CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

EL PREMIO PABLO Y CHOCO

Por: Centro Pablo

22 de Diciembre de 2021

Jorge R. Bermúdez

Ensayista, poeta e historiador del arte.

En la tarde decembrista del pasado viernes diecisiete, tuvo lugar la actividad cultural por el aniversario veinticinco de la creación del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, de La Habana Vieja. El Centro Pablo, como todos lo llaman, debido a la largueza de los ilustres apellidos del periodista y revolucionario internacionalista cubano-puertorriqueño que le da nombre, ha tenido un rol destacable en la cultura musical y visual contemporánea del país. Desde sus inicios  a horcajadas entre dos siglos, le dio asiento a los integrantes de la trova (la tradicional, la nueva y la actual), demostrando su continuidad en la sensibilidad sonora de nuestro pueblo. Asimismo, con igual espíritu aperturista e histórico, acogió a los artistas plásticos y gráficos que, por entonces, asumieron el denominado arte digital, creando el Primer Salón relacionado con esta manifestación artística propia de nuestros tiempos. Tampoco le faltó su apoyo a una nueva generación de cartelistas, en un momento en que este medio de comunicación visual ya no tenía el mismo protagonismo de años atrás, cuando fue privilegiado por los organismos de la propaganda estatal. Ediciones La Memoria, también ha tenido entre sus objetivos publicar libros y catálogos de autores reconocidos y noveles, con el interés manifiesto de rescatar contenidos literarios inéditos o insuficientemente divulgados de la ensayística, el testimonio y la historia del arte, a la par de la obra periodística de Pablo.  En resumen, este breve informe solo tiene un propósito: demostrar que el Centro Pablo tiene sobradas razones para conmemorar y festejar este cuarto de siglo de existencia, al reabrir sus puertas luego de casi dos años de pandemia global.

En contexto tan optimista como propicio, la actividad cultural tuvo tres momentos centrales: las emotivas palabras de presentación del director del Centro Pablo, el documentalista y poeta, Víctor Casus; la entrega del Premio Pablo al grabador-pintor Eduardo Roca (Choco), y la entrevista presencial que al premiado le hiciera la periodista e investigadora Estrella Díaz. En cuanto al premio en sí, este se expresó en un mosaico del artista Sosa Bravo, en cuyo reverso escribió: “Por sus orígenes, que son los nuestros; por su color, que son todos los colores; por su compleja sencillez, por su solidaridad y sonrisa”.  A no dudar, la obra de Choco ya es parte de una ilustre tradición en nuestra cultura, en la que plástica y gráfica se concilian y hasta funden en las poéticas visuales de no pocos de nuestros más representativos artistas, como Eduardo Abela, Adigio Benítez, Raúl Martínez, Arístides Hernández (Ares) y Reynerio Tamayo, entre otros.

En prueba del habitual acompañamiento de Choco al Centro Pablo desde sus inicios en el ya distante 1997, en esta ocasión se expuso una muestra representativa de sus calografías, entre las que destaca la titulada El tres, en razón de su origen campesino –santiaguero, por más señas– y la importancia que este instrumento musical ha tenido –y tiene– tanto para la cultura sonora nacional como para la que distingue al citado recinto pabliano de Muralla 63. A propósito, si para el poeta chileno Pablo Neruda, la lengua que hablamos es la mayor herencia que nos legó España, me parece oportuno apuntar, que le sigue la guitarra en sus más diversas variantes regionales y nacionales. En buena hora Choco…, aunque nunca te he visto tocar el tres, vale tu propuesta. ¡Hasta la Gráfica Siempre!

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