CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

EL RECUERDO MÁS DULCE DEL 2016 PARA EL CENTRO PABLO

Por: Karla Esquivel Báez

11 de Enero de 2017

El 2016 fue un año lleno de júbilo y celebraciones para el Centro Pablo de la Torriente Brau, que ha llegado, ya con una obra sostenida, a sus 20 años de creado. Salvaguarda del arte, del talento joven y de la memoria histórica, demostrando que no se trata de conceptos contrapuestos, el Centro Pablo se ha multiplicadoen una serie de proyectos y espacios que han dejado huella en cientos de artistas y, de manera general, en diversos sectores de la población cubana.

 

Como colofón de un año  fructífero, plagado de felicitaciones y homenajes, recordamos el espacio Canto de todos  que tuvo lugar el mes pasado en la Casa del Alba Cultural y bajo la dirección de Vicente Feliú. Allí, durante toda la tarde noche del 14 de diciembre, coincidieron poetas y trovadores que, desde su arte, quisieron regalan su más emotivo homenaje a esta institución veinteañera que tanto les marcó, con su patio de las yagrumas, con su sala de exposiciones y, sobre todo, con su gente.

A propósito de esa noche de Canto de todosquisimos rescatar y compartir las palabras de Vicente Feliú, Waldo Leyva y Víctor Casaus.

Waldo Leyva, director de la Casa del Alba Cultural, institución hermana de nuestro Centro, sostuvo:

 

Buenas tardes, cuando hace unos minutos apenas me pidió Vicente que diera la bienvenida y diera las palabras iniciales para el concierto de esta noche, de pronto me vinieron algunas imágenes. Recordé como hace poco más de 20 años quizás, un día nos invitó Eusebio Leal a Abel prieto y a mí para que viéramos un local donde iba a estar la Casa de la Poesía y otras instituciones, decía él. Cuando fuimos allí era una ruina, una ruina en el más amplio sentido: llena de basura, debajo de unas yagrumas que todavía están allí. Y de pronto Eusebio, con esa capacidad de soñar que tiene, nos decía: “aquí, debajo de estas yagrumas, cantarán los trovadores, vendrán los poetas, dirán sus poemas, se llenará esto de gente joven con ilusiones, con alegrías…- Y recuerdo que Abel con su manera de ser dijo:- ¿En el basurero este, Eusebio?-. –El basurero desaparecerá y vendrá lo que tiene que venir-. Y efectivamente así fue, poco tiempo después aquel sitio fue un sitio acogedor, donde está la Casa de la Poesía y, por supuesto, el Centro Pablo. 20 años, que como decía ahora mismo Víctor, se equivocó Gardel y todos los que lo dijeron, pero 20 años Sí son muchos años, y si se pueden hacer muchas cosas; y de hecho se hicieron: en el Centro Pablo, en el país, en el mundo. Unas hacia adelante, otras en retroceso. Pero así es la historia, así es el decursar de la historia y el decursar de la gente.

 

Este es un concierto que Vicente pensó para homenajear estos 20 años del Centro Pablo, para seguir de alguna manera con Fidel. Y pensaba yo lo siguiente, lo hermoso de la historia de nuestro país, que en algún momento Fidel dijo, pensando en nuestros libertadores: “nosotros ayer hubiéramos sido como ellos, ellos hoy fueran como nosotros”.  Y yo pensaba en la sucesión de generaciones que han venido: está la de Céspedes, la de Maceo, Martí, Agramonte; y después vino la de Pablo, Villena, toda esa pléyade de jóvenes que soñaron con la revolución, con la independencia, con salirnos de la influencia y de las garras del imperialismo, y que dieron, la mayoría de ellos, su vida por ese ideal. Y pensaba en ellos, en los nombres que uno reconoce, que la historia recoge; pero también pensaba en las decenas de hombres y mujeres jóvenes que estuvieron con ellos, que los siguieron, que murieron con ellos, y que tal vez nunca sepamos sus nombres; porque sin ellos, estos otros tampoco hubieran sido nada. Así es la historia de estos años 30, después vino la Generación de Fidel, de Camilo, del Che; después vino la Guerra de Angola, ahora es la lucha de las batas blancas y mañana vendrá otra cosa; porque así es el decursar de la historia, así hemos sido y así seguiremos siendo.

 

Yo creo que es simbólico que hoy estemos aquí homenajeando a Pablo, al Centro Pablo, al trabajo magnifico que han hecho Víctor y su equipo, que además han dejado ya una obra significativa que está ahí y que, por supuesto, cuando ni Víctor ni yo estemos, seguirá el Centro y seguirán los trovadores cantándole a la poesía, a la patria, a la Revolución. Y yo quería, como un homenaje también a alguien que fue un poeta, fue un revolucionario, murió demasiado joven (a principios de la Revolución), Rolando Escardó. Yo quería leer un poema que escribí y así termino para dejarles paso a los trovadores. Un poema que se llama “Poema por Escardó”:

 

Pero vino la muerte, la última caverna

Y te fuiste con tu esqueleto a alimentar las piedras de la isla

Rolando Tomás Escardó: yo llegué a la poesía después del manotazo de tu muerte

Cuando la Revolución se me instaló en el pecho como un corazón lleno de pájaros furiosos

Entonces, tu nombre era un mito

 Y tu pecho una plaza donde el hambre dejó abandonada una gorra, una huella amarilla: Sus últimos harapos

Rolando Tomás Escardó: yo llegué a la poesía después que reventaran las piedras de la Isla

