo de la trova

Por: Centro Pablo

10 de Enero de 2018

 

Este año se cumple el décimo aniversario del fallecimiento de este artista muy querido y admirado por los trovadores de todas las generaciones

Autor: Michel Hernández | michel@granma.cu

9 de enero de 2018 22:01:32
El Plátano en acción. Foto: Alain Gutiérrez

Si uno habla el nombre de Luis Hernández en el mundo de la trova cubana, casi nadie lo reconoce, pero si habla de El Plátano , así, a secas, todos descubiertos al infatigable fotógrafo que durante más de cuatro décadas inmortalizó los rostros más célebres de la canción y los jóvenes trovadores que comenzaban un defensor la herencia de esta manifestación cultural.

Este año se cumple el décimo aniversario del fallecimiento de este artista muy querido y admirado por trovadores de todas las generaciones, que convirtió su voluntad de dejar testimonio de la trova cubana en su razón de ser. De ahí que cuando nos abandonó definitivamente muchos juglares lo acompañaron hasta la necrópolis de Colón para despedirlo, no podía ser de otra manera, con canciones y poemas cuyo significado él podía entender como nadie. El Plátano estuvo en los mismos inicios del movimiento de La Nueva Trova, dio fe de sus momentos cardinales  y retrató a Silvio, Pablo y Noel Nicola, entre otros tantos jóvenes trovadores que llegaban, en esa época, con unas ganas indomables de cambiar el mundo.

Ahí están, por ejemplo, sus fotos de los conciertos que ofrecieron los iniciadores de la Nueva Trova en Casa de las Américas y en otros espacios en los que se refugiaban estos músicos destinados, por diversos motivos, a la trascendencia.

El momento iniciático había quedado atrás, pero el joven fotógrafo se afianzaba en una laboriosa trayectoria y se convirtió en otro de los protagonistas de esta escena en el país. Tanto que un concierto de la trova no estaba completo si él no estaba por ahí, tirado en el suelo o en algún rincón con su vieja cámara Zenit, congelando aquel instante cercano de comunión entre el trovador y el público, entre el trovador y su conciencia, entre el trovador y el verdadero sentimiento de un país.

El Plátano nunca alcanzó un alcalde escalando el reconocimiento que merecía, pero sí contó con el aprecio de los juglares y el apoyo de las instituciones como el Centro Pablo de la Torriente Brau, un sitio que se convirtió en una segunda forma. Allí inauguró exposiciones, le dedicaron homenajes, canciones, y sí que realmente igual entrega y compromiso que valido la pena.

De su vida y su espíritu, bohemio y trasnochador, los trovadores que lo conocieron guardan sus propias anécdotas, pero las nuevas generaciones que tienen un fondo y descubrir la verdad que encierra la tropa por sí mismos y para ello, deben saberlo, siempre disponible de esa antología fotográfica con la que El Plátano contó su historia y la historia íntima de un país.

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