Cuando el amor era una lluvia violenta y tus huesos un sonido de semilla bajo tierra

Por eso yo no tengo tuyo ni un manojo de conchas

Ni una carta, ni la nostalgia de una conversación rota en la noche

Yo solo guardo en el hueco del pecho tu cara de triste comediante y el angustiado oído de tus versos

Rolando: voy a desenterrar  tu corazón, tu enorme corazón

Para llenarlo de piedrecitas blancas, de campanas pequeñas

Voy a soplarte un poco el esqueleto para verte entrar de nuevo a la ciudad

Dando gritos, llenando de poesía las paredes, los parques, las ventanas

Como si el hambre fuera un poeta desesperado y la ciudad un pedazo de pan inalcanzable

Rolando Tomás Escardó: hoy me he asomado al fondo de los ojos de tu madre

Y he comprendido que la muerte fue solo un pretexto para romper la jaula del pájaro de tu corazón

Respira en todas partes.

 

Por otra parte, Vicente Feliú, principal artífice intelectual de este homenaje y creador del proyecto para la canción iberoamericana Canto de todos, rememoró:

 

Otro poquito de historia aparte de la que hizo Waldo: el Centro arrancó convocando una canción para Pablo de la Torriente Brau. En 1975 yo había compuesto una, a solicitud de unos amigos de la televisión universitaria, que se llama así “Pablo”. Se hizo un primerísimo concierto centropabliano en el Teatro Nacional. A partir de ese momento el Centro Pablo fue, además de la memoria de este internacionalista como pocos –puertorriqueño, cubano, español y del mundo-, la memoria también de la generación de Pablo. De la generación gloriosa, como decía Waldo, de Mella, Villena, Roa y una pléyade de revolucionarios, intelectuales, guerreros extraordinarios. Pero también fue una cuna para un momento donde los trovadores no tenían donde cobijarse. El Centro Pablo fue esa otra casa de las Américas quizá. Y varias generaciones de las posteriores a la mía encontraron cuna y abrigo en ese patio de las yagrumas. Eso hubiera sido imposible si no hubiera habido un poeta al frente, no hay manera. Un poeta que, como buen poeta, fue un  trovador que perdió la guitarra en el camino, él es Víctor Casaus; y una guerrera extraordinaria también, de muchas maneras internacionalista, que es María Santucho.

 

Aquel patio de las yagrumas cobijó ya a los trovadores que más se conocían y hubo tres jóvenes que fundaron una especie de A guitarra limpiadentro del Centro que era para los más jóvenes todavía, los que eran mucho menos conocidos, incluso algunos que no tenían obra suficiente como para llegar a hacer un concierto solo en el patio de las yagrumas. Este espacio, en la parte de arriba del Centro Pablo, se llamó Puntal Alto.

Víctor Casaus, sin poder ocultar la emoción, regaló estas palabras:

Queridas amigas, queridos amigos: ¿Habrá algo más hermoso que los hermanos y las hermanas hablen así de lo que tantos y tantos creadores han hecho en el Centro Pablo? Diseñadores gráficos, trovadores, artistas plásticos y digitales, memoriosos, como llamamos a esa gente militante y enfebrecida en la búsqueda del pasado que nos explica el presente y nos ayuda a entender el futuro. ¿Habrá algo más hermoso que escuchar a Vicente, escuchar a Waldo, escuchar a los trovadores y las trovadoras que han estado y pasarán por aquí? No. No hay nada igual para alguien como este que ahora les habla. Y por eso les agradezco mucho a los que lo hablaron, a los que lo pensaron, a los que lo están escuchando tan generosamente en la tarde noche de hoy; que se dediquen estos minutos a la labor que varias generaciones de creadores cubanos han hecho en ese patio de las yagrumas, y en esa sala Majadahonda, que es como se llama la sala de exposiciones del Centro, ese sitio donde Pablo cayó hace 80 años, y es una de las cosas que Vicente y este espacio, y también esta Casa, estamos recordando hoy. 80 años de que aquel hombre nacido en Puerto Rico, que había pasado por cárceles, exilios, que en sus 35 años había creado una obra periodística y testimonial extraordinaria, todavía (pienso yo) no superada en el ámbito de nuestro continente.  Presidio Modelo de Pablo es el libro de testimonios del cual nacieron, por ejemplo, después, el gran testimonio argentino de Rodolfo Walsh, la obra de Galeano y nació el propio testimonio cubano ya como género en los años 60, en distintos autores, entre los cuales me alegra contarme, aprendiendo tanto de él, porque hemos aprendido mucho de Pablo en estos años.

 

En el Centro Pablo hemos podido dar y hemos querido dar generosamente esas ayudas de las que hablaba Vicente y Waldo, pero hemos recibido mucho más que eso: hemos recibido el amor de varias generaciones de cubanas y cubanos, público e intérpretes: gente que va allí a cantar y gente que va allí a escuchar. Un trovador, ya no importa su nombre, resumió eso en unas palabras que pudieran ser uno de los lemas de estos 20 años. Él decía que generalmente a los lugares uno llega, canta y se va; en este lugar, en ese patio de las yagrumas (decía él y nosotros creemos que es verdad) uno llega, canta y se queda. Como se quedaron allí y como en ese aire seguirán vibrando esas canciones durante mucho tiempo. Eso que Waldo comentaba cuando Eusebio vio en aquellas ruinas una maravilla posible: es la alegría mayor que yo tengo en este momento y que comparto con María y con ustedes. Gracias

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